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Confesando la ignorancia

Publicado: Domingo, 19 de noviembre de 2017  |  11:13 am
Gustavo García Vélez

“Provincia no es la estereotipada que desprecian los capitalinos que, creyéndose participantes de ´los últimos refinamientos`, en Paris merecieron el nombre de rastacueros: los que quieren ser lo que no son… ni pueden ser” (Gutiérrez Girardot).

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Desde la niñez, apenas aprendimos a leer, a muchos nos quedó gustando hasta el deleite esa disciplina. Yo compraba cerca de mi casa en el barrio Guadalupe -y con la “semanada” (que no mesada) que mi papá me daba todos los sábados por la tarde-, mis lecturas favoritas: Life en español, Selecciones del Reader´s Digest, O´Cruzeiro en español (revista brasilera que editaban toda en color sepia, hasta las fotografías) y el respectivo fascículo de Enciclopedia Estudiantil, una colección impresa en México.

Un primo hermano paterno mucho mayor fomentó más en mí esas ansias por el conocimiento, que mi mamá ya había sembrado en mi espíritu. Recuerdo que le sugirió a mi papá comprar todos los días uno de los periódicos que se publicaban en nuestro país “para que el niño conozca lo que está pasando en Colombia y en el mundo… además del crucigrama”, le dijo. Y así fue. Casi hasta su fallecimiento mi padre llevaba a la casa algún diario, primero de origen conservador (que fue su partido) y luego no tuvo empacho en pasarse a El Tiempo o a El Espectador.

Y, ya preadolescente, puedo decir que fui “ratón de biblioteca”, la pública “Marco Fidel Suárez”, cuando estaba ubicada en la Casa del Virrey. Todos los días, desde las seis de la tarde y hasta las ocho cuando el bibliotecario don Gilberto Villada la cerraba, estaba yo allí haciendo tareas o leyendo las colecciones que más me gustaban: los clásicos de la literatura, editados por “Aguilar” en papel biblia, o las biografías de “Gandesa” (que hoy, lamentablemente, aparecen ambas diezmadas), entre otras.

Y cuando me pateó la adolescencia (porque me “patió”… y duro), con la rebeldía común de esos años fui un crítico de todo lo que oía o leía. Por eso a mí nunca me dio el sarampión del comunismo, mucho menos del chino. Esas revistas, como “China Reconstruye”, en las que elogiaban hasta la idiotez a Mao Tse Tung -así se escribía su nombre, hoy creo que es Zedong- con fotografías de los chinos menos ojirasgados que pudieron encontrar (para poder entrar a América Latina con ese dogma) en poses tan artificiales y rebuscadas que generaron automáticamente mi rechazo, por desconfiar de esa farsa tan visible; esa propaganda, digo, me parecía la plata peor botada del mundo. Y eso que la regalaban.

Ya adulto, lógicamente que leo con la misma frecuencia, pero con mayor -y mejor- selección. Y tengo que confesar que, a pesar de todas esas mis lecturas desde niño, he comprobado lo ignorante que soy. Por estos días he estado leyendo “Hispanoamérica: imágenes y perspectivas” de Rafael Gutiérrez Girardot, quien fue un colombiano (fallecido hace algunos años), que se educó en Europa y adquirió una formación con mucha influencia alemana, pero prácticamente desconocido por las nuevas generaciones (y por las más viejas, incluyéndome, porque creo que el único que en Cartago se lo ha leído es el abogado Guillermo Suárez Moriones, el dueño de este libro).

Este ensayista -porque este método literario fue su fuerte-, junto con Gómez Dávila, el de los “Escolios”, otro talento casi desperdiciado en nuestro medio, se convirtieron en el “terror” de los intelectuales criollos, por la acidez y contundencia de sus críticas.

Y no solo se ocupó Gutiérrez Girardot de los escritos de los colombianos, sino que hasta llegó a tratar de “casi filósofo y casi sociólogo” al autor que más ha influido en mí: el español Don José Ortega y Gasset. En hispanoamérica deja solo en pie al uruguayo José Enrique Rodó, autor de “Ariel”; al mexicano Alfonso Reyes; al dominicano Pedro Henríquez Ureña (a quien nunca siquiera había oído yo nombrar); a otro mexicano, Ramón López Velarde (menos); al nicaragüense Rubén Darío, al colombiano Tomás Carrasquilla, de quien es el promotor de su reivindicación como escritor universal y no solo un costumbrista parroquial… y pare de contar.

