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Cocainómanos

Publicado: Domingo, 18 de febrero de 2018  |  12:22 am
Alejandro Samper

Las recientes incautaciones de cocaína en otros países evidencian, una vez más, que la lucha antidrogas montada por el gobierno de los Estados Unidos desde los años 70 del siglo pasado es un fracaso.

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Las recientes incautaciones de cocaína en otros países evidencian, una vez más, que la lucha antidrogas montada por el gobierno de los Estados Unidos desde los años 70 del siglo pasado es un fracaso.

El Servicio de Guardacostas estadounidense interceptó el pasado martes un barco que transportaba siete toneladas de coca. El cargamento está avaluado en 190 millones de dólares. Esto es el equivalente a poco más de la mitad del presupuesto que el gobierno de Donald Trump tiene destinado para combatir el narcotráfico en Colombia este año que, según el Departamento de Estado gringo, sería de 251,4 millones de dólares.

Un mero cargamento - uno de varios que han caído o han coronado esta semana en otros lados del planeta - muestra que en cuanto a la lucha contra las mafias del narcotráfico estamos cazando con perros llenos. Las ayudas son una curita para tapar una hemorragia que parece no tener fin.

Si fueran efectivas esas incautaciones las noticias gringas no estarían cubriendo masacres en colegios sino las crisis masivas por síndrome de abstinencia en los ejecutivos de Manhattan o en la farándula californiana.

Creo que la coca está prohibida porque los gringos no la han podido domar. Además, para producir un kilo de base de coca se necesita de aproximadamente media hectárea de plantación de coca, según datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito - UNODC. O sea, para sacar las 500 toneladas de cocaína anuales que se estima llegan a Estados Unidos tendrían que destinar un área similar a la de Wyoming (253 km2) para cultivarla y procesarla.

Traquetear es un negociazo. Según el portal animalpolitico.com, producir un kilo de cocaína en Colombia cuesta unos mil 400 dólares en insumos, mano de obra y logística. Ese kilo, en nuestras selvas, se paga a 10 dólares pero al llegar a Nueva York ya cuesta 30 mil dólares y, tras rebajarse con otras sustancias, ese kilo vale 120 mil dólares.

Además de producir mucho dinero, traficar con narcóticos da estatus. Que lo diga Sebastián Murillo, alias Lindolfo, que heredó el gusto mafioso de su padre (narco del Cartel de Medellín asesinado por Pablo Escobar). Este personaje pasó de ser el proxeneta de la Oficina de Envigado a ser capo de esa organización y amigo de estrellas de la moda y la televisión. Y, al igual que muchos otros mafiosos, se consiguió a la más buena, a la más deseada. Una belleza sin escrúpulos que los sábados en la noche es la anfitriona de un programa de humor que busca arrancarles una sonrisa a los colombianos, mientras que en privado alcahuetea las miserias generadoras de violencia y muerte de su marido.

La cocaína también es glamour. Goza de buena publicidad gracias a producciones como Narcos, y las diferentes versiones de Sin tetas… Aparece en las películas para alegrar a sus protagonistas. Y es tan difusa esa línea de lo moral, lo ético y lo ilegal, que en este mundo mediatizado uno ya no sabe si alegrarse o indignarse porque vio a la actriz Scarlett Johansson esnifar perico en las noticias, en YouTube o en una película.

Adictos son las putas y los cacorros que atienden a esos dudosos personajes que llegan en vuelos charter a Pereira desde México. Son los políticos que se lucran de la miseria que la prohibición genera. Los que venden las armas para armar a los carteles y ejércitos. Los lavaperros y herederos de traqueteos que no aprenden ni de la muerte de sus familiares. Las modelos como Vanessa Peláez que lo que tienen de belleza les carece de fibra moral.

Sí, la cocaína es adictiva. Pero más adictivo es el poder y el dinero que deja su tráfico. Por eso es que la guerra contra las drogas se perdió desde que al gobierno gringo le dio por meter la nariz.

Alejandro Samper | Diario La Patria

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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