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Como telenovela turca

Publicado: Domingo, 10 de febrero de 2019  |  8:34 am
Gustavo García Vélez

Por la culata están saliendo disparados todos los intentos de solucionar el caos venezolano y el enredo de la represa de los antioqueños. Parecen ya cansonas telenovelas turcas: los insultos priman... sin que aparezcan por parte alguna los finales de esas crisis.

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Que la realidad supera la ficción es una frase manida, de la que ignoro si tiene autor conocido y cuyo sentido fue confirmado por las novelas del realismo mágico, que hicieron famosa a la literatura colombiana como nunca antes lo había disfrutado. Y en estos últimos días lo estamos reconfirmando, con aconteceres internacionales y nacionales... tales como la situación en Venezuela, el caso de Hidroituango y los enfrentamientos por la independencia de Cataluña en España.

Nunca he sido cliente de las telenovelas, sobre todo de las mejicanas, en las que nadie ríe, todos gritan, lloran y hacen malacara. En este sentido Colombia marcó otra pauta, que estamos recordando por estos días con el fallecimiento del libretista de “Aroma de café” y “Betty la fea”, que fueron esclavizantes de la voluntad de todos... y no solo de las mujeres. Recuerdo que se suspendían todas las reuniones por importantes que fueran, porque primaba nochemente la sintonía (me gusta jugar con mi castellano: si se dice diariamente y primeramente nos entienden si decimos nochemente y segundamente) para saber si la niña Mencha seguía peleando con su novio o si la recepcionista de la casa de modas continuaba con su descreste de los semestres cursados en una universidad de garaje.

Hoy estamos inundados de telenovelas turcas. Sin buscarla, antes del noticiero de mediodía me toca ver el final de una que creía era mejicana, no solo por el fenotipo de los actores y actrices, sino porque no le faltan sino las trompadas. Me llamó la atención que no coincidía el movimiento de los labios con lo que oía y pensé que era brasilera, pero otra cliente del restaurante me aclaró su real origen. La que sí veo es “El sultán” -cambió mi hora de dormir-, basada en personajes históricos, como Solimán “El Magnífico” y Carlos Primero de España, que se pelearon el dominio del oriente de Europa (aquel se apoderó de Hungría e intentó lo mismo con Viena), cuyas consecuencias todavía se viven: esa parte está poblada de turcos musulmanes, lo que ha ocasionado hasta genocidios recientes.

Claro que con los enredos entre las mujeres del harem y las diferentes sultanas -que el libretista se inventó-, la cosa se puso telenovelesca. Ya ha habido varios intentos fallidos de asesinatos: la esclava favorita -que no era turca, logró su libertad y casarse con el mandamás- quiso hacer desaparecer envenenado al visir y éste, por orden de la madre del sultán, “le correspondió esas atenciones” pero... le salió el tiro por la culata. Al príncipe heredero también le atentaron, pero la dosis no fue suficiente y su mamá ya se siente la nueva madre sultana, porque a Solimán le dio un yeyo, que lo mantiene inconciente. Y todos escuchan detrás de las puertas, espiando para saber en dónde van a poner las garzas.

Y por la culata están saliendo disparados todos los intentos de solucionar el caos venezolano, el enredo de la represa de los antioqueños y la culequera de los catalanes. Parecen ya cansonas telenovelas turcas, porque los insultos priman en todos los casos... sin que aparezcan por parte alguna los finales de esas crisis. Mientras los militares sigan respaldando al actual modelo de gobierno de los vecinos, valen “güevo” los alaridos del ministro de relaciones exteriores de Colombia (que continúa exhibiendo su peinado a lo Brigitte Bardot: moña alta partida a la mitad y con capul) o las bravuconadas del mandamás gringo... que cada día lo será menos, por causa de sus propios escándalos. Al escribir estas líneas escucho que, precisamente, una empresa turca ayudó a sacar de Venezuela 900 millones de dólares en oro.

Y en Hidroituango: que la sala de máquinas aparece, después de la inundación, perfecta en las fotos; que los ruidos en la montaña son solo eructos geológicos; que el cauce moribundo del río Cauca resucitará dentro de tres días y que necesita más represas; que los antioqueños han demostrado que son infalibles, son las repetición de la repetidera, diaria y nochemente. Mientras tanto, el gobernador de Antioquia les saca la lengua al alcalde de Medellín y a toda la junta directiva de E.P.M. y éstos lo miran de lado, como a un aparecido de última hora. “Jor dicho”: toda una telenovela turca a la que solo le faltan... las chachas del harem.

Causan risa los insultos del insulso nuevo líder de las derechas españolas -un tal Casado- al presidente del gobierno, Pedro Sánchez. Parece como si aquel le estuviera gritando... a un espejo, porque fue precisamente la corrupción la que tumbó al jefe de ese partido y su pared de diplomas aparece llena de burdas falsificaciones ya comprobadas. Con semejante rabo de paja es admirable que se arrime tanto a la candela, porque es un ignorante o un estúpido. O ambas cosas a la vez. Si Franco resucitara lo mandaría al paredón.

Coletilla: A una de mis mejores amigas, la cartagüeñísima licenciada en educación Stella Vallejo Cifuentes, le pareció que merecía la pena entregar fotocopias de mi escrito -publicado en “La Voz Independiente” de Cartago hace ya siete años- sobre la donación de 500 patacones (una de las monedas de la época) en 1811 y por parte de 74 feligreses para comprar el lote en lo que hoy es la Plazuela de Guadalupe, la noche del pasado jueves cuando se entregó a la ciudadanía la restauración de este histórico sitio. Bueno, gracias Stella y que ojalá algunos de los curiosos sepan ya... en dónde estaban parados. Y hasta la próxima, porque ya van como cuatro remodelaciones.

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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