De entrada, Gutiérrez Girardot le da a la literatura, sobre todo a la poesía, un valor del que yo nunca había oido siquiera aludir. Y menciona a una cantidad de ensayistas, europeos sobre todo, de los que “en mi vida, querida” (como dicen las señoras pelimoradas) sabía que existieron.

Por eso digo que, sin rubor y así -públicamente- confieso lo ignorante que soy. Y eso que cuando un amigo muy mayor me preguntó alguna vez que “para qué leemos tanto, Gustavo”, le contesté: “pues para que ningún güevón nos descreste”.

Pero igualmente declaro, también paladinamente, que desde ahora Rafael Gutiérrez Girardot es uno de mis autores favoritos. Es que “jode” con una ironía, con una “sobradez”, con una contundencia muy bien documentada, que sus “víctimas”… como que quedan tendidas en la lona. Y eso a mí, que me autocalifico como un “caricaturista en prosa”, me produce un deleite casi, casi morboso. Lean estos ejemplos, tomados textualmente del libro aludido:

“Son subsidiarios involuntarios e inconcientes del concepto de tradición, que pervirtieron en España los contrarreformistas y la Inquisición, esos indigenistas melancólicamente cursis que creen que la historia comenzará cuando se haya restablecido el pasado precolombino”.

Y este otro: “Provincia es el mundo de la infancia y la primera juventud, no la “provincia” estereotipada que desprecian, con arrogancia municipal, los desvalidos capitalinos que al cabo, creyéndose participantes de “los últimos refinamientos” de Europa, en la Ciudad Luz merecieron el nombre de “rastacueros”, es decir, los que simulan y quieren ser lo que no son… ni pueden ser”. (Rastacueros es advenedizo, nuevo rico, vulgar). Demoledor, el señor Gutiérrez Girardot.

En síntesis: que confieso mi supina ignorancia en los temas tratados por este “ignorado” colombiano. Por eso y para terminar, debo decir que aún no se si parte de la poesía del Cartago de hoy... es anecdótica; o si las intervenciones de ciertos categóricos interlocutores son solo cansones monólogos... que nadie está interesado en oir; o si los tiernos intentos por tratar de que el Cartago Eterno no desaparezca ante la avalancha foránea… han logrado su propósito. Ignorante que es uno, ole.

Y que me perdonen esa ignorancia los eruditos de la parroquia (la erudición -dijo no se quien ¿tal vez algún ignorante envidioso?-... “es apenas el vano amontonamiento de datos inútiles”).

(Este artículo fue publicado en la primera página por el periódico “La Voz Independiente” de Cartago, en su edición # 37 correspondiente al mes de septiembre de 2015. Al leerlo, el escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal remitió un correo electrónico -que el autor no conserva- en el que calificó a Gutiérrez Girardot como, palabras más palabras menos, “ese hijueputa, que debe estar ardiendo en los profundos infiernos” y afirmando que no fue él quien rescató el nombre y la obra de Tomás Carrasquilla. El autor ignora cual fue la ofensa recibida por Gardeazábal de parte de este ensayista, pero debió ser de esas que dejan a la víctima... tendida en la lona. Por eso, tal vez, su reacción tan fuerte, utilizando el madrazo con todas las letras y por eso lo escribo así. Y mi tocayo no creo que sea personaje para esa caricatura. Claro que me daría mucha risa verlo así, no se si boca arriba... o boca abajo. El comentario de Gardeazábal a mi reciente artículo “Reguetón: pura basura” también fue ácido; casi, casi venenoso: “Dinosaurio anti reguetonero. ¡¡¡Para godos.... los liberales de Cartago!!!”. Reenvié ese correo electrónico a algunos amigos, parientes y conocidos con esta nota: “El viejito resultó adicto al reguetón. Me lo imagino bailándolo como el español de noventa años que difundió un video, enseñando a componer esos ritmos mamones”. Y aquí se me salió el caricaturista en prosa que llevo dentro... y a veces lo utilizo con deleite morboso. De manera que, mi muy apreciado y nunca bien preponderado“Gardis”... chupe por criticón).

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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