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Censo... de 1771

Publicado: Domingo, 15 de julio de 2018  |  8:49 am
Gustavo García Vélez

En los archivos de Popayán nadie da razón de lo que allí reposa y ni siquiera acusan recibo por lo que se les pregunta. Bueno sería que un estudiante de historia rebusque allá, para su tesis de grado, la primera parte de este censo y el mapa aludido... y los publique.

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Por orden de las autoridades coloniales -concretamente del gobernador de Popayán, a cuya jurisdicción pertenecía Cartago-, se realizó un censo en 1771, que comenzó el 28 de abril y terminó el 1º de junio. (No se sabe a que horas, pero tuvo que ser de día... porque a punta de vela les hubiera quedado como muy berraco).

Se supone que esta actividad se desarrolló en todo el país. La causa fue el afán alcabalero de los nuevos mandamases en Madrid, con Carlos Tercero, de los Borbón franceses, que reemplazaron a los Habsburgo austriacos. En ese año era rey Carlos Cuarto, su hijo. (A propósito: ¿no será el actual Felipe Sexto pariente... de Camilo Sesto?). Y digo que por afán alcabalero, pues los censos -todos, incluyendo el que se efectúa en Colombia- sirven, supuestamente, para conocer las necesidades de la población de acuerdo a su número pero, en realidad, se busca encontrarle todas las tetas a la vaca... para ordeñarla mejor.

Cartago lindaba con Buga (Zaragoza se llamaba “El Llano de Buga”) porque no habían sido creados Obando, La Victoria, ni Zarzal y Tuluá. La primera etapa de este trabajo de campo comprendía desde la quebrada “La Honda” (actual límite entre La Victoria y Zarzal) hasta “La Puerta del Cucharo”, que parece quedaba cerca de la hacienda “El Potrerillo de los Yuste”, hoy “Potrerochico”. Desafortunadamente, no se ha encontrado el resultado de esta parte del censo, que correspondía a “San José del Naranjo” (actual Obando), muy poblado aún antes del traslado de Cartago en abril de 1691 de su sitio de fundación, donde 172 largos años después apareció Pereira... gracias a un grupo de cartagüeños, que encabezó el cura Remigio Antonio Cañarte y Figueroa.

Y la segunda parte se realizó entre “La Puerta del Cucharo” hasta “Santa Ana”, incluyendo el área urbana de la ciudad. A don Miguel Sanz y Vicuña le correspondió diligenciar la primera parte; y a don Ignacio De Rentería (familiar del Santo Oficio) y a don Matías Gutiérrez de Celis Marisancena -ambos “alcaldes ordinarios por Su Majestad”-, la otra.

En el oficio remisorio -firmado también por el escribano (notario) Tomás Sanzena- los dos últimos informan al gobernador de Popayán de la elaboración de un mapa, que tampoco ha aparecido y que hubiera facilitado la lectura del censo, casa por casa, porque no existía la actual nomenclatura y, por eso, es muy difícil saber hoy en donde vivía cada una de las familias censadas. Dato que nos interesa sobre todo a los cartagüeños fatutos, raizales, para conocer el sitio de residencia de algunos de nuestros mayores... hace 227 años. Solamente existen unos pocos hitos conocidos: las casas de teja, que eran habitadas por las autoridades y la élite, se supone que alrededor de la plaza principal. Igualmente, el Convento de San Francisco -actual Centro de Estudios Tecnológicos-, que comprendía el templo del mismo nombre.

Y algunas de personas de las que, aún hoy, se sabe en donde residían, como la familia del pintor Jaime Santibáñez, quien plasmó al carbón la ya muy decadente figura de Simón Bolívar en esa misma casa, donde se alojó durante su estancia en Cartago desde finales de diciembre de 1829 y hasta enero de 1830. Así mismo aparecen “El pueblo de los Cerritos”, resguardo de los indígenas quimbaya; y “Paiba” y “Gonzalo Pérez”, también en la margen derecha del río “De La Vieja”, que estaban incluidos en la jurisdicción de nuestra ciudad.

(Entre paréntesis: cotejando con el Fondo Notarial del Archivo Histórico de Cartago, pude establecer -con fuertes indicios, que son una buena prueba- las posibles residencias de varias de mis antepasadas maternas, reforzados con esos “pálpitos misteriosos” que sentí en esa búsqueda (¿cómo si me estuvieran dictando desde el más allá?), pero a los que les falta todavía la plena confirmación documental, ya que en esas escrituras los predios también están identificados solo por sus linderos, porque las calles no estaban numeradas. He concluido que todas habitaron en el barrio “San Miguel”, rebautizado como “Guadalupe” cuando en 1810 fue dado al servicio el santuario de esta advocación mariana. Menciono esto como ejemplo de que se puede entrar a este “túnel del tiempo”... para averiguar quienes fueron nuestras tatarabuelas. Cierro este paréntesis.)

