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¿Cenizas de “ave fénix”?

Publicado: Domingo, 30 de octubre de 2016  |  9:29 am
Gustavo García Vélez

Lo que las bordadoras de Cartago, Obando, Ansermanuevo y La Unión piden, es que aparezca el biyuyo, el parné, la mosca, el billete, porque no se puede permitir que -de pronto- lo vuelvan… ceniza de hampón. ¿Cómo es posible que se le entreguen esos recursos a una entidad que solo en los papeles puede acreditar idoneidad en el tema?

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La gelatina de Andalucía, las uvas de La Unión, el arequipe “Domínguez” de Buga, los chorizos de Santa Rosa de Cabal, el corcho de Neira, el ajiaco de Bogotá, las artesanías de Ráquira (Boyacá), Carmen de Viboral (Antioquia) o La Chamba (Tolima), la filigrana de Mompós, las mantas guajiras, la bandeja paisa de Medellín, el cuy de Pasto, los sombreros aguadeños o los “vueltiaos”, los bocadillos de Vélez, etc., etc., etc., son todas denominaciones de comestibles o productos que caracterizan a un municipio en particular.

Y esto se repite en todo el mundo. En España, por ejemplo, se habla de los muebles de Castellón de la Plana, del aceite de oliva de Andalucía, del vino de La Rioja o de la alcachofa de Benicarló, cerca de Cataluña y a orillas del Mediterráneo. Estos productos reciben el nombre de su ciudad como “Denominación de Origen”, que los hacen preferibles a otros de diferentes partes, adquiriendo por ello un mejor “status”, un posicionamiento que los vuelven más deseables e inolvidables y, por esa potísima razón, logran que siempre se recuerde al municipio que los produce.

El bordado de Cartago es nuestra “Denominación de Origen”. En toda Colombia se conoce que somos la “Cuna del Bordado”, aunque es cierto que en otras ciudades del país también los hacen desde tiempo atrás, por herencia recibida de los españoles. Existen, inclusive, narraciones de extranjeros que por aquí pasaron, sobre todo en los siglos18 y 19, las cuales nos comprueban que los bordados eran ya una arraigada tradición cartagüeña por esas calendas. Me llama la atención especialmente -como lo constató uno de esos viajeros europeos- que fueron los hombres quienes los lucían en sus camisas, en las que exhibían esa hermosa artesanía.

Ese significado y esa tradición vienen aumentando con los años. Doña Lucy Murgueitio Mendoza (por su segundo apellido, con ancestros en la misma fundación de Cartago en 1540) desde la década de 1970 y gracias a su tesón e intensa labor, le dio renovado lustre al bordado, convirtiéndolo en una actividad empresarial, cosa que antes no existía. A partir de entonces, a nuestra ciudad se la reconoce ya -hasta en el ámbito internacional- no solo como la cuna, sino que es denominada “La Capital del Bordado”. Ella es, pues, la pionera en la nueva etapa de nuestra tradicional artesanía.

Nuestros vecinos municipios Ansermanuevo, Obando y La Unión han replicado esas manualidades y existen ya en ellos talleres de expertas bordadoras y bordadores. El caso de Obando -hasta 1851 la segunda parroquia en importancia de Cartago, después de la de San Jorge, ya que ese municipio no había sido creado, segregándolo de nuestra ciudad- es apenas lógico. “San José del Naranjo”, como se llamaba ese sitio (y no entiendo el porqué le cambiaron este nombre, que venía desde la conquista española) tuvo nuestras mismas costumbres y tradiciones porque allá nacieron y fueron bautizados muchos cartagüeños y cartagüeñas -desde el siglo 17, antes inclusive del traslado de nuestra ciudad en 1691- quienes obviamente habían heredado de sus antepasados el legado del bordado.

