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La firma de la paz, la manzana de la discordia

Publicado: Domingo, 28 de agosto de 2016  |  9:03 am
Sofía Torres Jordán

Alrededor de 28 millones de colombianos y colombianas han experimentado en carne propia la crudeza de la guerra, el abuso en todas sus expresiones incluido el sexual.

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Es preciso primero advertir, que para hablar del Proceso de Paz es necesario tener presente que la violencia es una historia que ha tenido una extensa trayectoria en nuestro país, pues se remonta a la época de la conquista. Dice el refrán popular que quien no conoce su historia está condenado a repetirla; pues bien, no reconocerla tiene un costo altísimo, no solo por la tendencia a reincidir, sino por el desconocimiento quizás del eje fundamental de este, que son las víctimas que ha dejado la violencia a lo largo de varias generaciones. No existe un consenso sobre un dato oficial del número de víctimas, sin embargo se calcula que aproximadamente alrededor de 28.000.000 de colombianos y colombianas han experimentado en carne propia la crudeza de la guerra, el abuso en todas sus expresiones incluido el sexual, el altericidio traducido en la incapacidad de alternar la perspectiva propia con la ajena sin subyugar al otro.

Ahora bien, el elemento recurrente durante décadas ha sido la lucha por la distribución equitativa de la tierra, que ha generado sucesos violentos continuos y que durante años ha motivado a los distintos gobiernos a la consecución de la Paz. Procesos de Paz se han intentado en múltiples gobiernos desde el siglo pasado; el Frente Nacional fue un esfuerzo por detener el enfrentamiento entre Liberales y Conservadores, no olvidemos que el M-19 obtuvo el perdón de delitos políticos cuando aceptó desmovilizarse y reinsertarse en la vida civil y se acogió a la amnistía e indulto con la Ley 77 de 1989 durante la presidencia de Virgilio Barco que excluyó, sin embargo, los delitos atroces; la zona de Distensión del Caguan durante el Gobierno de Andrés Pastrana, la Ley de Justicia y Paz o Ley 975 de 2005 promovida por el gobierno de Álvaro Uribe Vélez facilitó el proceso de desmovilización de paramilitares en Colombia.

Nace entonces la pregunta, si aquellos expresidentes hicieron su parte, por qué se les escucha ahora oponerse a ella? Lo consecuente para este gobierno era continuar con el esfuerzo de conseguirla, no solo como una exigencia constitucional, sino como un deber y una responsabilidad de sembrar la semilla que abra nuevas oportunidades para las generaciones venideras. No puede desconocerse que a diferencia de los anteriores procesos de Paz, este cuenta con unas ventajas diferenciales, que si se conocen y se analizan juiciosamente es posible darle el valor y la trascendencia que tiene; a diferencia de los anteriores, éste fue un proceso planificado, contó con una agenda establecida que abordó los temas más relevantes, con un marco jurídico especifico, una justicia particular y sobre todo con la inclusión de las víctimas durante este, punto que lo hace internacionalmente más visible, ejemplar y serio, pues solo África lo adelantó de forma similar, los demás países no ha contado con su vinculación y por último la consulta a través del Plebiscito al pueblo colombiano, que como bien es sabido, no es necesario.

Ya firmada y con posibilidades de ser aprobada quedan varios retos, uno el de buscar un espacio para todas las personas que se apartan de la guerra, para que puedan incrementar la competitividad en el posconflicto y la otra y de considerable trascendencia es la de incentivar la alteridad, como ese valor que representa una voluntad de entendimiento que fomenta el diálogo y propicia las relaciones pacíficas. El encuentro entre dos grupos sociales pero hermanos, implica colocar distintas formas de vida frente a frente. Si hay voluntad de alteridad, la integración podrá ser armónica, ya que cada uno respetará las creencias del otro. Ese diálogo, por otra parte, enriquecerá a ambos. Es perentorio educar y abrir nuestras mentes a fomentar la alteridad política, la alteridad ética y la alteridad ético - política.

Sofía Torres Jordán 

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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