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Encuestas mentirosas

Publicado: Domingo, 04 de marzo de 2018  |  12:24 am
Gustavo García Vélez

Cómo así que Humberto De la Calle, que aparece con el mejor y más grande índice de aceptación entre los encuestados, con la mejor imagen... sin embargo registra tan solo un cuarto o quinto lugar en las preferencias de voto. “Que me la barajen más despacito”, decían los abuelos en su sabiduría.

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No recuerdo desde cuándo nació este cuento de empresas encargadas de encuestar a los ciudadanos, buscando su opinión acerca de sus intenciones de voto. Lo que sí es evidente, es que se convirtió en un fenómeno mundial -en un negocio de ociosos- en los países en que impera la democracia, a pesar de las dudas que generan sus procedimientos que consisten siempre y en todas esas empresas, en hacer algunas pocas (muy pocas) llamadas telefónicas o en confiar en que el trabajo de unos encuestadores contratados por ellos, realmente sea  efectuado honesta y profesionalmente.

Y digo que generan muchas dudas esas encuestadoras, porque sus resultados son bastante defectuosos. Tales han sido los recientes casos de la elección de Trump como presidente de la democracia más grande del mundo; la sorpresa de la decisión en Inglaterra sobre su salida de la Comunidad Económica Europea; el plebiscito en Cataluña por su independencia de España. La última metida de pata de las encuestadoras fue en la reciente elección presidencial en Chile. Pero también en nuestra Colombia han sido muy evidentes los desaciertos de esas encuestadoras. En resumen: estas empresas no dan pie con bola.

Surgen entonces, casi automáticamente, las creencias de que en ese trabajo ha habido manipulación, que esas firmas encuestadoras no son más que las empresas de unas personas convertidas en extensiones -en la mano enguantada- de grupos económicos y/o políticos, en mandaderos de quienes no dan la cara... pero manipulan a la opinión pública.

No tengo ni idea de cuánto cobran esas firmas por cada una de sus encuestas, pero lo cierto es que todos los medios de comunicación las utilizan, mes por mes, para intentar darle gusto a la curiosidad de sus oyentes, lectores y televidentes. Para captar audiencia, que se refleja más tarde en la pauta publicitaria que los mantiene. Y lo más chistoso -por lo ridícula- es la seriedad (¿solo aparente? ¿no más que por asegurar su empleo?) con la que analizan esos resultados, dando por ciertos y seguros los datos que entregaron.

A solo ocho días de las elecciones para elegir a los congresistas de los próximos cuatro años, lo que reflejan esas encuestas son contradicciones evidentes. Cómo así que Petro o Fajardo encabezan las preferencias de los posibles votantes, pero las listas que ellos apoyan -supuestamente integradas por personas capaces y honestas- están en peligro de no alcanzar la cifra repartidora y, así, no elegirían a ninguno de sus candidatos al senado o a la cámara de representantes.

Y cómo así que Humberto De la Calle, que aparece con el mejor y más grande índice de aceptación entre los encuestados, con la mejor imagen... sin embargo registra tan solo un cuarto o quinto lugar en las preferencias de voto. “Que me la barajen más despacito”, decían los abuelos en su sabiduría.

Tengo un amigo matemático que, mientras uno hace crucigramas o sudokus, emplea su tiempo libre en resolver problemas de física o trigonometría. Su nombre es Luis Carlos Monsalve y es un completo escéptico acerca de los resultados de las tales encuestas. Cifras en mano, respalda su opinión: los votantes efectivos son quince millones de los treinta y siete habilitados (teniendo en cuenta la ya tradicional abstención del 60%) y los encuestados no llegan a los 1.500. Esto representa tan solo el 0.01%. Nadie con cinco dedos de frente mira con confianza esas encuestas, que por su volumen nunca pueden ser representativas de lo que están pensando o queriendo los ciudadanos. El universo de votantes es muchísimo más grande que la muestra, que es demasiado pequeña. Y, además: ¿cómo hacen para calcular el margen de error?

El muy escaso cubrimiento que hacen esas encuestadoras, es la lógica causa de la consecuencia en sus resultados: los desaciertos. Hay unas que no le pegan ni a un terminal. Entonces: ¿por qué mantienen su vigencia, a pesar de sus garrafales errores? Pues por lo ya dicho: están solamente haciéndole el mandado a algún poderoso grupo político o económico, que tiene candidato propio y fletado.

Y lo de Petro encabezando hasta ahora las encuestas para la elección de presidente de la República, a la que le faltan todavía dos meses y medio, huele a “meter miedo” para que el pupilo del magnate reciba finalmente el voto de los atemorizados. Así se manipula a la opinión pública en estas democracias modernas.

Coletilla: Las manifestaciones -casi asonadas- en contra de Uribe (en Popayán) y de Petro (en Cúcuta) no son más que la cosecha de lo que ellos mismos, con sus bravuconadas, han sembrado: el extremismo en la política. La derecha y la izquierda hirsutas nunca han sido de buen recibo en este país de clases medias. Que lo digan los herederos de Laureano Gómez, que tuvo que salir pitado del país a pedirle a su amigo facho Franco que lo guardara en España, cuando lo tumbaron sus mismos copartidarios... y su hijo nunca pudo ser elegido presidente de la República. O los mamertos de siempre que, como se decía en la época de mi bachillerato: “caben todos en una radiopatrulla”.

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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