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Un consenso que lleve a la paz

Publicado: Domingo, 16 de octubre de 2016  |  9:04 am
Carlos Alberto Bermúdez Cardona

Eso lo que, hoy, debe de estar llamando a la reflexión de esos colombianos, y a la comunidad internacional, que seguramente se pregunta cuáles son las salidas para volver al camino correcto después de semejante ligereza.

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Que la mayoría de la población haya sido indiferente a ese momento histórico, tiene un altísimo precio para ser valorado desde los deberes y los derechos de cada uno de esos impasibles ciudadanos y que buscaba refrendar un acuerdo, a todas luces “imposible de ser perfecto”, de paz; que, de serlo, solo beneficiaría a un bando en discusión.

Algunos dicen que esa frustración, no creer en acuerdos, tiene su origen en junio de 1953 y después de 5 años donde el país estuvo en manos de una junta militar (hasta agosto 1958).

Le siguieron los gobiernos que hicieron parte del llamado frente nacional (Agosto de 1958/1974) cargados de hechos históricos - golpes de estado, presidentes de facto y  asamblea constituyente - con las posteriores consecuencias de desigualdad. ¿Tendrá justificación esa frustración? ¿Aún viven anclados en un pasado que no ya no les pertenece?

Tan importante era y con mayor razón es, ahora, para el país; y más allá de los resultados del Si y el NO, que de hecho se había convertido en el propósito - unos mas sinceros que otros - de los últimos 7 (siete) presidentes la mayoría durante el siglo pasado y 9 (nueve) gobiernos a la fecha.

Debe de estar muy claro en el imaginario colectivo, que es sin duda una oportunidad, tal vez irrepetible, de seguir insistiendo con el cese al fuego, como garantía para seguir revisando y ajustando, algunas partes, de lo ya acordado.

Para de esta manera todos  nos encaminemos como nación, hacia una verdadera paz estable y duradera; pero lo más importante…Sin más víctimas que sumar a la escalofriante cifra de muertes, desapariciones y desplazamientos.

Eso lo que, hoy, debe de estar llamando a la reflexión de esos colombianos, y a la comunidad internacional, que seguramente se pregunta cuáles son las salidas para volver al camino correcto después de semejante ligereza.

Resultado solo comparable - guardada la proporción y los intereses de por medio - a lo también recientemente sucedido con los ingleses frente al Brexit / Gran Bretaña fuera de la Unión Europea.

De hecho, en ambos casos, casi nadie en especial los jóvenes  imaginaron las consecuencias en el mediano y largo plazo; solo en el corto se observaron como se tambalearon las principales bolsas de valores con influencia a nivel mundial; algo similar sucedió con el dólar en lo nacional.

Al punto que la misma realeza británica, actualmente, hace lobby en los diferentes países para bajar la tensión y llamar a la prudencia en el futuro manejo de las relaciones comerciales con ellos y  la zona euro.

La razón que exponen los jóvenes ingleses – frente al monumental desplante y en entendida situación están nuestros jóvenes colombianos – fue que no estuvieron bien informados sobre lo que pusieron en juego, al no salir a votar, creando incertidumbre frente al crecimiento económico y la generación de más empleo, hecho igual de valido para el país, a lo que hay que sumarle la fragilidad de la existente paz.

Lo cierto es que, para el caso que nos ocupa hoy, fueron esos jóvenes y adultos jóvenes, esa inmensa mayoría del 62%, que se negó esa oportunidad de decidir la suerte de un poco más de 48 millones de almas.

La razón que pueden esgrimir,  y para abreviar, es que desconfían o en el peor de los casos, repudian la forma como algunos políticos anteponen  sus intereses personales y solo para satisfacer la necesidad de poder;  despreciando el sentir de toda una comunidad en gran parte vulnerable y una clase media que soporta todo el peso de una mala distribución del ingreso; en otras palabras dejan que los demás decidan por ellos.

Los que votaron por el NO “presumimos” lo hicieron con criterio propio guiados por el desarrollado sentido crítico y de pertenencia por un mejor país; posición que seguramente lo determinó el nivel educativo alcanzado, la condición socioeconómica y la no indiferencia frente a una sociedad que busca desarmar los espíritus guerreristas y anhela una paz estable y duradera.

Los que votaron por el SI; lo hicieron pensando especialmente en las victimas, o mejor con la esperanza de no sacrificar más  vidas humanas, la mayoría inocentes, y en la posibilidad que una vez terminada la guerra esos inmensos recursos poder destinarlos para la infraestructura, la inversión productiva y social.

