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La aritmética de Fajardo

Publicado: Domingo, 01 de abril de 2018  |  12:40 am
Gustavo Duncan

La caída en la intención de voto de Fajardo, junto a los resultados de la consulta del 11 de marzo, en que quedó claro que a Petro sólo no le alcanza para derrotar a Duque, ha llevado a muchos sectores en la izquierda a la búsqueda de una eventual alianza para enfrentar a la derecha en la primera vuelta

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La caída en la intención de voto de Fajardo, junto a los resultados de la consulta del 11 de marzo, en que quedó claro que a Petro sólo no le alcanza para derrotar a Duque, ha llevado a muchos sectores en la izquierda a la búsqueda de una eventual alianza para enfrentar a la derecha en la primera vuelta. En teoría, es una propuesta apenas lógica. En la práctica, es difícil de materializarse y muy probablemente puede llegar a ser improductiva en términos electorales.

De acuerdo a las preferencias actuales la alianza debería girar en torno al liderazgo de Petro. Su megalomanía no le permitiría ir a una primera vuelta en una posición que no sea la de candidato de la alianza. Y sería lo justo, al día de hoy es quien mantiene los márgenes de favorabilidad superiores en las encuestas y los resultados de la consulta del 11 de marzo lo muestran como el candidato más fuerte en la izquierda.

Pero aun suponiendo que los otros candidatos reconocieran su posición como líder en las preferencias de la alianza, hay razones ideológicas que impiden una unión en esos términos. Fajardo y De la Calle son candidatos más de centro que de izquierda que están en desacuerdo tanto en la visión de gobierno de Petro, orientada hacia la estatización de la economía, como en su forma de hacer política que gira en torno a la polarización con el uribismo como antagonista.

En particular, la propuesta política de Fajardo es casi que diametralmente opuesta a la de Petro. Si algo reclama Fajardo es la necesidad de superar la polarización que se ha apoderado de la vida política del país. Podría decirse que la reconciliación en Colombia no pasa por la aceptación de las Farc en la política legal y en la vida cotidiana, así como la del resto de victimarios que dejó el conflicto, sino en que izquierda y derecha pasen la página y reconozcan a sus opuestos como adversarios legítimos que no deben ser barridos de la competencia política luego de que ganen las elecciones.

Eso es precisamente lo que ofrece Fajardo: la posibilidad que el país pase la página de los enfrentamientos violentos del pasado y que los distintos actores del espectro político se acepten como legítimos contendientes. Y para convencer al electorado su aritmética debe ser muy distinta a la de sumar los votos de sectores que al final de cuentas no le son afines y no representan su verdadero propósito político. En otras palabras, el asunto no es sumar a Petro, quien en justicia de los números debería ser la cabeza de la coalición, sino multiplicarse a sí mismo.

La multiplicación depende de convencer al país de la necesidad de pasar la página y de centrarse en problemas como la corrupción y el clientelismo que son los que mayor efecto tienen en el deterioro de las condiciones de vida de la población. Que no quiera polarizar no quiere decir que Fajardo no esté obligado a adoptar un tono fuerte para reclamar la necesidad de superar la polarización. La política consiste en la movilización de las emociones de la sociedad y es absolutamente legítimo encender las emociones en torno a la necesidad de evitar divisiones irreconciliables en la política nacional.

No es un capricho. La Farc es lo de menos hoy, sin las armas es una fuerza política irrelevante. Lo importante es reconciliar al uribismo y a la izquierda, y por qué no a las cortes enfrentadas a Uribe, dentro de las propias instituciones del Estado.

Gustavo Duncan | El País | @gusduncan

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.