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El enano de Cartago

Publicado: Domingo, 24 de julio de 2016  |  9:41 am
Gustavo García Vélez

José Antonio Machado, de 22 años, pero con el cuerpo de un niño de 5, sabía leer y escribir, tocar violín y guitarra, bailar y montar a caballo con suma agilidad y destreza. De genio despejado y vivo, su conversación era agradable y chistosa... no tenía la deformidad de los enanos, sino que era un hombre en disminución perfecta.

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Para esta edición quiero tocar uno de esos temas que los especialistas en lecturas rápidas llaman “sabrosos”.

Se trata de una historia, acontecida a finales del siglo 18 y que tiene como “personaje” a un ciudadano de Cartago: José Antonio Machado, con apellido muy cartagüeño. El Machado, oriundo de Vélez (hoy en el departamento de Santander), llegó desde Ibagué a comienzos del siglo 18, aunque hubo otro Machado originario de Lima (Perú).

Pues bien. El franciscano Luis Carlos Mantilla, miembro de la Academia Colombiana de Historia (y quien también fue el autor del libro sobre el templo de San Francisco de Cartago, publicado con motivo de su restauración -remodelación, diría yo- hace unos años), contó en “El envío de preciosidades de América a España en el siglo 18” (1998, Revista de la Academia) y con base en escrito de José Manuel Groot de 1890, que José Antonio Machado, de 22 años, pero con el cuerpo de un niño de 5, sabía leer y escribir, tocar violín y guitarra, bailar y montar a caballo con suma agilidad y destreza. De genio despejado y vivo, su conversación era agradable y chistosa. Pero lo más particular era la proporción de sus miembros, pues no tenía la deformidad de los enanos, sino que era un hombre en disminución perfecta. A alguien se le ocurrió enviarlo “de regalo” al rey de España, como objeto digno de la curiosidad de un príncipe y su madre no tuvo ningún inconveniente en entregarlo. Esperando en Cartagena el velero que lo transportaría, llegó un cargamento de esclavos negros y, entre ellos, uno enorme al que Don Antonio Caballero y Góngora, el arzobispo-virrey, compró para que sirviera de paje al enano, quien apenas le llegaba a la rodilla.

En carta fechada en el Palacio Real de Madrid el 6 de diciembre de 1786, se acusa recibo del “regalo” y se ordena a Caballero y Góngora que le entregue $200 a Margarita Machado, la madre del enano y que se le conceda pensión vitalicia. Informan además que José Antonio ya ha sido presentado a Su Majestad Carlos III, quien lo ha nombrado enano suyo, con entrada en su cuarto (ningún colombiano, ni siquiera Falcao García, ha repetido semejante “honor”: ver a Su Majestad en calzoncillos… al menos por ahora).

En el libro “Locos, enanos, negros y niños palaciegos que tuvieron los Austrias en la Corte española desde 1563 a 1700” (Editorial Presencia, México 1939), su autor José Moreno Villa dice sobre el enano José Antonio Machado (le antecede el apellido Cañizares): “(…) Casi a los 100 años de desterrados los enanos del Palacio, envía el Virrey de Santa Fe este pigmeo, que a juzgar por los muchos papeles conservados dio bastante qué hacer aun siendo tan pequeño. En 1786 se le nombra criado distinguido de Su Majestad sin cargo fijo. En 1788 pide licencia para contraer matrimonio con Clara González, natural de Arganda. En 1793 se casa por segunda vez, ahora con doña María Ibáñez. Cobra desde entonces 12.000 reales al año. En 1779 son tantas sus deudas que han de encerrarle en la Casa de los Toribios de Sevilla y se ordena que la mitad de su sueldo se lo pasen a su mujer y la otra mitad al Juez de la Cámara para satisfacer las deudas y los gastos suyos. En 1800 le levanta el rey la reclusión que sufría en el Convento de Observantes de la Salceda. En 1801 le debían a su apoderado 7.700 reales. Estando en la Salceda, fallece su mujer (…)”. Dice Moreno Villa que estos personajes fueron desterrados por los Borbones, pero se quedaron con los negros. Y que eran llamados “hombre de placer” (¡¿?!), “l´uomo piacevole”, “l´homme amusant”.

(En el cuadro “Las Meninas” del pintor español Velásquez aparecen los enanos “Pertusato” y “Maribárbola”, que están en el extremo derecho y a quienes nuestro cartagüeñito sucedió 100 años después. Otro enano, “Pablos”, también fue pintado por Velásquez, lo que demuestra que estos seres deformes sí eran personajes favoritos en la corte española, pero la de la dinastía de los Austrias, porque los Borbones que los reemplazaron no tuvieron esa “afición”, aunque fue en el reinado de uno de ellos que nuestro enano de Cartago disfrutó de los placeres y las dignidades de la aristocracia española. Vea pues. Y aquí algunos que se han creído marqueses… ni siquiera han recibido un saludito del mensajero de palacio.)

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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