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El Duque está desnudo

Publicado: Domingo, 25 de noviembre de 2018  |  9:03 am
Alejandro Samper

No ve una. Lleva poco más de cien días e Iván Duque sigue perdido como presidente. Se tropieza constantemente con las mentiras que dijo como candidato y cuando quiere optar por la frivolidad - la misma que le ganó simpatizantes en campaña - cae en lo ridículo.

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No ve una. Lleva poco más de cien días e Iván Duque sigue perdido como presidente. Se tropieza constantemente con las mentiras que dijo como candidato y cuando quiere optar por la frivolidad - la misma que le ganó simpatizantes en campaña - cae en lo ridículo. Sus nombramientos en cargos públicos son desatinados y cuando sale a dar cifras las cuentas no le cuadran. Es un meme ambulante.

Las encuestas dejan su imagen por el piso, sus ministros y vicepresidenta no lo reconocen (la mente los traiciona y dicen que el presidente es Uribe) e insiste en defender lo indefendible. ¿No es un disparate interceder por la probidad del minHacienda Alberto Carrasquilla, la transparencia del fiscal Néstor Humberto Martínez, el conocimiento sobre el Ejército del comerciante transformado en minDefensa Guillermo Botero o la experticia en panela validada en notaría de Claudia Ortiz, nueva directora de Agencia de Desarrollo Rural, a pesar de las múltiples evidencias de que esas personas no son las idóneas para el cargo?

La ineptitud de Duque, sin embargo, se evidenciaba desde que era candidato… desde que era precandidato del Centro Democrático y respondía bien la talla de Crocs de Álvaro Uribe. Por eso, tal vez, fue ungido. El falandeiro más sonso del grupo. Al que le podían pintar canas, inventar doctorados en Harvard y fotografiar emulando a su presidente eterno.

Por eso es que ahora, como primera dignidad del país, nos deja como un culo. Reparte camisetas de fútbol como si fuera embajador de Adidas. Habla de los siete enanitos ante la Unesco. Repite cifras sin corroborar como un lorito. Dice que en cien días han capturado 50 mil delincuentes, dato que el Inpec desmiente en sus reportes mensuales. O que en el mismo lapso han “recuperado” unos 6 mil parques, sin explicar dónde.

Con lo que al parecer no contaban quienes subieron a Duque al poder era que la paz desnudaría su incompetencia. Como lo ha señalado el politólogo Ariel Ávila en varios medios de comunicación: el fin del conflicto armado con las Farc ahora nos permite fijarnos en esas cosas que antes la guerra no nos dejaba ver. Cosas que pasábamos por alto en medio de esa vorágine de muertos y violencia. Medidas que justificábamos como un medio para alcanzar un fin, así fueran corruptas.

Pero tras el fin de los grandes carteles del narcotráfico y la firma de la paz con las Farc, ya no hay un gran enemigo común que el Gobierno pueda usar para asustarnos y distraernos. Miento, lo hay. Es la corrupción que, como hemos visto en los últimos días, trepa pierna arriba y le toca los huevos a todopoderosos como Luis Carlos Sarmiento Angulo. Mas con la oligarquía nacional, Duque no debe meterse.

Entonces se buscan distracciones. Satanizar la protesta social y hacer de los estudiantes los nuevos villanos (¡absurdo!). Gravar la canasta familiar. Criticar a los artistas con discurso y acoger a veleidades como Maluma. Pero nada le sale. Ahora deberá enfrentarse al paro de los transportadores que lo apoyaron cuando fue candidato. Y vendrá el de maestros, el de trabajadores, el de los campesinos, el de la salud…

Duque está desnudo porque ese traje que era la guerra, y que por años cubrió a los presidentes, no lo arropa. Sus vergüenzas están expuestas. Si quiere cubrirse y ganarse el aprecio de la gente debe atacar la corrupción. La que nos cuesta $50 billones al año y que serviría para tapar el hueco fiscal que se estima en $14 billones.

No obstante, hacerlo es meterse con quienes subieron a Duque a la presidencia. Por eso la Ley anticorrupción que se tramita en el Congreso da tumbos y le meten trampas para quitarle dientes. No quieren quedar empelotos.

Y no nos engañemos cuando el expresidente Uribe dice que Duque debe enderezarse “porque si no endereza, nos va muy mal”. Es una estrategia suya para que no veamos que el rey también va desnudo.

Alejandro Samper | Diario La Patria

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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