En todos los casos y con la esperanza que dentro de 20 años la historia nos juzgará, ya no como ingenuos fatuos, sino como un pueblo sensato que corrigió a tiempo regresando al correcto camino que nos alejó de la desesperanza y nos permitió abrazar una paz estable y duradera.

Regresando a los resultados del plebiscito; y frente a esa nueva realidad, hay que reconocerlo, lo que hoy está sucediendo nos llena de incertidumbre sobre el futuro de una sociedad que premia el machismo, egocentrismo, la exclusión y el populismo.

Este último simulado mensaje que propone desarrollar políticas públicas que defiendan los intereses políticos y económicos de los más pobres y vulnerables. 

Ahora es claro el hecho que la esperanza se centra en que funcione el multimencionado acuerdo nacional y partidista; y que ya todos en la mesa, los representantes de los gremios, los industriales, los partidos y las guerrillas ajusten los puntos neurálgicos acordados para que se le dé aplicabilidad a un nuevo acuerdo final.

Frente esa posibilidad, nos negamos a creer que paralelamente exista la posición infame del expresidente Uribe de dilatar el proceso hasta las elecciones de  2018 con el único propósito de satisfacer intereses mezquinos, para seguir manipulando conciencias con el único propósito de retomar el poder y seguir haciendo justicia con sus propias manos y legitimadas desde el Estado.

Reconocemos también que nunca fue fácil negociar con unas arrogantes guerrillas que solo pidieron perdón, utilizando sus propios tiempos, y en medio del protocolario discurso final; entendemos que es larga la lista de perdones, de parte y parte, para el descanso espiritual  de los familiares de miles de víctimas directas del conflicto.

Reconocemos las salidas en falso de algunos funcionarios públicos en su deseo de protagonismo que exacerbaron los espíritus, no sacrílegos, de los defensores a ultranza de la moral y las buenas costumbres.

Sin perder de vista, los exabruptos de algunos primarios jefes guerrilleros que en su absoluta ignorancia sobre la esencia de lo acordado; pretendieron hacer protagonismo – los que nunca debieran haber estado allí – para intentar aparecer como víctimas; y como si fuera poco el yerro, asumiendo actitudes victoriosas que lo único que hicieron fue alimentar el desprecio, en el imaginario colectivo, dado que tanto conocen de esos crímenes de guerra. Falto prudencia y se excedió en arrogancia.

También reconocemos que no fue fácil para los delegados del gobierno en la mesa de negociaciones, aceptar los inamovibles planteados por las guerrillas; esas delirantes posiciones deben de pasar por un nuevo rasero, teniendo muy presente de no mirar la paja en el ojo ajeno, ignorando la viga que está en el tuyo. 

Hoy, como en el pasado, reconocemos que el acuerdo no es ni será perfecto, pero para avanzar rápidamente y eficazmente se debe tener en la cuenta que las nuevas propuestas que deberán  llevar la luz suficiente…De tal forma que no sea tanta que queme al “santo” ni tan poca que no lo alumbre.

Estos consideramos, que busquen el consenso, son los temas que se deben tratar con los pies en la tierra y sin que haya borrón y cuenta nueva, pero sobre todo sin arrogancia e hipocresía y buscando el equilibrio de cada una de las partes a saber:

Entre muchos otros temas se deberá revisar  la reparación de las víctimas y la entrega de los bienes adquiridos, pagar la pena con trabajo agrícola en empresas cooperativas,  libertad restringida y en sitios claramente determinados por parte todos los involucrados y responsables de actos de barbarie.

Uno de los temas que más molesta es la aplicabilidad de la justicia transicional frente a la justicia ordinaria, ahí habría que lograr un consenso para que las dos funcionen según lo amerite el caso y con el  alcance no solo a guerrillas y militares, sino a otros actores armados así como a ciudadanos, empresarios y ex-presidentes. 

Para terminar cito las palabras del Presidente, el economista, Juan Manuel Santos Calderón. “Vamos a lograrlo, vamos a lograr terminar para siempre con la violencia, el retorno de los desplazados a sus hogares, la oportunidad de que, como lo reconocen todos, con un país en paz el progreso, el desarrollo, el empleo lleguen a todos los colombianos. No podemos perder esa oportunidad” Tomado del Diario el País de Cali. Amanecerá y veremos. 

Carlos Alberto Bermúdez Cardona

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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