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Un desastre evitable

Publicado: Domingo, 12 de agosto de 2018  |  8:31 am
Gustavo García Vélez

La Nasa anunció ayer el lanzamiento de una sonda solar, reiniciando el estudio del cosmos. “Las altas temperaturas de Venus se deben al efecto invernadero a gran escala. Es una advertencia: algo desastroso puede ocurrirle a un planeta bastante parecido al nuestro” (Carl Sagan).

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“Pensar de la ciencia moderna como de una suma de conocimientos prácticos, implicaría errar su interpretación. Un Einstein o un Eddington no se interesaron más en los problemas del mundo laborioso que lo que en su tiempo lo hicieron Santo Tomás de Aquino o Alberto Magno. En realidad, la ciencia pura ocupa en la actualidad un lugar similar al del escolasticismo en el siglo trece. Es un sustituto de la lógica como disciplina mental y, al unísono, la expresión del insaciable deseo de conquistar toda suerte de conocimientos para lograr el dominio intelectual del universo. El filósofo escolástico valíase de métodos asaz diferentes, pero sus aspiraciones eran las mismas, así como sus esperanzas” (Edward McNall Burns en “Civilizaciones de Occidente: su historia y su cultura”).

Traducido esto al idioma nortevallecaucano quiere decir que, aunque para algunos el próximo lanzamiento al planeta Venus de una nave no tripulada es algo que no ayuda a nada práctico ni sirve para conseguir plata, sí gana la civilización en conocimientos con los cuales dominar el universo.

En el estrecho descubierto por Fernando de Magallanes en 1520 (en el primer viaje alrededor del mundo que efectuó el hombre) no vive casi nadie, tal vez por quedar literalmente en la mismísima Patagonia. En Venus, como veremos, tampoco podrá vivir nadie. Pero sólo los ignorantes negarían la importancia de estos hechos. Como decía Ortega y Gasset en “Misión de la Universidad”: “(…) Poco se puede esperar de quien solo se esfuerza cuando tiene la certidumbre de que va a ser recompensado (…)”.

En “El Tiempo” del 7 de abril, sección “En Foco”, hablaron del último fracaso de los rusos en misión a Marte, pero no contaron todos los de los gringos en 1976. “La Voz del Norte”, sección “Tragaluz”, les relata hoy todo lo referente a Venus antes del próximo vuelo. ¿Qué tal?

A finales de este mes, un trasbordador espacial de la tercera generación (el “Atlantis; los otros fueron “Challenger” y “Discovery”) lanzará desde más allá de la atmósfera terrestre -por primera vez se utilizará este método- una nave no tripulada, bautizada “Magallanes” y con destino al planeta Venus, para continuar su estudio, suspendido hace diez años. Y decimos que suspendido, porque ya hay chatarra en Venus. Cerca de doce vehículos espaciales de Estados Unidos y Rusia entraron en la densa atmósfera de Venus, pero sólo unos pocos sobrevivieron realmente durante casi una hora en su superficie.

Los rusos llegaron primero. Cinco naves soviéticas (“Venera” 8 a 12) aterrizaron en Venus. Los “Venera” 9 y 10 tomaron fotografías de su superficie y las transmitieron a la Tierra, antes de quedar fritos. Los Estados Unidos lograron éxito por primera vez en 1978 y 1979 con dos de las cuatro sondas “Pioner Venus”. En estos vuelos, tanto rusos como gringos utilizaron cohetes impulsores tradicionales, como el del vuelo a la Luna, que colocaron las naves más allá de la atmósfera y luego, con señales enviadas desde la Tierra, fueron orientadas e impulsadas hasta Venus. El “Atlantis”, en cambio, cargará a “Magallanes” y luego los astronautas lo sacarán y lo “empujarán” rumbo a Venus. Ellos regresan en el trasbordador.

¿Qué se sabe de este planeta? En primer lugar, que fueron los asirios quienes bautizaron los planetas observables a simple vista. Los nombres actuales son traducciones de los griegos. Venus es la representación griega de la diosa mesopotámica Ishtar. En Venus hay grandes altiplanicies, el doble de altas que las mesetas tibetanas. Una de ellas, precisamente, fue bautizada por los griegos como “Tierra de Ishtar”. Venus es un planeta del tipo terrestre, es decir, con su superficie sólida, como Mercurio, Marte y la misma Tierra. Júpiter, Saturno y Urano son, en cambio, gaseosos, sin superficies sólidas y por eso son descomunalmente grandes. En Júpiter cabrían mil Tierras. Venus tiene casi la misma masa, el mismo tamaño y la misma densidad que la Tierra. Es el planeta más próximo a nosotros y durante siglos se le ha considerado como hermano de la Tierra, pero Marte es un mundo mucho más parecido a la Tierra que Venus, aunque más pequeño y un poco más lejano. La Tierra está entre Venus y Marte (o mejor, sus órbitas) siendo Venus el más cercano al sol de los tres. El orden de esta cercanía es: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón. Entre Marte y Júpiter hay una enorme distancia, surcada por millares de asteroides de diferentes tamaños: tal vez pedazos de un planeta que explotó. La distancia promedio de la Tierra a Venus es de 60 millones de kilómetros.

