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Caracol y RCN

Publicado: Domingo, 28 de octubre de 2018  |  8:36 am
Gustavo García Vélez

Esperamos los todavía oyentes de radio (a pesar de que los nuevos celulares no tienen ese chip y que la onda AM tradicional en este Norte se escucha requetemal desde las emisoras cercanas) que se mantenga este servicio, porque mientras uno las oye... puede mirar para otro lado.

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El nacimiento de las cadenas radiales en nuestro país coincidió con el asesinato del jefe del partido liberal y seguro presidente de la república, doctor Jorge Eliécer Gaitán, en 1948. Fue en medio de la violencia política desatada por ese hecho, que algunos capitalistas decidieron aunar sus esfuerzos para establecer esos medios de comunicación social con cubrimiento nacional, tal vez como consecuencia de los desmanes informativos cometidos en ese funesto día por parte de algunos de los seguidores del mártir... que le metieron mucha leña a esa hoguera.

Colombia era todavía un país rural. Y en esos pueblos campesinos no se escuchaba más que la radio oficial, si es que podían llegar sus ondas interrumpidas por la agreste geografía. El doctor Aníbal Arcila (q.e.p.d. y quien hizo parte de la mesa directiva de la Cámara de Representantes comenzando la década de 1970) contó en su autobiografía que siendo todavía un joven practicante de la dentistería en El Águila -el más extremo de nuestros municipios norteños-, compró en Cartago un receptor de radio de batería marca Telefunken y lo llevó a ese pueblo, lo que fue todo un acontecimiento: lo instalaba en la plaza principal y la reunión masiva de los habitantes para escuchar los discursos de los políticos era un acto social y comunitario. Nadie más era propietario allá de uno de esos aparatos.

En la década de 1950 se consolidó la radio en los hogares: se escuchaban no solo las noticias diarias transmitidas por locutores con excelentes voces, sino radio-novelas costumbristas y hasta programas de humor. Mis contertulios de algunas mañanas -que son todos mayores que el susquihabla, uno de ellos fue mi profesor en el bachillerato- recuerdan todavía con ojos entrecerrados novelas como “El derecho de nacer” y su personaje Albertico Limonta (que hoy podría ser el manifiesto de los enemigos del aborto); Fu Manchú, un detective chino que se comía las eres y las erres; humoristas como Los Chaparrines, Montecristo, Hebert Castro. Creo recordar que alguna vez de niño oí a mi papá decir que uno de sus hermanos mayores había trabajado en “La Cristalina”, escenario real de una de esas radio-novelas, ubicada en los alrededores de Cartago.

Posteriormente, vino la competencia entre Caracol y RCN por la audiencia que, al fin y al cabo, es la meta de estas empresas. La primera de ellas se consolidó en el primer lugar, gracias al “cabezazo” de Yamid Amat quien, con un grupo de profesionales de la radio de su misma talla, creó un noticiero matinal de varias horas que arrolló a su competencia, porque no solo se transmitían las noticias sino que se las analizaba, con entrevistas extensas a especialistas en cada tema. Al mismo tiempo, se les dio más espacio a los comentaristas de deportes, especialmente del fútbol, que fue otro de los entretenimientos estimulados desde el comienzo de esas cadenas radiales para que la gente pensara más en divertirse... que en acabar con sus oponentes políticos. Lástima, sí, que el manizaleño de Caracol se caracteriza por equivocarse en sus datos... cada diez minutos.

Hoy ya existe una diferencia, porque las cabezas de esos noticieros son casi estrellas solitarias... en cuya órbita giran algunos asteroides. Es el caso de Darío Arismendi, a quien lo acompañan periodistas de talla menor, alguno de ellos más conocido como político. Y se ha caído -creo yo, que soy en veces puritano-, en la chabacanería de comentar asuntos íntimos: como por ejemplo, preguntar cuántas veces a la semana tienen coito (o se masturban) los integrantes de ese equipo. Esta moda de recrear públicamente esas cosas que, en antes, eran temas de sotto voce se impuso y ya hasta en las propagandas de los noticieros de la televisión se emiten escenas de señoras contando -y mostrando- sin ningún rubor sus intimidades.    

Credibilidad es la nota alta que debe tener un periodista. Y esto le sobra a Yolanda Ruiz, la directora del noticiero de RCN-Radio. A ella no se la puede incluir como militante de ningún partido político (caso la Gurisati, quien exhibe con descaro el suyo), ni mucho menos tiene el síndrome de la chiva, como para difundir casos no comprobados o que pertenecen a la vida personal de sus actores (como lo hizo y lo hace otra bugueña, que por eso mismo salió como pepa de guama de una de esas cadenas de radio) y, por el contrario, su mesura que no empaña su profesionalismo... es ya proverbial.

Por estos 70 años de vigencia, a estas dos empresas se les ha otorgado desde España el premio a su labor. Esperamos los todavía oyentes de radio (a pesar de que los nuevos celulares no tienen ese chip y que la onda AM tradicional en este Norte se escucha requetemal desde las emisoras cercanas que las encadenan) que se mantenga este servicio, porque mientras uno las oye... puede mirar para otro lado, cosa que es difícil con la televisión. Y porque nos criamos con ellas y por eso son como parte de nuestra idiosincrasia, escuchándolas en  castellano que es el idioma de todos. Hasta ahora no han intentado largas entrevistas en inglés con cualquier perico de los palotes, que podrá ser estrella en Miami... pero un completo desconocido para nosotros. Eso que se lo dejen a los descrestadores arribistas.

Coletilla: Refrescante la serie “Loquito por ti”. Volvimos a las épocas de “Café” y “Betty, la fea” que marcaron historia en nuestra TV... y por fin estamos saliendo de los traquetos pobres y de las chicas plásticas.

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.