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Enfermos de verdad

Publicado: Domingo, 07 de mayo de 2017  |  10:06 am
Alejandro Samper

La posverdad y los hechos alternativos hacen mucho daño. La gente deja de confiar en quienes por años fueron los encargados de informar, cayendo con facilidad en el engaño.

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No hace poco le dije a Fernando Ramírez, editor de LA PATRIA, que dentro de poco las noticias que publican los periódicos llevarán un sello de “fact check”, de datos verificados, con el fin de garantizar que lo allí publicado está corroborado y es veraz. No lo dije porque creyera que nuestros periódicos regionales (LA PATRIA y Q’HUBO) estén llenos de vacíos o imprecisiones, sino con el fin de dar más confianza al lector y hacer contrapeso a lo que ahora llaman “posverdad”.

Aunque el término es relativamente nuevo, la práctica es vieja. Es propaganda. Es manipulación con el fin de que la masa de gente crea en algo por el solo hecho de que apela a sus emociones. Como dijo en su momento uno de los esbirros del Centro Democrático y practicante de la posverdad, Juan Carlos Vélez: “Estábamos buscando que la gente saliera a votar berraca”.

Este año, Kellyanne Conway, consejera del presidente de EE.UU., Donald Trump, acuñó otro término: “hechos alternativos”. Información que difiere con la que muestran los medios de comunicación tradicionales y que, por lo general, defiende los intereses de la Casa Blanca así estos “hechos” no sean acordes a la realidad.

La posverdad y los hechos alternativos hacen mucho daño. La gente deja de confiar en quienes por años fueron los encargados de informar, cayendo con facilidad en el engaño. Daneidy Barrera, conocida como Epa Colombia, aceptó ser una “imprudente” en el programa que Vicky Dávila tiene en La W Radio. Ante quién sabe cuántos oyentes y cerca de 8 mil visitantes en Facebook Live esta joven aprovechó su popularidad para promocionar unas pastillas adelgazantes que comercializa en las redes sociales.

El Invima, pocos días después, encendió la alerta y dijo que esas pastillas son ilegales. Además nocivas para la salud. “Pueden generar efectos secundarios como ansiedad, aumento de la presión sanguínea, depresión, aumento del ritmo cardíaco, afecciones hepáticas y renales, dolor de cabeza, insomnio, estreñimiento, migraña, gastritis, entre algunos otros”. Epa Colombia, por su parte, en la entrevista aseguró que este producto no tiene ningún efecto secundario y ayuda a verse “regia”. Esa es su posverdad y habrá entre sus seguidores (poco más de un millón en las redes sociales) que le crean más a ella que a la autoridad sanitaria nacional.

La lucha de los periodistas contra esta nueva realidad informativa está bien dura por el constante bombardeo de información al que nos vemos sometidos, gracias a las cada vez más avanzadas tecnologías de comunicación. Lo vemos en las cadenas de mensajes y chismes que llegan por WhatsApp, que con cierta periodicidad toca salir a desmentir.

Con frecuencia hay que recordarle al ciudadano que se base en los hechos, no en la emoción, si quiere aproximarse a la verdad. Y sí, ya hay centrales de medios que se especializan en verificar datos y certificar información que saldrá publicada.

Precisamente dos trabajos ganadores del premio Pulitzer de este año tuvieron como base la corroboración de datos y no tanto la historia. 

No existe tal cosa como una “falsa noticia” o “hechos alternativos”. A eso hay que llamarlo por su nombre: Mentira. Mientras no aceptemos esto y los medios de comunicación sigamos jugándole a esta terminología, se dará más campo a una comunidad engañada. Una que sale a votar berraca y que termina con Epa Colombia como doctora de cabecera.

Alejandro Samper | La Patria

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.