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Clase media

Publicado: Domingo, 08 de abril de 2018  |  8:39 am
Gustavo Duncan

El crecimiento del Estado desde mediados del siglo pasado, tanto en cargos como en presupuesto, ha tenido un efecto contundente en la configuración social del país que va más allá de los propósitos de desarrollo y progreso.

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El crecimiento del Estado desde mediados del siglo pasado, tanto en cargos como en presupuesto, ha tenido un efecto contundente en la configuración social del país que va más allá de los propósitos de desarrollo y progreso. El Estado en sí mismo se convirtió en un mecanismo de movilidad social tan importante como el propio capitalismo formal que llevó a Colombia de ser un país pobre a uno de ingreso medio.

Fue un proceso que no tuvo nada de original. Ya Weber había advertido, en contravía de Marx, que en el mundo moderno el poder no iba a estar en manos de los propietarios de los medios de producción sino de los propietarios de los medios de administración. Iba a ser una era de burócratas. La masificación de la educación y, por supuesto, la propia mecánica política permitió a muchos hombres y mujeres acceder a ingresos económicos, a posiciones con capacidad de decisión y a un estatus social desconocido.

Se formó así una clase media, en el sentido de ingresos relativamente modestos en comparación de las grandes élites económicas, pero con enorme poder sobre las instituciones del Estado. De hecho, este poder se reflejaba en que dado el caso individuos sin mayor riqueza estaban en condiciones de imponer decisiones contrarias a los intereses de individuos sumamente ricos por la sola razón de ocupar un cargo público.

Esta clase media mantenía una agenda de intereses autónoma. Podían considerar intereses de otros sectores, como los de los grandes capitalistas, pero sujetas a sus propias prioridades, bien fueran económicas o ideológicas. Y no se trataba de un asunto solo de altos cargos. Funcionarios de mediana y pequeña importancia tenían, aún ciñéndose a las normas, los medios suficientes para vetar las iniciativas políticas de terceros.

En sí la creación de esta clase media ha sido un elemento central de la democracia, clave para el equilibrio de poderes. Evita abusos desde fuerzas por fuera del sistema político que podrían reducir al Estado a una herramienta para su servicio. Sin embargo, en Colombia su surgimiento ha significado también la construcción de una estructura institucional que, detrás del propósito de crear un sistema regulatorio de la sociedad, es del mismo modo un blindaje para mantener su estatus.

Los requisitos que se plantean a la sociedad para cumplir las normas regulatorias son, al mismo tiempo, los medios de poder con que cuenta esta clase media frente al resto de actores de poder y la sociedad en su conjunto. Elevar los requisitos equivale a su vez a elevar su poder simbólico. El problema es que eventualmente tantos requisitos pueden llevar a que muchos sectores de la sociedad no tengan los atributos suficientes para ser regulados por el Estado.

La proliferación del trabajo informal, por ejemplo, es en gran parte consecuencia de la incapacidad del Estado de ofrecer instituciones adecuadas para los modos de vida de población con bajos niveles de ingreso, escolaridad y acceso a empleos estables. Elevar los requisitos para la contratación laboral, una medida que empodera a los funcionarios del Estado frente a los empresarios, al final de cuentas lleva a que mucha gente quede por fuera del sector formal.

En la actual coyuntura se necesita que esta clase media reflexione sobre sí misma y contribuya al proceso de inclusión social mediante la relajación de muchas de las exigencias institucionales que son la base de su poder.

Gustavo Duncan | El País |  @gusduncan 

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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