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Publicado: Domingo, 11 de junio de 2017  |  9:11 am
Gustavo Duncan

Lo verdaderamente grave son dos detalles. Entre líneas se puede inferir que la campaña del ‘No’ recibió asesorías de una firma panameña o brasileña.

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En su última columna Daniel Coronell reveló el audio completo de la entrevista que Juan Carlos Vélez, directivo uribista de la campaña del ‘No’, dio al diario La República. La entrevista es un decálogo de aquello que la mayoría de los políticos en Colombia hacen pero que por ningún motivo admiten. Cuando la vanidad es demasiado grande no hay prudencia que valga. A Vélez le hizo perder cualquier inhibición ante el micrófono.

No obstante, el escándalo que se quiere hacer con sus confesiones está mal enfocado. Lo que indigna a la opinión es lo más irrelevante, al tiempo que se pasan por alto un par de detalles escalofriantes. La sociedad colombiana no es consciente que si en el corto plazo no domestica a su clase política la situación puede llegar a ser inviable.

Que el uribismo hubiera apelado a las emociones de los votantes mediante mensajes ambiguos que desinformaran a los votantes es irrelevante. La exageración y la caricatura de una entrega del país a las Farc son argumentos corrientes en cualquier campaña actual. Apelar a las emociones de la gente ha sido la esencia de la movilización política. No hay nada extraño en eso.

Los del ‘Sí’ deberían echar una mirada a la viga en el propio ojo para darse cuenta que su campaña también estuvo repleta de mensajes ambiguos y argumentos exagerados. El propio Santos anunció con todo descaro que si el ‘Sí’ perdía vendría la guerra en las ciudades y habría que subir impuestos. Pues bien, hubo paz a pesar de la derrota en las urnas y de todos modos el gobierno iba a incrementar los impuestos.

Lo verdaderamente grave son dos detalles. Entre líneas se puede inferir que la campaña del ‘No’ recibió asesorías de una firma panameña o brasileña. En palabras de Vélez cuando se le preguntó por el nombre de la firma: “Unos tipos de Panamá que son asesores panameños [sic]… que tienen... que son como panameños brasileños”. No hay que asociar demasiadas ideas para preguntarse, ¿tendrá algo que ver Odebrecht en el asunto?

El otro detalle es menos espectacular pero por mucho más grave. Vélez admitió que “cogí a cada uno de los senadores y parlamentarios y les dije me tienen que conseguir 10 millones de pesos en cuñas radiales. Ahí me levanté 400 millones. Digamos que eso no está totalizado porque esos entraron por comités regionales. […] eso fue con orden de Uribe”. No hay que confundirse. La violación de los topes electorales no es lo peor del asunto. Para ser justos la campaña del ‘Sí’ dispuso de lejos con mayores recursos provenientes de la mermelada.

Lo verdaderamente grave es que se admitió que las jefaturas políticas nacionales exigieron recursos de las bases partidistas para hacer proselitismo. No es el único caso. Hay rumores de que uno de los más fuertes candidatos presidenciales, al que se le ve haciendo alianzas con todo lo peor de la clase política regional, impone cuotas en plata y votos. Si no le cumplen, los disciplina desde la influencia que maneja en la rama judicial. Son alianzas a la brava.

Un escenario donde la élite política en Bogotá demanda recursos a los políticos de base a lo que va a llevar es a un nuevo umbral de corrupción. ¿De dónde van a sacar el dinero los senadores, alcaldes y demás políticos de las regiones? Pues del Estado a través de contratistas, puestos y demás deviaciones de recursos. En adelante tendrán que robar para ellos y para sus jefes en Bogotá.

Así apague y vámonos.

Gustavo Duncan | El País.com.co | Sigue en Twitter @gusduncan

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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