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Consulta Anticorrupción: ¿legitimidad, populismo o desacierto?

Publicado: Lunes, 20 de agosto de 2018  |  9:28 pm
Víctor Alfonso Álvarez Mejía

El plebiscito anticorrupción pone nuevamente en discusión las herramientas de participación ciudadana en Colombia.

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El próximo 26 de agosto los colombianos tenemos una cita con el tarjetón de la consulta anticorrupción, que sobrevivió a varias postergaciones en el Congreso, donde se logró una votación favorable de 84 senadores de todas las fuerzas y partidos políticos del país sin ningún voto negativo. Este tarjetón es producto de la recolección de 4’236.681 firmas, que fueron avaladas por la Registraduría General de la Nación.

En caso de lograr la aprobación mayoritaria de los más de 12 millones de votos del umbral electoral, cada pregunta que pase deberá ser discutida por el Congreso en máximo un año. Si el Congreso no lo hace, el Gobierno Nacional podrá aprobarlas por decreto. Hay proyectos de ley similares radicados por el Gobierno Nacional, lo cual no garantiza su éxito como ya ha sucedido en situaciones similares, por lo que el resultado positivo de la consulta tendría efectos concretos a mediano plazo.

En un país como Colombia, con serias falencias en servicios básicos como educación, salud, trabajo, vivienda, infraestructura, seguridad y medio ambiente, el fenómeno de la corrupción desangra por 50 billones de pesos nuestro presupuesto público.

La legitimidad del sistema electoral nuevamente está en juego. En la democracia colombiana (con sus falencias históricas de exclusión, baja participación, violencia política armada y casos de corrupción electoral) se presenta una disyuntiva inusitada. Estamos ante un serio cuestionamiento.

Uno puede encontrar argumentos a favor y en contra de la consulta, desde lógicas opuestas. Si analizamos los principios de la lógica liberal, en el sentido político de la palabra, no podría limitarse un ejercicio democrático más allá del resultado que este fuera. Es decir, en caso de que la consulta no pase o sean votadas negativamente las preguntas de forma mayoritaria, tendríamos que asumir que para nuestra sociedad no hay que manifestarse electoralmente contra la corrupción o, por lo menos, no en los casos a los cuales apela la consulta.

Por el lado de una “lógica populista”, (sin desmeritar el término, Cfr. LACLAU, Ernesto. La razón populista) se podría argumentar, que disputar el significante anticorrupción es parte de una lucha por la hegemonía política, tanto como lo ha venido siendo la realización y aprobación de esta consulta en el Congreso, el plebiscito de los acuerdos de paz y la elección presidencial.

Estamos en un momento de confrontación entre la vieja y la nueva clase política. Evidentemente, se están tensionando las relaciones de poder en nuestro país por la vía democrática - quizás como nunca antes- a diferencia de lo vivido en los momentos más violentos de nuestra historia reciente.

En último lugar, vale la pena cuestionar el proceder del Partido Centro Democrático desde el 7 de agosto, donde no solo manifestaron cuestionamientos a la consulta que meses atrás habían apoyado, sino que también rompen la posibilidad de un acuerdo sobre lo fundamental que nos debe unir a todos en Colombia: la lucha contra la corrupción. Tal vez fue un desacierto de quienes impulsaron esta consulta, que desestimaron la habilidad de nuestra clase política para luchar contra los intereses populares y creyeron en sus promesas de campaña electoral.

Víctor Alfonso Álvarez Mejía

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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