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Que diciembres aquellos…

Publicado: Domingo, 24 de diciembre de 2017  |  1:08 am
Domitila de los Ángeles de la Misericordia Rivera Jaramillo

Eran otros tiempos, cada familia en la cuadra hacía dulces, natilla y buñuelos, y el 24, un día como hoy, nos veíamos todos en la cuadra del barrio intercambiando platos con los más exquisitos dulces. La novena del Niño Dios la hacíamos en cada casa dada día y hacían un compartir.

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Hoy es uno esos días más importantes del año, nada más que 24 de diciembre… y la verdad me da nostalgia de esos años maravillosos cuando existía el respeto por las costumbres sanas y la decencia…

Yo por ejemplo me siento muy paisa, nací y me crie hasta los 14 años en Supía Caldas y a esa edad mis viejos me trajeron a vivir a Cartago en donde me terminé de criar, aquí conseguí mis novios y me casé, tuve mis hijos y mis nietos y por eso adoro a esta ciudad y la llevo en el alma, claro sin olvidar a mi Supía que la llevo guardada en mi corazón.

Eran otros tiempos, cada familia en la cuadra hacía dulces, natilla y buñuelos, y el 24, un día como hoy, nos veíamos todos en la cuadra del barrio intercambiando platos con los más exquisitos dulces. La novena del Niño Dios la hacíamos en cada casa dada día y hacían un compartir…

Se escuchaba a todo pulmón la música parrandera decente de los hermanos José, Joaquín y Agustín Bedoya, no faltaban nunca las inolvidables canciones de Guillermo Buitrago, como “Dame tu mujer José” “Ya no llores Claudia”, “La araña picua” “El Grito Vagabundo”, escuchar a Néstor Savarce con “Faltan cinco pa’ las doce”, a los corraleros del majagual con el “Pájaro amarillo” … a Jhon Mario Londoño con “Navidad sin ella” Policarpo calle con “Mi canoíta” o al loco Gustavo Quintero cuando tenía 14 añitos y cantaba con los Teen  Agers “La cinta verde”….

Ahora la música emborracha, apesta y me perdonan las nuevas generaciones, y empezó a degenerarse cuando le colocaron el doble sentido a esas canciones de parranda. Peor aún, en plena nochebuena lo que se escucha es música del despecho… que contradicción.

Allá, en el barrio Antonio Nariño, frente al parque del barrio Mariscal Robledo, había una caseta comunal y don Alonso, que mis palabras no lo ofendan porque ya murió,  colocaba toda esa música a través de un parlante que se escuchaba diez cuadras a la redonda, colocaban complacencias, “Para Fulana de tal del que tú ya sabes” o “… de parte de un amigo” y anunciaban venta de empanadas con cremallera…

Ya las navidades no son las mismas, antes los hombres salían a bailar con ponchos de colores enredados en la cintura y sombrero de cartón de colores vivos y con letreros que decían “Soy soltero… sígame”  o “Ya voy Toño”, las mujeres decentes podían entrar a bailar a cualquier parte y todo se veía normal, ahora no, todo es diferente…

Ahora no solo polulan los accidentes de tránsito como el que hubo el miércoles pasado en la noche, donde un taxista irresponsable se estrelló contra un carro que estaba estacionado en la carrera quinta con 17 y casi deja de luto toda una familia… ya la ciudad un 24 de diciembre a las 12 de la noche esta desierta… no hay un alma…

Yo mejor me voy para Supía a la finca de mi hermana, allá me tomo mis guaros, me pego la bailotiada con la música que me gusta, de pronto salgo al pueblo y me echo al pico a un guapérrimo que me gusta mucho y que tengo en remojo, y revivo otra vez aquellos diciembres que ya no vuelven…

Domitila de los Ángeles de la Misericordia Rivera Jaramillo

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.