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Caminando entre huevos

Publicado: Domingo, 30 de septiembre de 2018  |  10:21 am
Gustavo García Vélez

Un nuevo proyecto de reforma política propone elegir 70 senadores por circunscripciones regionales. Había sugerido varias veces en esta misma columna lo mismo, pero que todos lo sean por las Regiones que se creen, dejando que la Cámara de Representantes ostente la representación de las Provincias.

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Hay hechos en la historia que tratan de ser recordados -o copiados- sin que tengan relación con la época actual. Tal es el caso de los tales 100 días que se les conceden a los nuevos gobiernos y que recuerdan el lapso entre la abdicación de Napoleón Bonaparte al trono de Francia y su derrota definitiva -después de su regreso, en la batalla de Waterloo-, cuando fue desterrado a la isla de Santa Elena, en donde falleció... dicen que envenenado.

Y ya comienzan a sentirse pierna arriba ciertos intentos por regresar, aquí también, a la época de otro “napoleoncito”. Se les están viendo las orejas al lobo y las patas a la sota. Díganlo sino los proyectos de ley y hasta de reforma constitucional presentados por la senadora Paloma -más bien un halcón- Valencia, que huelen a un descarado y vergonzoso intento por entregarle en bandeja garantías a su patrón... “por lo que potes” (como diría la añorada Nelly Guzmán de Soto, una bugueña que vivió entre nosotros y que fue de las pocas mujeres de mostrar en Cartago. Porque hay otras... de esconder).

El objetivo es blindar a su mentor de los posibles llamamientos a responder por los actos de los que se le viene acusando, no solo en su ejercicio por ocho largos -larguísimos- años en la presidencia de la república, sino desde sus épocas como gobernador de Antioquia. Y, también, de garantizar su permanencia en la vida pública por secula seculorum, como es la pretensión del mico que le metieron al proyecto de ley contra la corrupción, en el sentido de que los tres períodos máximos de ejercicio como congresista... puedan reanudarse pasados otros cuatro años de vacaciones. Y ni siquiera se puso colorada, al lado de su ventrílocuo. Ni pálida... cuando después la desautorizó. “Eso lo podemos hacer después”, parece haber sido el mensaje entre líneas.

Y el senador Roy Barreras presentó un proyecto de reforma política, que contiene asuntos muy delicados, debate que debe hacerse “como caminando entre huevos” (pero no los tres que recomienda el ex presidente... conocido ya de autos), porque contemplan cosas sustanciales para nuestra democracia, cuales son la lista cerrada que debe presentar cada partido para elegir a sus congresistas y acabar así con los movimientos políticos de garaje, tan de moda después de la famosa operación avispa sugerida por López Michelsen, aplicada no solo por sus copartidarios y que acabó con la respetabilidad de los partidos.

Claro que llama la atención la objeción del senador Robledo, en el sentido de que esa lista cerrada encubriría los nombres de los indeseables que se cuelen entre las colectividades partidistas, porque los electores no tendrían mayor oportunidad -en el momento de votar- para saber si son todos los que están. Pero esto podría obviarse descargando las responsabilidades de esa escogencia en el director del partido o en el cabeza de la lista, con sanciones muy duras y efectivas, como por ejemplo, la pérdida de esa curul.

La financiación de las elecciones es otro tema bien, pero que bien delicado. Hoy a la gente honesta no le llama la atención el participar en una contienda electoral, porque ya se sabe que tendrían de entrada la gran desventaja de competir con fulanos financiados por poderosos grupos económicos... cuando no de la mafia. Es el Estado el que debe responder con dineros oficiales, proporcionales a cada partido, para acabar con esta mácula.

Pero la propuesta de Roy que más me llama la atención, es la de elegir al senado en su gran mayoría (70 curules) por circunscripciones regionales y no la nacional, como hasta ahora se ordena. En repetidas oportunidades, había sugerido en esta misma columna que todos los senadores lo sean por las Regiones que se creen, dejando que la Cámara de Representantes la conformen los electores de cada Provincia. Y habría que aprobar primero la creación obligatoria de esas Provincias en los departamentos que lo ameriten, no solo por su extensión geográfica, sino especialmente por su población, dejando que la Amazonia y la extrema Orinoquia -poco pobladas- vuelvan a tener el tratamiento diferencial que tuvieron antes de la reforma de 1991, como intendencias y comisarías... acabando así con el derroche en burocracia que hoy las agobia.

Otros asuntos en este proyecto son la edad mínima para votar y la participación de las mujeres en esas listas. Y aquí también debe de primar la sensatez y no la “culequera” de darles esa capacidad de decisión a niñitos que todavía no se han acabado de criar (ni siquiera de crecer físicamente); o de creer que las féminas merecen estar  allí por tener vagina... aunque a algunas les falten neuronas. El tal feminismo tiene que ser cuestión de cerebro, de respetar las capacidades sin importar el género -ya hay muchas mujeres que se han hecho ver-, no de otorgar derechos por el sexo que se tenga. Porque la cosa se enredaría aún más... en tratándose de las transexuales.

Tengo el pálpito de que el senador Barreras sabrá defender sus propuestas. Es uno de los mejores dialécticos que he conocido, desde su ya lejana candidatura a la gobernación de este departamento que acompañé y en cuyo programa de gobierno figuró la creación de Provincias al interior del Valle del Cauca, recogiendo nuestras ideas, como así lo expresó en sus intervenciones públicas. Después... no sé qué le pasó, porqué arrió esa bandera. 

Coletilla 1.- Dijo esta semana un reconocido especialista, rector de una de las más prestigiosas universidades colombianas, que “todos los jueces han aprendido derecho constitucional gracias a la tutela”, refiriéndose al intento de modificar esa conquista. En mi artículo de la semana pasada conté todas las peripecias de la tutela que interpuse para hacer respetar mi derecho a la respuesta pronta -y de parte del destinatario, no de su subalterno-, de una petición que presenté, junto a casi 11 mil cartagüeños, con respecto a la actualización catastral de hace cerca de una década. Pues parece que estuvimos muy de malas, porque los magistrados de Buga y de la Corte Constitucional que me tocaron... como que nanay cucas.

Coletilla 2: En el programa “Yo me llamo” de Caracol-TV, la Grisales califica a todas las concursantes según “los melismas, el aire y el orgasmo”. Esas son las palabras que repite -un día sí y otro también- como sus exigencias a la hora de dar el voto. Bueno, cada cual opina... de lo que sabe y practica. Y nada que asoman imitadores de cantantes colombianos como Cabas, Cepeda y Fonseca -que también se copian entre ellos, porque cantan igualito los tres-; solo han aparecido algunos de los cuales ni sabía de su existencia... y casi todos gringos. Qué originalidad. Parece una reunión de economistas con “cursos de especialización” de un fin de semana en universidades yanquis, que oyen allá cantar el gallo... y creen que aquí también lo hará. 

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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