Miércoles, 18 de julio de 2018
Temas de hoy
  • Investigación
  • Amenazas
  • Turismo
  • Protección del medio ambiente
  • Ancianato


Apoyo irresponsable

Publicado: Domingo, 28 de enero de 2018  |  12:47 am
Gustavo Duncan

Abundan los hijos, familiares y parientes calavera, sin ningún mérito conocido, en los cargos públicos. El costo de tanta corrupción e irresponsabilidad va más allá de un Estado mediocre en sus funciones y servicios que debe prestar.

Comparte

Hace rato que el régimen venezolano desnudó su verdadera cara. Su esencia es un autoritarismo basado en las fuerzas militares que permite a quienes pertenecen a la camarilla del poder hacerse a tajadas impresionantes del presupuesto público sin ningún tipo de control, ni de pudor, pues la exhibición en las redes sociales de su derroche no deja lugar a dudas.

Se trata también de un régimen con capacidad nula de administración pública, en que el ideal comunista es un pretexto para monopolizar con la más absoluta arbitrariedad las agencias del Estado y despojar al sector privado de su riqueza. 

Semejante expropiación se realiza en medio de un vulgar nepotismo. Abundan los hijos, familiares y parientes calavera, sin ningún mérito conocido, en los cargos públicos. El costo de tanta corrupción e irresponsabilidad va más allá de un Estado mediocre en sus funciones y servicios que debe prestar. Es el hambre, la falta de medicina, los refugiados, la criminalidad disparada, etc., pese a una bonanza petrolera.

Ante un régimen así, que viola sus propios principios constitucionales para complacer cualquier capricho de Maduro, Diosdado Cabello o Padrino López, está más que justificada la rebelión y la desobediencia por parte de la sociedad. Tumbar el régimen es un imperativo por el bien de una nación. No es que haya que tumbar un mal gobierno, es que está en juego la propia subsistencia de la gente.

En una situación como esa es apenas normal que surjan intentos violentos de rebelión, aun al interior de las propias instituciones del Estado. Se había demorado mucho para que surgiera una figura como Óscar Pérez, un exmiembro de la Policía quien desafió al régimen por las armas en apariciones espectaculares. Su asesinato y el de su grupo fue sin duda un ajusticiamiento extrajudicial a un grupo de combatientes que ya se habían rendido. El régimen quería lanzar un mensaje contundente a potenciales rebeldes.

La acción temeraria de Pérez y su ejecución extrajudicial pueden generar simpatías pero en las condiciones actuales no hay manera de tumbar el régimen de Maduro por las armas. En ese terreno, por el apoyo de las fuerzas militares y de la guardia nacional, el chavismo tiene la mayor ventaja. Les harían un favor desafiándolos en el campo de las armas.

La situación de injusticia no puede llevar al apoyo irresponsable de causas aventureras que a lo único que conducen es a una justificación de la represión, a la producción de víctimas innecesarias y a un mayor deterioro de las condiciones de vida de los venezolanos del común. El proyecto insurgente de Pérez a lo que iba a conducir era a eso, al tiempo que no tenía la más mínima probabilidad de éxito. Afortunadamente su aventura no tomó suficiente vuelo para que las fuerzas de seguridad del chavismo tuvieran que reprimir a la población para neutralizar la insubordinación. Bastó matar a los directos responsables.

A través de la resistencia pacífica tampoco va a ser fácil salir de un régimen que se juega en su perpetuación la supervivencia de sus líderes. Pero es la única alternativa viable. Hay mucho margen de acción. La oposición puede, por ejemplo, llamar a una manifestación el día de las próximas presidenciales que reúna a todos los que votarían en contra de Maduro y que se abstienen porque no confían en el CNE.

Si reúnen a varios millones demostrarían al mundo que se robaron las elecciones.

Gustavo Duncan | El País.com.co

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

Anuncio
Anuncio