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Cuentas claras

Publicado: Domingo, 11 de marzo de 2018  |  1:35 am
Gustavo Duncan

La fundación De justicia acaba de lanzar una investigación titulada Cuentas claras. El papel de la Comisión de la Verdad en la develación de la responsabilidad de empresas en el conflicto armado colombiano.

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La fundación De justicia acaba de lanzar una investigación titulada Cuentas claras. El papel de la Comisión de la Verdad en la develación de la responsabilidad de empresas en el conflicto armado colombiano. La investigación, indica como su título, ofrece una interpretación sobre las responsabilidades del empresariado y el papel de la Comisión de la Verdad al respecto.

Hay cosas buenas, como el recuento internacional de casos y la advertencia que el papel de los empresarios varió de acuerdo a variables como su tamaño y ubicación. También hay aspectos cuestionables como el hecho que el informe prácticamente no repara en la victimización de los empresarios y los presupone como victimarios puros.

Sin embargo, la gran falla del informe está en un error que reiterativamente se comete al analizar la economía política del conflicto colombiano: suponer que se trató de un enfrentamiento entre élites económicas contra una rebelión de obreros y campesinos por razones redistributivas. De acuerdo a esta versión los empresarios utilizaron directa e indirectamente métodos de represión irregular, es decir ejércitos paramilitares como un mecanismo de represión de clase.

Se subestima así el papel de la política en el conflicto. Quienes organizaron las guerrillas ciertamente tenían en mente reivindicaciones de clase, pero eran reivindicaciones supeditadas a un proyecto político mucho más ambicioso: la conquista del poder para crear un nuevo tipo de sociedad. Por algo las reivindicaciones de sectores en desventaja económica, como podría haber sido una reforma agraria, fueron pospuestas para el final del conflicto, cuando las guerrillas se hicieran con el Estado.

Al tener las guerrillas un objetivo político tan ambicioso, la reacción provino de los más diversos sectores sociales. Desde élites políticas y narcotraficantes hasta campesinos pobres y gente del común, pasando por empresarios, se vincularon al paramilitarismo de una manera u otra para defenderse de la presión por recursos y de los abusos cometidos por las guerrillas. Esto ocurrió sobre todo en las regiones porque solo allí las guerrillas tenían capacidad de amenaza militar.

Los ganaderos, por ejemplo, estuvieron vinculados con mayor intensidad al paramilitarismo precisamente porque era la actividad económica más expuesta al secuestro y la extorsión. Estaban ubicados en zonas rurales donde la protección del Estado era mínima. Por la misma razón, han sido uno de los sectores de la economía que más víctimas ha puesto en el conflicto.

Pero la mayor parte de la población, incluyendo los empresarios, evitaron en lo posible hacer parte de los bandos en disputa. Ajustaron sus comportamientos a las nuevas realidades que traía el conflicto. En entrevistas a empresarios se encuentra que el dilema no era si crear grupos paramilitares o no, sino si quedarse en el lugar o abandonar su negocio. Cuando ocurrieron, los pagos hechos a paramilitares, y también a las guerrillas, en su mayor proporción tenían como propósito poder subsistir en el lugar no definir los resultados globales de la confrontación.

Por supuesto que existieron empresarios que utilizaron el conflicto para enriquecerse. Algunos aprovecharon para eliminar sindicalistas o competidores incómodos, para despojar tierras y para acceder a las rentas de las drogas. Pero fueron unos pocos si se compara con el agregado de los empresarios del país.

Gustavo Duncan | El País | @gusduncan

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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