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Se echa en falta

Publicado: Domingo, 05 de marzo de 2017  |  1:49 am
Gustavo Duncan

Los problemas de liderazgo se desnudan en temas como el trámite en el congreso del Fast-track y en la falta de un plan de seguridad para neutralizar los avances de las bandas criminales en los territorios donde se retiran las Farc.

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La paz con las Farc ya es una realidad y tendría que ocurrir algún suceso extraordinario para que los guerrilleros volvieran a la guerra. Pero eso no quiere decir que toda la tarea esté hecha. Hoy, más que nunca, se echa en falta el liderazgo del Presidente para consolidar los acuerdos y legitimarlos en el largo plazo, más allá del final de su mandato.

Por el contrario, si alguna percepción hay sobre la implementación de los acuerdos y su futuro es de una enorme incertidumbre. La gestión en muchos aspectos es deficiente como quedó demostrado en los problemas logísticos de las ‘áreas veredales de concentración’. Tienen toda la razón las Farc en quejarse por la falta de previsión y ejecución del gobierno, sobre todo en algo que no debería suponer tantas complicaciones teniendo en cuenta que lo que está en juego es algo tan importante como la paz.

Los problemas de liderazgo se desnudan en temas como el trámite en el congreso del Fast-track y en la falta de un plan de seguridad para neutralizar los avances de las bandas criminales en los territorios donde se retiran las Farc. El presidente Santos no pareciera estar enterado de los planes de sus subalternos. El ministro del Interior Cristo, introdujo una reforma política en el Fast-track y Santos apenas reaccionó cuando se tropezó con la reacción de los parlamentarios y de la prensa.

Más desconcierto causa que el gobierno no tuviera listo un plan de seguridad para el momento exacto en que las Farc abandonaran sus territorios de guerra. Era comprensible que durante la negociación Santos hiciera todo lo posible por evitar que la iniciativa de las fuerzas de seguridad llevaran a una ruptura del cese al fuego. Pero ahora, con las Farc concentradas, 200.000 hectáreas de coca, un ELN anárquico y bandas criminales con miles de hombres fusil es apenas obvio que si no hay algún tipo de reacción la seguridad de las regiones penderá de un hilo. Es además el motivo perfecto para buscarle una tarea a un pie de fuerza que alcanza el medio millón de hombres.

Pareciera que el problema es que Santos no tiene una política clara para el postconflicto. Se percibe un gobierno que hace agua por muchos flancos. Realiza unas concesiones inimaginables que ponen en riesgo el respaldo de sectores comprometidos con la paz. El propio General Mora Rangel, quien acompañó las negociaciones en la Habana y se supone comprometido con los acuerdos, acaba de firmar una carta junto a varios generales en retiro manifestando su preocupación con los posibles nombramientos de magistrados en la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y con “la conformación al interior de la Unidad Nacional de Protección de una organización constituida por escoltas pertenecientes a las Farc”.

Las preocupaciones son sensatas. Si Santos no interviene, la JEP puede terminar desequilibrada por nombramientos afines a las Farc y, en vez de fallar en derecho, va a ser una plataforma donde un sector político pase la cuenta de cobro a quienes consideren como sus enemigos y donde no exista una mínima simetría en la asignación de responsabilidades. En cuanto a los escoltas de las Farc pueden terminar convertidos en una policía política en regiones periféricas.

Las críticas anteriores no son un cuestionamiento al proceso. Todo lo contrario, buscan que Santos lidere la política para que los acuerdos no estallen en mil pedazos durante las próximas elecciones.

Gustavo Duncan | El País | @gusduncan

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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