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¿España federal?

Publicado: Domingo, 24 de diciembre de 2017  |  1:16 am
Gustavo García Vélez

Ganaron los independentistas por una ínfima mayoría de solo dos curules por encima de lo que se necesita para armar gobierno y si insisten en su intención de separarse, lo único que lograrán es que la otra mitad... también se declare en rebeldía.

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Una de las primeras cosas que nos enseñaron en las ya lejanas épocas de nuestra primaria, fue la pugna tenaz entre Antonio Nariño y Camilo Torres por establecer el sistema de gobierno que, según cada uno, le convenía a la naciente república.

El primero sostenía que era el centralismo, para que desde Santa Fe se dictaran las normas que rigieran en toda esa inmensa extensión de territorio que antes había sido jurisdicción del virreinato. Y el segundo que, precisamente por ese hecho, se necesitaba del régimen federal, en el que cada una de las partes se dictaría sus propias leyes, teniendo en cuenta no solo la lejanía de la capital, sino las diferencias culturales que ya se presentaban. A esta época los historiadores posteriores la han denominado como “La Patria Boba”, pues mientras estas diferencias se trataban de dirimir inclusive con enfrentamientos armados, España preparaba la reconquista de sus territorios, al mando de un ejército comandado por Pablo Morillo. Y ya se sabe cómo acabó todo: con el fusilamiento de casi toda esa inicial clase dirigente. Nariño se salvó, porque fue capturado y enviado a una prisión de Cádiz, en la península ibérica.

Lograda definitivamente la independencia, nuestra república ensayó la efectividad de ambos sistemas. En 1863 nos llamamos Estados Unidos de Colombia, cuyos integrantes fueron los Estados Soberanos (Antioquia, Cauca, Magdalena, Santander, entre otros), con régimen federal. Luego de una de las tantas guerras civiles del siglo 19, la Constitución de 1886 ordenó un régimen centralista, que nos rige todavía. Claro que los paisas siguen anhelando una “Antioquia Federal”. Y algunos de sus malquerientes dicen que “los antioqueños son los catalanes de Colombia. O viceversa”.

Estados Unidos, México, Argentina, son estados federales en América. Y en Europa, Alemania, porque la parte comunista hasta la caída del muro de Berlín, tuvo que aceptar las condiciones de la que había continuado siendo capitalista después de terminada la segunda guerra mundial, para lograr la unión. Cuenta André Maurois en Historia de Francia, que el cardenal Mazarino, primer ministro del rey francés Luis 14, impuso a los alemanes a quienes había vencido en una guerra, su división territorial en 350 estados independientes, cada uno con su ejército y su política extranjera, con el pretexto de que las libertades germánicas quedaban restablecidas.

Parece absurdo este número y uno pensaría que es un error de impresión del libro. Pero esta parte de Europa no fue conquistada por Roma (como si lo fueron las Galias -actual Francia-, por Julio César, con lo que logró el poder militar para convertirse en emperador e imponer la centralista legislación romana a todas sus “provincias”); y, por eso mismo, lo que hoy es Alemania mantuvo las autonomías de las numerosas tribus germanas, muy celosas de sus propias costumbres. La verdad es que Mazarino aplicó el aforismo conocido: “divide y vencerás”. Fue Bismarck quien, solo a finales del siglo 19, logró la unidad entre todas esas divisiones, creando la actual Alemania.

La conclusión de lo que pasó este jueves en España -en donde ganaron los independentistas por una ínfima mayoría de solo dos curules por encima de lo que se necesita para armar gobierno-, es que si insisten en su absurda intención de separarse, total y definitivamente, lo único que lograrán es que la otra mitad se declare también en rebeldía... haciendo así insoluble ese problema catalán.

