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Cuestión del olfato

Publicado: Sábado, 08 de julio de 2017  |  9:56 pm
Alejandro Samper

No solo en los laboratorios de esta universidad hay ratones que suben de peso con solo usar su nariz. Aquí, en nuestras calles, hay quienes engordan sus bolsillos con el mero olor de la oportunidad de hacer negocio con dineros públicos.

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La siguiente información podrá desmoralizar y angustiar a algunas personas seguidoras de las dietas: el olor de la comida engorda. Así lo publicó la revista Cell Metabolism, en la que científicos de la Universidad de Berkeley demostraron -tras unos experimentos con ratones- que oler los alimentos lleva a que en el cerebro se despierten ciertas zonas que controlan nuestro metabolismo y que hacen que el cuerpo acumule calorías, grasas y demás sustancias amigas de los michelines.

A mala hora aparece este informe. Colombia vive un auge gastronómico y el negocio de la restauración, según la Asociación Colombiana de Industria Gastronómica (Acodres), creció un 22% en todo el país en 2015. Se esperan los resultados del año pasado, pero todo indica a que fueron positivos tras conocerse que el sector gastronómico aportó 36 billones de pesos en impuesto al consumo entre el 2015 y el 2016.

Manizales no es ajena al fenómeno. Basta con dar una vuelta por la ciudad para darse cuenta de que los locales de comida brotan como setas de esquina a esquina. Ahora, sin embargo, toca caminar con tapabocas por la 23 y los barrios La Estrella, Milán y Palermo, para poder mantener la línea.

Pero si cree que se salvará de engordar a punta de olfato evitando transitar por estos lados, olvida que están en auge los food trucks. Estas son unas camionetas que llevan adecuadas en su parte trasera una cocina y un mostrador, y la idea es rodar por las calles para llevar sus productos directamente a los clientes. Basta con encontrar un sitio dónde parquear por un rato y dejar que los aromas de los alimentos en preparación atraigan al hambriento.

El concepto del food truck, sin embargo, se desvirtúa un poco cuando estos vehículos se instalan para siempre en un lote y empiezan a pagar una servidumbre. Esos ya no son food trucks, son chuzos montados en cuatro llantas, que es lo que al parecer quieren instalar en la calle 55 con Avenida Paralela.

Desde finales del año pasado se construye allí, en el barrio Ibiza, una especie de bulevar cuyo costo inicial era de $211 millones pero -por esas cosas de nuestras contrataciones en obras públicas y tropiezos de constructores- le tuvieron que sumar recursos por $101 millones porque “no vieron” un muro de contención en mal estado que había allí. O sea, un incremento cercano al 50% de toda la obra por falta de olfato de planeación.

¿Cuál era el interés de construir un bulevar de food trucks en esa zona residencial? ¿Quién discutió o planteó el proyecto? ¿Quién se beneficia? ¿Hay demanda por un sitio de comidas de estas características en este sector de Manizales? Hasta ahora ninguna de las autoridades locales da respuestas concretas a este asunto que evoca ese aroma de improvisación que fue Aerocafé.

Al ver esta situación pienso en los investigadores de Berkeley y en que no solo en los laboratorios de esta universidad hay ratones que suben de peso con solo usar su nariz. Aquí, en nuestras calles, hay quienes engordan sus bolsillos con el mero olor de la oportunidad de hacer negocio con dineros públicos.

Alejandro Samper

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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