Domingo, 18 de noviembre de 2018
Temas de hoy
  • Reparcheo de vías
  • Malla víal
  • Política
  • Gabinete presidencial
  • Competitividad


Aterrizados

Publicado: Domingo, 25 de febrero de 2018  |  12:40 am
Alejandro Samper

En medio del paro de pilotos de Avianca, a finales del año pasado, la empresa aeronáutica redujo de siete a tres la frecuencia de vuelos entre Bogotá y Manizales. “Y eso se va a quedar así, porque volar a allá (a Manizales) no es negocio”, me dijo una empleada de la empresa.

Comparte

En medio del paro de pilotos de Avianca, a finales del año pasado, la empresa aeronáutica redujo de siete a tres la frecuencia de vuelos entre Bogotá y Manizales. “Y eso se va a quedar así, porque volar a allá (a Manizales) no es negocio”, me dijo una empleada de la empresa, haciendo énfasis en que la medida temporal sería permanente.

A este recorte de rutas se suman las desconcertantes decisiones de última hora de esta aerolínea y que afectan a cientos de viajeros. Esta semana, el miércoles, el vuelo de Avianca 9826, que debía llegar a Manizales a las 7:00 de la mañana, se desvió hacia el aeropuerto Matecaña de Pereira. No aterrizó en La Nubia aduciendo neblina. Sin embargo, los vuelos de Easyfly sí cumplieron su itinerario y los funcionarios del aeropuerto no reportaron cierre de operaciones.

El clima, por lo general, es una excusa. El posible motivo del cambio de destino, según me explicó esa misma funcionaria de Avianca, es porque es más barato aterrizar en Pereira que en Manizales. Además, por allá se mueven más pasajeros.

Estas arbitrariedades dejan mal parada a nuestra ciudad en temas de competitividad. Muchos prefieren hacer sus reuniones o negocios en otros lados porque es una jartera viajar a Manizales. Por tierra - desde Bogotá o Medellín - es un extenuante parto de mula. Por aire es un albur que depende de las nubes, la lluvia, la ceniza volcánica, el brillo del sol de la tarde, el estado de ánimo del piloto o el hambre de los controladores aéreos. ¿Recuerdan que hace un par de años La Nubia tuvo que parar operaciones porque un operario se fue a desayunar?

Y es que nada de lo que se le hace a La Nubia parece servir. Hace cinco años se puso en funcionamiento el sistema de radioayuda VOR, que se instaló en Villa Kempis a un costo de $2 mil 658 millones, y cuya vida útil se calculó en unos 15 años. Dos años después, José Alcíbar Ospina Escudero, el entonces secretario general de Inficaldas, dijo en el Concejo que el aparato instalado para ayudar al aterrizaje de los aviones no era completamente útil pues si había un banco de niebla entre la Estación Uribe y el aeropuerto, “el VOR no funciona, porque el recorrido debe ser visual”.

Afrontémoslo, La Nubia es un aeropuerto agónico. Por la topografía que lo rodea, no es posible que crezca, salvo se hagan impresionantes y casi imposibles trabajos de ingeniería. La plata que se le mete no rinde frutos. LA PATRIA, basándose en datos de Inficaldas, reportó que nuestro aeródromo “perdió $778 millones en el 2017” (http://bit.ly/2FiunMv). Y cualquier inversión que se haga es para mantener su mínimo funcionamiento.

Dadas las circunstancias, Aerocafé - que puede parecer un embeleco, un elefante blanco y que cuenta con muchos detractores - debería ser una prioridad. Porque si no es este proyecto, ¿cuál entonces?

Dice Luz Estella Mesa Cardona, gerente de Inficaldas, que entre las soluciones para salvar financieramente al aeropuerto La Nubia está la llegada de otra aerolínea. Algo inviable ya que, cuando llegó Easyfly, la aerolínea ADA canceló operaciones porque no podían competir con precios. Eso significa que el mercado se satura con facilidad.

También señala la gerente que otra opción es que La Nubia sea autosostenible con la apertura y arriendo de más locales comerciales y salas VIP. Creo que los únicos negocios que allí pelecharían serían una sala de masajes y spa, para calmarle el estrés a los viajeros que vemos cómo nos cancelan y desvían los vuelos; y un salón de belleza para que nos arreglen las uñas que nos comemos por la tensión y organicen el pelo que nos arrancamos por las excusas culas de Avianca cuando los itinerarios no se cumplen. Finalmente habrá que oficializarla como lo que actualmente es: una terminal de buses con servicio al Matecaña de Pereira.

Tenemos un aeropuerto al que la principal aerolínea del país le puso la lápida encima. Un sitio de lamentos y angustias para los pasajeros. Un lugar que nos recuerda que Palestina y Aerocafé están tan cerca, pero tan lejos. Y si no nos aterrizamos y pellizcamos, Manizales tendrá el destino de esos pueblos a los que el progreso y las nuevas vías olvidaron.

Alejandro Samper | Diario La Patria

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

Anuncio
Anuncio