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Ese círculo

Publicado: Domingo, 10 de diciembre de 2017  |  10:10 am
Gustavo Duncan

Benedetti debió haber intuido que uno de los próximos objetivos de la Fiscalía iba a ser él y que el gobierno no iba a mover un dedo para defenderlo.

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La despachada de Armando Benedetti contra el presidente Santos, Vargas Lleras y el fiscal Néstor Humberto Martínez dejó sin aliento a la opinión. Durante todo lo que va del mandato de Santos, Benedetti había sido una de las fichas principales en la defensa de la coalición de gobierno. Así que debía conocer mucho de lo que sucedía dentro de ese círculo de poder y muy grande debía ser su preocupación para romper con el gobierno de la forma cómo lo hizo.

Todo comenzó con las investigaciones que la justicia adelantaba contra Benedetti y que se filtraron a los medios, presumiblemente desde la Fiscalía. Las acusaciones no eran menores, incluían el robo a la salud de los maestros en Córdoba y maniobras para favorecer contratos a Odebrecht. Hasta su padre fue involucrado en los hechos y sus cuentas bancarias investigadas.

Benedetti debió haber intuido que uno de los próximos objetivos de la Fiscalía iba a ser él y que el gobierno no iba a mover un dedo para defenderlo. La lección estaba aprendida. Ñoño Elías y Musa Besaile que habían sido socios cruciales en las principales campañas políticas de Santos estaban en prisión. Ellos no eran parte de ese último círculo por el que el presidente es capaz de responder en privado.

En particular llamaba la atención el caso de Ñoño Elías, quien fue la ficha clave para conseguir los votos que definieron la reelección presidencial en 2014, tanto así que manejó los recursos de Odebrecht. Santos no tuvo la menor consideración con él a pesar de todo lo que le debía. Una suerte totalmente opuesta a la de Roberto Prieto, una figura perteneciente de tiempo atrás al círculo íntimo de Santos, quien por alguna razón pareciera seguir gozando la protección de la justicia. Nadie se explica por qué otra razón no ha terminado en prisión como los demás involucrados directamente en el escándalo de Odebrecht.

Fue entonces que Benedetti prefirió adelantarse y blindarse mediante un escándalo público. Contó algunos detalles acerca de un episodio que toda la opinión sospecha, el papel que jugaron los pagos de Odebrecht en la reelección de Santos, y de paso se llevó por delante a Vargas Lleras, quien es enemigo personal de Benedetti, y al fiscal Martínez, de quien también la opinión comenta que aplica la justicia selectivamente contra los enemigos de Vargas Lleras.

El mensaje de Benedetti es contundente: no se va a sacrificar por un gobierno ingrato que no es capaz de neutralizar la persecución en su contra de un aliado como el fiscal Néstor Humberto Martínez. Pero al margen de su suerte, que pareciera no ser nada distinto de un ajuste de cuentas entre políticos colombianos por repartirse las culpas de un escándalo de corrupción, lo que queda claro del episodio es que en el país existe una desigualdad preocupante cuando se trata de la aplicación de justicia contra la clase política. Las implicaciones de esta desigualdad son enormes en la naturaleza del régimen político.

Todo apunta que alrededor de la figura presidencial y del poder político en Bogotá existe un círculo inmune a las investigaciones y sanciones judiciales, mientras que la clase política que respalda sus aspiraciones de poder desde las regiones es vulnerable a la justicia. Más aún, el comportamiento de los políticos que están por fuera del círculo es alterado por la amenaza de acciones judiciales. Nada más nocivo para la salud de la democracia en el largo plazo.

Gustavo Duncan | El País

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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