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Durmiendo con enemigos

Publicado: Domingo, 18 de septiembre de 2016  |  12:50 am
Gustavo García Vélez

Nuestros dos mayores “dolores de cabeza” -el hospital y EmCartago- parece que durmieran con el enemigo. No hay derecho ni justificación para que esto suceda en una ciudad con casi 500 años de historia.

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Una cosa que recuerdo -aunque muy borrosamente… porque no es que tenga tantos años- es la imagen de las monjas vicentinas que deambulaban por nuestro hospital “Sagrado Corazón de Jesús”. Para un niñito era como ver seres de otro mundo (del extraterrestre… o el de las caricaturas), tal cual aún se ven hoy, en pleno siglo 21, unas monjas “de negro -o de gris- hasta los pies vestidas”, aunque sin esos estrambóticos gorros, con alas como de avioneta, con los que se “disfrazaban” las vicentinas.

No sé si ellas me producían miedo o risa -o ambas: risa nerviosa- y cuando a mi mamá había que hospitalizarla, entonces casi que por obligación me las encontraba. Esa es la visión que tengo del hospital.

O que tenía… hasta la noticia difundida esta semana que pasó, a través de todos los noticieros nacionales de televisión. Cartago en los titulares de toda Colombia… y no precisamente por alguna propuesta ambiciosa del actual alcalde.

Y como no me gusta hablar -y, menos, escribir- de lo que desconozco o no tengo idea clara, pues consulté con varios amigos y (oh sorpresa) ya resultaron dos versiones diferentes a la que dieron los noticieros.

Porque se le dijo a todos los colombianos que el hospital de nuestra ciudad fue prácticamente desmantelado a través de un túnel, descubierto a última hora. Y pensé: qué tristeza -y que chistoso-, mientras los empleados recorrían estas largas calles cartagüeñas, arengando en contra de la administración de esa institución y de los politiqueros que se lo estaban robando… unos avivatos, tal vez aprovechando que los trabajadores estaban “tan ocupados” en eso, sacaban y sacaban costosos equipos médicos.

Pero también me pregunté: ¿cómo es posible que nadie oyera los ruidos de la construcción del túnel? ¿O que no se notara la falta de lo que robaban? ¿A qué horas lo hacían?

Y resultó que (segunda versión) esto dizque es una noticia falsa, porque dicho “escape” fue mandado a hacer por un conocido narcotraficante -asesinado en Antioquia- y que llegó a ser concejal de Cartago. Que lo utilizaba para esconder a sus sicarios.

Y también (tercera versión), que ese hueco sin salida -que no túnel- es tan viejo como el mismo hospital y servía de depósito de basuras. Y hasta de “cuarto del olvido”… porque allá mandaban a los enfermos terminales.

Vea pues. Mojamos, por fin, aunque con malas noticias la televisión nacional… y ni siquiera la versión es cierta. Esto se volverá una telebobela -o una obra de teatro del absurdo- en tres capítulos. Propongo el título: “Durmiendo con el enemigo”, porque si roban en la cara de todos los funcionarios del hospital… Y dicen los que saben que, para justificar -o tapar- el verdadero saqueo del hospital, este show se orquestó… desde Cali. Cuándo no.

Otra noticia (esta sí muy “secreta”, sin titulares ni siquiera en los noticieros locales) es que EmCartago parece que también estuviera durmiendo, no “con”, sino “encima” de un enemigo. La cosa es así: hace años, el primer piso de la edificación en donde funciona nuestra empresa prestadora de servicios públicos, le fue entregado no sé a título de qué, ni por quién -si gratis, arrendado, en comodato- a una Asociación (que, se supone, debe estar registrada en la Cámara de Comercio), para que administrara la plaza de mercado.

Pues resulta que ese grupo le está debiendo a EmCartago -hasta agosto de este año- la módica suma de seiscientos cuarenta y cuatro millones de pesos ($644´000.000) por concepto de energía. No pagan desde abril de 2013… y no les han suspendido este servicio. Y por acueducto -a septiembre de 2016- ciento cuarenta millones ($140´000.000), deuda congelada en noviembre de 2015. No les cortan tampoco este servicio y les siguen facturando mensualmente… como si nada.

(Y a los que sí pagamos cumplidamente, nos suben de un mes a otro más del 600% en el consumo de energía, sin haber puesto un solo bombillo de más. Y la Superintendencia se demora más de año y medio en resolver una apelación… y mal contestada, porque deciden sobre predio diferente y solamente ordenan devolver lo pagado de más en un mes, cuando fueron trece).

La plaza de mercado está a una cuadra de la catedral, de la Casa del Virrey, del templo de “San Jorge” y de la sala de recibo de Cartago, su Parque de Bolívar. Por sus alrededores deambulan indigentes, alcohólicos y drogadictos, que encuentran sus guaridas en los hoteluchos que por allí funcionan.

Y cualquiera se pregunta: ¿no es hora ya de que a la plaza de mercado la trasladen a un sitio más adecuado para los servicios que presta? ¿No se erradicarían así los estigmas que vuelven feo y hasta peligroso este lugar… en todo el corazón de Cartago?

Si tuviéramos clase dirigente, ya se estaría siquiera pensando en vender, a precio comercial, este “elefante blanco” para que se reconstruya, embelleciéndolo, buena parte de nuestro centro histórico. Los casi 4.000 metros cuadrados que esa plaza de mercado ocupa, merecen otro aspecto. Y ese dinero así obtenido serviría para solucionar problemas sociales.

Nuestros dos mayores “dolores de cabeza” -el hospital y EmCartago- parece que durmieran con el enemigo. No hay derecho ni justificación para que esto suceda en una ciudad con casi 500 años de historia.

Coletilla 1: Pregunta respetuosa: el alcalde, que parece ha estado muy ocupado consultando a Kant… ¿ya lo terminó de leer? Porque me contaron que, recientemente y en acto cultural público, lo citó, aludiendo inmediatamente, antes o después… a la asfaltada de algunas calles. Yo no sabía que Herr Kant hubiera escrito una “crítica de la razón pura… y asfáltica”. Aunque eso podría haber sido una “razón muy práctica”.

Coletilla 2: Lástima que hayan suspendido la estupenda -por lo cómica- cuña televisiva y radial que estaban difundiendo sobre el plebiscito, para combatir no solo las mentiras de los uribistas, sino la supina ignorancia de otros. Que el señor de la tienda de la esquina o la chica gomela lo explican así: “me meme, me meme, me meme”, “tatatá, tatatá, tatatá”. Como eso demuestra que ellos no saben explicarnos (porque nadie les entendió), entonces nos mandan a leer un ladrillo de 297 páginas. Faltan 15 días… o sea 150 por semana, en este país donde casi nadie lee, a no ser las pendejadas de las redes sociales.

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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