La explicación a esta terquedad de esa mitad que insiste en la independencia -a pesar de la pésima situación económica que han creado con la huida de casi mil empresas y capitales hacia otras partes de España-, tal vez tiene su origen en lo que el mismo Maurois relata en su obra arriba citada: que otro Luis, rey de Francia (el 9º, posteriormente canonizado), “estaba siempre dispuesto a negociar y transigir con las otras cortes. Para quedar en paz con España, renunció gustoso a Cataluña”. Esto ocurrió alrededor de 1250.

Vea pues. Yo sabía que esta parte de la península ibérica había sido una de las “marcas” (de donde proviene el título nobiliario de marqués) de Carlomagno, para proteger a su inmenso imperio, que englobó a prácticamente media Europa en el año 800. Pero ignoraba que, cuatrocientos años después, un rey de Francia se la regaló a uno de los tantos reyes al otro lado de los Pirineos (tal vez al de Aragón), porque en esa época España como tal no estaba todavía formada. Eso vino a ocurrir a mediados del siglo 15, con Isabel Primera de Castilla y León y Fernando Segundo de Aragón, los Reyes Católicos (esto también lo aprendimos desde la primaria). Los catalanes se sienten, pues, muy diferentes al resto de los españoles. Casi, casi franceses.

Y con el “Tratado de los Pirineos”, negociado por el mismo cardenal Mazarino y firmado en 1659 entre España y Francia, Cataluña quedó definitivamente integrando a la primera, lo que según el mismo André Maurois “era justo, ya que esta región es parte natural de la península ibérica”. Ese convenio entre las dos naciones incluyó también el matrimonio de María Teresa, la hija primogénita del rey de España Felipe 4 y de su esposa Isabel de Francia, con el rey de los galos Luis 14. Así se resolvían las cosas en esa época y si eso hubiera continuado hasta hoy, bastaría con comprometer al rebelde “Puig-no-se-que”... con una pariente de Rajoy. Porque una Infanta le queda como muy grande. Y tampoco, ole.

Este anterior presidente del gobierno catalán tampoco ayuda con su comportamiento. No tiene el más mínimo sentido común, ni el elemental de las proporciones, porque eso de “citar” a quien -guste o no- es el presidente del gobierno español para conversar en Bruselas o cualquier parte de Europa, es una absoluta estupidez y demuestra su talante. Me parece acertada la respuesta del mandatario, al aceptar conversar con la que, como representante del partido Ciudadanos, obtuvo la más alta votación. Ella es la interlocutora válida... aunque haya nacido en Jerez de la Frontera.

De manera y razón que toca una convocatoria para poner de acuerdo a todos y podría ser un plebiscito nacional para reformar la actual Constitución, en el que los españoles resuelvan este enredo. Y hay que comenzar por establecer cuál es la mayoría requerida para que las cosas se aprueben, porque no puede continuarse con el miti-miti. Eso enreda más el asunto.

Los partidos nacionales, como el PSOE y el PP, quedaron totalmente desprestigiados y no solo en Cataluña, sino en toda España. Esta fiebre ya se sentía desde hace años... y ellos dejaron avanzar la enfermedad. La reforma constitucional que se necesita va a tener como principales gestores a los partidos nuevos que han aparecido en la escena. Y esa es una situación que se está viviendo en muchas partes, Colombia incluida.

¿España federal? Puede ser y ello no atenta ni contra su unidad y menos contra la monarquía, que continuaría siendo constitucional. Y cada una de sus partes (algunas tan diferentes al resto, hasta con idioma o dialecto propio) tendría sus propias leyes, conservando el gobierno nacional la soberanía y el manejo de los asuntos “gordos”, como el presupuesto nacional, las relaciones internacionales, las fuerzas armadas y otros, tal cual acontece con las naciones en donde el federalismo se impuso... y ha demostrado ser eficaz.

Coletilla: Yo no soy de los que reniegan de las herencias españolas -idioma, apellidos, religión, mecanismos administrativos como las Provincias- y por eso me interesan su pasado, presente y futuro. Además, mi única hermana tiene esa nacionalidad y está muy bien casada con un español de excelente cepa. Vale

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.