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Del petricor al formol

Publicado: Domingo, 21 de mayo de 2017  |  9:41 am
Alejandro Samper

Los constructores, de manera preocupante, siguen empeñados en levantar torres en esta zona. Proyectos bonitos, de vista impresionante, pero que rayan en la imprudencia.

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Los antropólogos, según un artículo publicado hace un tiempo en el periódico La Vanguardia*, señalan que el petricor, que es la palabra que define el olor de la lluvia, tiene “una relación fuerte y positiva” con la evolución del hombre. Este aroma nos indicaba las posibilidades de supervivencia.

En Manizales, sin embargo, este olor -que para algunos es una mezcla de asfalto, yerba, ozono y metal- nos despierta el sentido de supervivencia. Nos alarma y nos preocupa.

Ya sabemos, con ejemplos crueles, que cuando aquí llueve las montañas se derriten. Aparecen los problemas: las evacuaciones, las inundaciones, los damnificados. También salen los análisis sobrediagnosticados. En este espacio, por ejemplo, me repito anualmente en las edificaciones que se levantan a los costados de la Avenida Alberto Mendoza y por el sector del Cerro de Oro.

Este año, sin embargo, no estoy solo en mi preocupación. El senador Mauricio Lizcano escribió para este mismo periódico el texto Manizales: la responsabilidad de un territorio (mayo 12 de 2017) en el que dice: “Hoy se hace un llamado por la forma en que se viene ocupando el territorio en la ladera que conduce del Batallón Ayacucho al sector de Expoferias, según las normas lo permiten. Podríamos decir entonces, que aunque el suelo esté habilitado para desarrollarlo, este desarrollo urbanístico puede colocar en riesgo la estabilidad del suelo y con ello la vida de quienes lo habitan”.

Palabras más, palabras menos, en esa montaña está permitido construir, pero no es lo debido. Sus laderas han sido intervenidas para evitar deslizamientos, más no para sostener edificios. Su suelo es arena, piedra volcánica y ceniza. Súmele que de su interior brota agua, lo que indica nacimientos y bolsas del líquido.

Además, es un área susceptible a los sismos. Por allí cruza la Falla El Perro que, según el texto Apuntes de geotecnia con énfasis en laderas**, atraviesa el sector del Bosque Popular hasta el Cerro de Oro, y afecta los barrios La Sultana, Minitas y La Cumbre. Una falla que se suma a la de Romeral y a la Caldas Tear, estudiadas por el profesor Gonzalo Duque Escobar y el geólogo Carlos Borrero, y que afectan a Manizales.

Pero todo esto vale huevo. Los constructores, de manera preocupante, siguen empeñados en levantar torres en esta zona. Proyectos bonitos, de vista impresionante, pero que rayan en la imprudencia, por no decir la ilegalidad. La ambición y afán de ocupar espacio los llevan a hacer cosas como lo ocurrido en el conjunto Santa María del Camino, donde varias casas tendrán que demoler sus patios traseros porque el constructor se pasó por la faja las normas de linderos.

Construir sobre la Avenida Alberto Mendoza y el Alto del Perro es insensato, pero deja buenos dividendos. Además hay demanda. LA PATRIA publicó ayer el informe Se solidifica la construcción de vivienda, en el que se registra el incremento de construcción inmobiliaria en la región en el último año. “La mayor oferta de esta vivienda, diferente a interés social, se concentró en los estratos 3 y 6, incluyendo comunas como Palogrande (22,3%) y la comuna Ecoturístico Cerro de Oro (17,8%)”.

Manizales crece, pero debe hacerlo de manera responsable y en sectores idóneos. Las autoridades deben apretar sus controles a los constructores (son peligrosas esas amistades que recorren las curadurías y meten las manos en los estudios del POT). Hay que evitar cosas como las de Santa María del Camino (o la torre Space, en Medellín; o esos edificios de Cartagena que se desplomaron y dejaron 20 muertos). Para que cuando tiemble o llueva no pasemos del petricor al olor del formol.

Alejandro Samper | La Patria

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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