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¿Crisis de qué?

Publicado: Lunes, 14 de noviembre de 2016  |  10:21 am
Gustavo Duncan

La crisis no es de la democracia sino de unas élites en la interpretación de unas mayorías que se sienten subrepresentadas en las decisiones políticas y en la opinión pública.

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A raíz del Brexit, del ‘no’ y de Trump muchos analistas han comenzado a hablar de una crisis en la democracia. Algunos han llegado al extremo de culpar de la destrucción de sus principios a una mezcla de ignorancia y miedo de la gente durante las votaciones. En esa lógica hasta se preguntan por qué no desconocer los resultados.

Nada más desacertado. Primero, porque pretende invocar el carácter antidemocrático de los resultados cuando en realidad sus consecuencias son de otra naturaleza. En el Brexit lo que estaba en juego era si seguían en la Unión Europea. En el plebiscito si se estaba de acuerdo con lo pactado con las Farc. Puede que las decisiones tomadas por los votantes sean inconvenientes a futuro pero en nada tienen que ver con la destrucción de las instituciones democráticas.

Más debatible es el caso de Trump. Su demagogia, su xenofobia, su misoginia y su agresividad en las relaciones internacionales podrían traer consecuencias lamentables para las minorías y para la estabilidad del mundo. Pero es improbable que cambie las reglas del juego de la democracia como lo hicieron Chávez y sus amigos en América Latina, o si se quiere como lo quiso hacer Uribe cuando veladamente aspiraba a un tercer período.

En el fondo el problema de los analistas es que se niegan a reconocer que el proyecto político que ellos visionaban dejó de hablarle a importantes mayorías. A gentes que, aunque no necesariamente eran los más pobres ni quienes vivían en las peores condiciones, veían cómo sus intereses y su visión de la sociedad no eran considerados por la élite dirigente.

Los blancos de EE.UU. y Europa que asistieron a una reducción relativa de sus salarios, al paro y al deterioro de la clase media, al tiempo que veían a sus líderes enriquecidos y preocupados en otros asuntos, han sido obviamente los que más se han contagiado de la opción populista. Puede ser de izquierda como Podemos o de derecha como Trump. Así su situación no sea tan crítica como los refugiados sirios y subsaharianos, sienten que merecen mayor atención en el debate político y consideración en los sacrificios económicos. La respuesta no puede ser simplemente que los inmigrantes hacen el trabajo que ellos no hacen.

En Colombia aquellas élites que lideran el proyecto de sociedad y que dirigen el estado no han comprendido que las prioridades de la mayoría cambiaron. Algunos tecnócratas ya han advertido sobre el impresionante crecimiento de la clase media más allá que sea todavía un sector social en condiciones muy vulnerables. Cualquier desajuste en la economía o crisis política significa su desplome.

¿Qué tienen que ver con el ‘no’? Muchos de ellos, junto a sectores de clase media ya consolidados, han sido afectados por las Farc. Algunos les tocó pagar extorsiones o fueron expropiados. Otros muchos sintieron cómo los negocios de la comunidad se iban al traste por la presencia guerrillera. Ellos fueron totalmente despreciados por los progresistas que rodearon a Santos en las negociaciones de paz. Había espacio para indígenas, LGTB, feministas, etc., pero no para ellos.

La crisis no es de la democracia sino de unas élites en la interpretación de unas mayorías que se sienten subrepresentadas en las decisiones políticas y en la opinión pública. Ojalá en Colombia se decidan a interpretarlas correctamente antes que algún populista, en medio de una crisis de la clase media, lo haga.

Gustavo Duncan  / El País
Sigue en Twitter @gusduncan

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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