Pero parece que ya le salió a esta “Denominación de Origen” el avivato que quiere lucrarse de ella, sin tener arte ni parte. Se supo, por comunicado de prensa del Departamento de Planeación Nacional del 11 de noviembre de 2014, que esa entidad autorizó un desembolso de $5.635´000.000 (cinco mil seiscientos treinta y cinco millones de pesos) del Sistema General de Regalías y con destino al “Mejoramiento Sostenible para la Producción y Comercialización de Bordados y Calados del Norte del Valle del Cauca”. Este recurso económico seguramente fue sugerido por el anterior gobernador del Valle del Cauca, en el OCAD (Órgano Colegiado de Administración y Decisión) del Pacífico, que son los organismos creados por la ley 1530 de 2012 y encargados de distribuir esos dineros de las regalías a todo el país (la famosa “mermelada”, como la bautizó el antecesor del actual Ministro de Hacienda).

Lo “raro” es que de semejante millonada poco se sabe en qué se invierte y si está bien utilizada, porque a ninguno de los municipios norteños allí mencionados se les ha consultado, como lo comprobó el actual alcalde de Cartago, quien hizo mención a eso en la apertura de las sesiones del concejo en marzo de este año, noticia que fue difundida por esta página web el 17 del mismo mes. Y la Personera de Cartago, María Elena Ceballos Avivi, en entrevista concedida a un noticiero local de televisión el 21 de julio, invitó a hacerle una veeduría ciudadana a estos recursos, que le fueron entregados a una fundación con el mitológico nombre de “Ave Fénix” (con sede en Cali… cuándo no) y directivos muy cercanos a un conocido dirigente político norteño, adicto a la causa del hoy ex gobernador (y dizque candidato a la Presidencia de la República).

Recordemos que esa fabulosa y legendaria “Ave Fénix” era única en su especie. Vivía durante centurias en los desiertos de la península arábiga y luego permitía que la asaran… para posteriormente renacer de sus propias cenizas. Ignoro cuántos años de creada tiene la fundación de marras y si había sufrido la “travesía del desierto” de los que no reciben una mísera “untadita” de la mermelada del Estado. Lo que sí me cuentan es que sus “cenizas” se han convertido en varios -y muy jugosos- contratos a la sombra de las regalías y demás recursos públicos, distribuidos por el gobierno.

Pero lo que las bordadoras de Cartago, Obando, Ansermanuevo y La Unión piden, es que aparezca el biyuyo, el parné, la mosca, el billete, porque no se puede permitir que -de pronto- lo vuelvan… ceniza de hampón. ¿Cómo es posible que se le entreguen esos recursos a una entidad que solo en los papeles puede acreditar idoneidad en el tema y nunca ha hecho parte de la gestión de mejoramiento del bordado en Cartago y el Norte del Valle? De semejante suma no quedó nada para nuestro “Pueblito del Bordado”, que habría podido ser un excelente atractivo turístico, empresarial y comercial.

Y, además, con esos dineros se podría (por ejemplo) afinar más la artesanía o industria manual del bordado, mejorando las telas y los diseños, que hoy aparecen atiborrados de puntadas, la mitad de las cuales sobran. Y así, elevando la calidad, con una mayor y mejor comercialización rebajar los precios, para que así los que nunca hemos tenido una camisa bordada -porque las exhibidas en vitrinas no nos “traman”… y las de Doña Lucy Murgueitio, que tienen un exquisito buen gusto, son merecidamente costosas para los exhaustos bolsillos propios- podamos así exhibir nuestro ancestro cartagúenísimo, el mismo de aquellos de quienes se asombró y admiró el andariego europeo de siglos atrás.

Coletilla: Monseñor Jairo Uribe Jaramillo fue seleccionado, entre 28 postulados, como uno de los 10 Líderes de Colombia, una iniciativa de la revista “Semana” y otras entidades. El 1° de noviembre es el acto de ese reconocimiento, en Bogotá. Bendito sea Dios que nos permite vivir para ver este muy justo reconocimiento.

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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