El planeta que nos ocupa gira en sentido contrario a la Tierra y los demás planetas sólidos. O sea, que el sol nace por el oeste y se pone por el este, tardando del alba al ocaso 118 días terrestres. Mientras la Tierra gira sobre su eje en 24 horas, Venus emplea 243 días. Su temperatura es de unos 480 grados centígrados, más alta que la del horno casero caliente. Un casco de la construcción -una cachucha de plástico- en Venus prácticamente se derrite (Venus en la mitología griega era la diosa del amor: qué buen tema para el humor de “Chupín”). La presión atmosférica es 90 veces superior a la de la Tierra. Las imágenes de la superficie de Venus desde su órbita o desde nuestro planeta sólo se obtienen con radar, porque no es observable su superficie desde arriba por la gruesa y permanente capa de nubes que la cubren y que son ligeramente amarillentas, surcadas por vientos de 360 kilómetros por hora en su alta atmósfera. En todo Venus siempre está lloviendo ácido sulfúrico (otro tema para el cáustico “Chupín”) y nunca una gota alcanza la superficie: el calor la evapora. Esas nubes están situadas a 45 kilómetros de su superficie. Por debajo de esta altura la atmósfera es densa pero cristalina; pero la presión atmosférica es tan alta, que casi no podríamos ver su superficie desde allí, porque la luz del sol rebota en ese “aire” enrarecido hasta que perdemos toda imagen de la superficie. En esa superficie no hay polvo, ni nubes, sólo esa atmósfera cada vez más densa. Casi se puede palpar. Las nubes que cubren el cielo transmiten bastante luz solar, aproximadamente la misma que un día encapotado de la Tierra. Desde Venus, lógicamente, no se ven ni el sol, ni las estrellas.

Carl Sagan, científico norteamericano, en su obra “Cosmos” (de la que he resumido textualmente casi toda esta información) dice que “Venus es una especie de catástrofe a nivel planetario. Sus altas temperaturas se deben al efecto invernadero a gran escala. Es una advertencia: algo desastroso puede ocurrirle a un planeta bastante parecido al nuestro”.

Para terminar, convoco a los aficionados a la astronomía para que formemos un club. Sería todo un espectáculo sesionar en el Parque de Bolívar, tipo doce de la noche, aguardiente incluido. Si de día allí unos “arreglan” a Cartago, de noche “compongamos” nosotros todo el Cosmos. Que don Guillermo Andrade y Samuel Posada traigan los telescopios.

Cartago, Provincia Nortevallecaucana, República de Colombia, Planeta Tierra. Abril 9 de 1989.

(Este artículo fue publicado con el título de “Magallanes” por el semanario cartagüeño “La Voz del Norte”, en su columna “Tragaluz”, el sábado 22 de abril de 1989. En la semana que pasó en este 2018 la Nasa anunció el lanzamiento de una sonda solar, reiniciando el estudio del cosmos. “Chupín” era Jesús María Pineda (q.e.p.d.), famoso por su humor negro. Guillermo Andrade también falleció. Y Samuel Posada es un querido amigo que reside en Pereira. Provoca enviárselo hoy, casi 30 años después, al ex vicepresidente de Estados Unidos y ex candidato presidencial Al Gore, quien se ganó un “Oscar” y un “Premio Nobel” por insistir hasta el cansancio -hasta la náusea- en el tema del calentamiento global por el efecto invernadero. Y vea pues: ahora tenemos a Trump. Los gringos son así. )

Coletilla: También da náuseas la doble moral de las cadenas de televisión nacionales. Mientras de noche enseñan violencia con series como “La Reina del Flow”, “El señor de los cielos” y “La piloto” -una detrás de otra... con el mismo argumento mafioso-, en sus noticieros se lamentan de que esa misma violencia se haya tomado las calles de las ciudades.

Gustavo García Vélez | CiudadRegion

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.