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Como símbolo feminista

Publicado: Domingo, 03 de marzo de 2019  |  9:23 am
Gustavo García Vélez

Cosa diferente fueron la mayoría de las mujeres de antaño -como nuestras madres-, que aceptaron sin chistar lo que consideraron era su misión trascendental: ser compañeras, pero no mandonas. Y la mayoría de las féminas de nuestra generación estuvieron de acuerdo en que sí hay diferencias.

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Un alarido ensordecedor me pareció escuchar este viernes, al terminar el capítulo de la telenovela turca “El Sultán” que transmite la Cadena 1. El paseo triunfante de la rusa Alejandra, cuya familia fue masacrada y ella capturada como esclava destinada al harem y que -con inteligencia, paciencia, decisión y una buena dosis de malignidad- logró ser manumitida y casarse con su amo, venciendo a todos los enemigos que se fue encontrando por el camino, puede ser la apología de lo que hoy se conoce como feminismo, tendencia que el Papa Francisco equiparara... con el más rudo machismo.

Utilizando sus encantos, Curren (nombre dado al integrarse a las costumbres turcas) se apoderó del alma del sultán, desplazando a todas sus competidoras, entre ellas a la primera mujer del monarca que le dio al primogénito, la que nunca le perdonó esa intromisión en su futuro. Pero la favorita no se conformó con tener varios hijos y posibles sucesores al imperio: su propósito era ser más que la esposa sumisa dedicada a criar los vástagos. Poco a poco, con paciencia y maniobras en veces desesperadas, fue escalando los diferentes niveles del poder... hasta apoderarse también de los hilos del mando.

No sé si estos procedimientos sean de buen recibo entre las feministas, pero me parece que pueden entenderse como el modus operandi estándar para lograr lo que ellas desean: equipararse a los hombres en todos los aspectos. Cosa diferente fueron la mayoría de las mujeres de antaño -como nuestras madres-, que aceptaron sin chistar lo que consideraron era su misión trascendental: ser compañeras, pero no mandonas. Y hasta la mayoría de las féminas de nuestra generación estuvieron de acuerdo en que sí hay diferencias. No recuerdo que alguna fuera jugadora de fútbol y, menos, boxeadora. La que así actuara... era catalogada como machorra.

Por supuesto que las mujeres han demostrado que pueden ejercer funciones en antes campo exclusivo de los varones. En nuestro país son ya cientos las gerentes de poderosas entidades, muchas han sido ministras y ya hay la primera vicepresidente de la república. Pero la vuelta ha llegado también en algunas a exhibir como un trofeo... a su compañera sexual. Ese fue el caso de dos anteriores ministras de Estado, lo que en mi entender afectó el proceso de paz y ayudó a que el “no” ganara (aunque por muy poquito) en el plebiscito, porque las iglesias protestantes alegaron que eso daña a la sociedad y ordenaron a sus millones de fieles que demostraran su inconformidad apoyando esa negativa.

Vea pues. Esta telenovela me está llevando a dictar cátedra en un tema que no comprendo bien, porque soy muy hijo de mi mamá, que dedicó la vida a darnos a los integrantes de su familia toda la entrega de que fue capaz -sin protestar nunca- porque no se sentía una esclava del hogar, como hoy muchas así lo afirman y por eso se niegan a ser solamente criadoras de sus hijos. Como la sultana Curren, quieren también mangonear. No se resignan a ser espectadoras, sino actoras... aunque desconozcan el libreto.

Confieso que también suspiré satisfecho con el triunfo de esta sultana, porque eran ya muchas las noches esperando que alguna de sus tretas le saliera al derecho... y nada. Intentó sacudirse al visir por las malas, fraguando su asesinato, porque este funcionario del imperio -también extranjero, pero que no logró su emancipación- se le atravesó en su camino y la había ofendido. Luego quiso lo mismo con el hijo mayor del sultán -para que el heredero directo fuera un hijo suyo- pero la esclava encargada de darle la dosis de veneno... se enamoró del muchacho y no se lo embutió todo. Claro que las cosas fueron de doble vía: la madre del sultán, que no la quería ni poquito, ordenó su muerte secreta al visir, pero le salió el tiro por la culata, porque el sultán no solo fue a rescatarla, sino que se casó con ella.

Mi prima me dijo que ya se la vio toda por Neflix y que la segunda serie se llama “La Sultana”. La parte histórica fue la que me encarretó: Solimán “El Magnífico” existió, enemigo del emperador Carlos V y quien se apoderó de media Europa. Su hijo Selim era el sultán cuando la batalla de Lepanto, en la que combatió Miguel de Cervantes. Veremos hasta qué punto se parecerá Curren a Catalina de Médicis, madre de varios reyes de Francia... y especialista ella también en efectivos venenos, de los que la surtían vendedores ambulantes en los puentes del río Sena.

Coletilla: Estoy reconsiderando mi opinión negativa porque párrocos y obispos (como el anterior de Cartago) autorizaron a los mormones para microfilmar archivos eclesiásticos y llevarlos a internet. Bloquearon esa página y hay que tener clave para entrar, lo que me causó dificultades, me atropella la “tenología”. Logré remirar los de Pácora y encontré el segundo matrimonio de mi tatarabuela paterna Juliana Peláez Gil. Vea pues, en 1845 segundas nupcias debieron de ser actitud de mujer liberada, feminista. O práctica: necesitaba que le ayudaran a criar los hijos del primero... aunque con el otro tuviera más. “Túnel del tiempo” es esta posibilidad de saber cosas de mis ancestros que ignoraba: su padre, Gabriel Peláez Vélez fue, con su hermano José Miguel, cofundador de Aranzazu. Que declaren día cívico cuando volvamos, porque hace 3 años no lo sabíamos. Lo mismo en Pácora, fundada por los Peláez. (Y a los que se incomodan con estas revelaciones: que le hacemos... si así son las cosas).

Gustavo García Vélez | CiudadRegion

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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