Esas casas coloniales eran enormes: en cada manzana existían apenas cuatro, la gran mayoría de paredes de embutido, techo de paja y un inmenso solar con cocina, que construían allí por el peligro de incendio al elaborar los alimentos con leña. Bonifacio Zorrilla -un acaudalado cartagüeño de la segunda mitad del siglo 19- fue el primer urbanizador: compraba a los herederos esos predios, los dividía y edificaba otras casas, con techo de teja.

Se mencionan apellidos hoy inexistentes en Cartago, como De la Yuste, De los Arcos, Daniel, Etayo, Villaisan, Lerma, Tamarís, De la Torre, Ledesma, Redondo, De la Cruz, Zorrilla, Fuenmayor, Del Campo, Cerezo, Melgarejo, Valderrutén, De Soto, Ibáñez, Lisundia, Bocanegra, De Mata, De La Asprilla, Salamando, De la Serna, Sanzena, entre otros. Los más comunes eran Rojas, Rengifo, Chávez, Bedoya, Bueno, Ortiz, Suárez, De Aguilar. Muy pocos apellidos en este censo son los de 104 cartagüeños que compraron lotes el 30 de diciembre de 1701, apenas 10 años después del traslado de Cartago hacia lo que se llamó “Las Sabanas”, su sitio actual.

Casi el 50 % eran mujeres cabeza de familia. Y había una expresa y muy rígida discriminación social: solamente los de la élite -hasta sus hijos menores o solteros- eran tratados como don y doña. En muchas casas aparecen también otros habitantes, que no eran esclavos, a los que se les llama “agregados”, fueran parientes o no.

Este censo fue publicado por don Jorge Peña Durán, en su libro “Cartago y Santa Ana de los Caballeros”, el mejor testimonio de la historia de nuestra ciudad, publicado en 1940 con motivo de los 400 años de su fundación. Y como en los archivos de Popayán (el eclesiástico y el Central del Cauca) no hay quien de razón de lo que allí reposa -y ni siquiera acusan recibo por lo que se les pregunta-, que bueno sería que algún estudiante de historia lo rebusque allá, preparando su tesis de grado... y los de a conocer. Especialmente esa primera parte y el mapa aludido, que el señor Peña Durán no halló en Bogotá en el legajo donde apareció lo que publicó.

Las cifras encontradas fueron estas: habitantes (“entre blancos y pasetos, libres y esclavos”): 2.572. Reses: 7.000. Bestias: 1.295. Esclavos: 467. Casas: 246 (de teja, 7; de paja, “muy maltratada y sin fijeza”, 239). Nóvita -Chocó- tenía, 36 años antes de este censo, el doble de habitantes que Cartago (contando todos los esclavos), porque era la meca de la minería de oro en el país, manipulada por latifundistas payaneses.

En la parte del censo que no aparece (pero lo dice la publicada) sus bienes tenían un valor de 150.782 patacones, del total de 351.783 -“salvando cualquier yerro de suma o pluma”, dice- es decir, casi el 50%. Ese sitio de la ciudad, llamado “El Naranjo”, pudo albergar cientos de habitantes. Fue encomienda de Don Miguel De la Yuste (tesorero de Caja Real de Cartago desde 1570 y por más de 15 años), que heredó su hijo mayor, el Maestre de Campo Marcos. Luego se repartió... y la convirtieron en extensas haciendas ganaderas.

Coletilla 1: Lo dicho: con la gira internacional del presidente electo estamos dando la imagen de “república bananera”, cosa que hace muchos años no ocurría. Qué oso la entrevista con el rey de España. Solo faltó que le dijera al monarca: “Tonces qué, parce... bien o pa´qué”. Y por la enorme diferencia de estaturas, debió hacerse un poquito más lejos. Tan cerquita, quedó mirando muy de pa´rriba, como niñito regañado. Que pena. Que “pedazo de estadista” tendremos. Por eso, la visita al dueño del Real Madrid nos pone a pensar si no sería mejor dejarle a su patrón las responsabilidades del gobierno... y asumir la dirección técnica de la selección de fútbol. Al fin y al cabo, allí las noticias falsas ya se dan como verdolaga y quedaría como pez en sus aguas. Como dicen las señoras pelimoradas: “que horror, queridas, que dirán mis amistades”.

Coletilla 2: Carlos Antonio Vélez, comentarista de RCN, se la pasó durante todo el partido Croacia-Inglaterra echando vainazos: “los ingleses son atacables”, repitió cada dos minutos como para recordar el encuentro de Colombia con los ingleses. Y con el gol de la victoria croata, remató: “las finales son para los valientes, para los que atacan”. Y vea pues. Como decían los abuelos: “Dios no castiga ni con rejo ni con palo”. Salieron como pepa de guama los de la “pérfida Albión” -así llaman los continentales a Inglaterra-, que siempre van en contravía: manejan por la izquierda, con el timón a la derecha. Sus comentarios acerca de los jugadores colombianos como los más sucios del mundial (miedosos, sí) fue un escupitajo... que les cayó en la cara.

Gustavo García Vélez | CiudadRegion

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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