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De cales y… arenas

Publicado: Domingo, 23 de octubre de 2016  |  9:03 am
Gustavo García Vélez

Los antepasados decían que “unas son de cal y otras de arena”. El diccionario la define como “alternar cosas buenas con las malas”. Eso hago con este escrito, refiriéndoles a ustedes que sí tenemos una gusanera “ni la berraca”… pero también las defensas (que todavía no se han bajado del todo) que tienen que producir el alivio definitivo.

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Dicen los que saben de eso, que cuando a un caballo le dan gusanos hay que levantarle la enjalma, untarle específico así le arda y dejarlo al sol para que se cure de esa gusanera.

Nuestro Cartago es como un caballo de pura sangre, de excelente genética, que siempre ha demostrado su buen paso, no obstante que, en buena parte de su historia, le ha tocado trotar por caminos muy difíciles, que le han impedido exhibir toda su casta. Y la culpa también la tienen algunos de sus jinetes, unos torpes chalanes con malas mañas, que no han sabido manejar las riendas, porque nunca entendieron en qué ejemplar se montaron. Han creído que Cartago es cualquier “reque” barato, que solo necesita rayarle espuela para que siga por estos caminos de Dios.

Y en la semana que pasó, todo el país se enteró a través de los medios de comunicación (en los que ya se tienen que incluir lo que llaman “redes sociales”), con fotos incluidas, que Cartago continúa sufriendo de una gusanera que ya parece incurable, no obstante que esta última “infección” denunciada es de apenas tres centenares de milloncitos de pesos, cuando hace rato sabemos que ronda los miles y miles de millones.

Porque aquí desde años atrás se han denunciado reiteradamente (“La Hoja de Parra”, del abogado Raúl Parra Viveros, es la excepción al manto de silencio que lo comprueba) inexplicables -hasta ahora- “extravíos” de dineros públicos… y nada sucede, no hay sentencias condenatorias ni absolutorias, solo interminables procesos que duermen “el sueño de la injusticia” en los anaqueles de unos jueces que no parecen penales… sino venales.

Da tristeza que se hable de nuestra ciudad por esas cosas, pero hay que seguir levantando la enjalma cuando se requiera, porque de lo contrario la gusanera se nos come al caballo. Y pregunto: ¿cuándo enviamos un derecho de petición a la Fiscalía General de la Nación, para que nos informe -y a toda Colombia- en qué van las investigaciones penales contra todos los funcionarios públicos -y no solo los alcaldes-que en Cartago  le  metieron su mano siniestra al erario?

Pero, gracias a Dios (y a esa excelente genética de los cartagüeños) también tenemos muy buenas noticias, como esta: Federico Benítez González se acaba de ganar -y por la tercera ocasión- el premio “Simón Bolívar”, que es una presea del orden nacional que solamente le es concedida a los mejores periodistas de nuestro país.

Federico es hijo del cartagüeñísimo Daniel Alfonso Benítez Rebellón y de doña María Dila González Rodríguez, fallecida hace cuatro años y oriunda de Pereira. Y no solo recibió de su padre todos esos genes del Cartago Profundo, sino que le heredó también la vena de comunicador social, que Daniel ha ejercido prácticamente desde su adolescencia y no únicamente en nuestra ciudad, sino en varias de Colombia.

Con escasos 38 años y un hijo -Tomás, de 11- Federico obtuvo por la vez primera este premio cuando laboraba con el conocido “Pirri”, haciendo su pasantía por tres años luego de su grado como comunicador social con énfasis en televisión y con su entrevista a Garavito, el “célebre” violador y asesino de niños. Y en TeleAntioquia obtuvo su segundo primer premio con el tema “La Historia del tango en Medellín”. Ahora lo recibe en la tercera ocasión por la crónica sobre los inmigrantes cubanos en el tapón de “El Darién”, transmitida por el programa de televisión “Los Informantes”. Especializado en periodismo investigativo, que lo ha llevado a varios países de Europa y Suramérica, ama hasta el delirio su profesión, como su padre.

Vea pues. Nuestros antepasados decían que “unas son de cal y otras de arena”. El diccionario define a esta expresión como “alternar cosas buenas con las malas”. Eso hago con este escrito, refiriéndoles a ustedes que Cartago sí tiene una gusanera “ni la berraca”… pero también los desinfectantes, las defensas (que todavía no se le han bajado del todo) que deben, que tienen que producir el alivio definitivo. Que siguen existiendo luces en la poterna y guardianes de la heredad.

Y me pareció que el símil, la metáfora del caballo, es adecuada para describir nuestro estado actual. Ojalá que, más temprano que tarde, encontremos por fin al diestro jinete que reconozca y aprecie al ejemplar en que se montó, lo sepa conducir con mano firme pero amorosa, sin perder los estribos y mucho menos soltar el freno y, sobre todo… “sin llenarse las alforjas”. Así, el pura sangre que es Cartago, responderá en forma fiel a su casta y consecuente con su tradición.

Coletilla: excelente el propósito del cartagüeño Carlos H. Suárez -muy encaramado en Bogotá y amigo de altos heliotropos de allá- de contribuir con conferencias didácticas en nuestra ciudad, para que se entienda bien eso de “planeación regional”, que yo denominaría (para evitar confusiones con la provincial y la local) como “planeación intermunicipal”. El viernes pasado trajo a un español, con credenciales suficientes, para comenzar esta campaña. Hubo una concurrencia adecuada, pero que necesita multiplicarse en la próxima convocatoria, con más y mejor promoción del evento. Y, en lo posible, con conferencistas conocidos y reconocidos, porque… en la cara del santo se puede pedir el milagro. Gracias, Carlos H., por tu valioso aporte para que nuestro Norte sea lo que tiene que ser: el recipiente ejemplar para nuestra histórica vocación autonómica.

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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