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Las firmas: estupro y bigamia política

Publicado: Sábado, 23 de septiembre de 2017  |  11:38 pm
Eduardo Cardona Mora

Pensar que un presidente por el hecho de llegar por firmas pueda gobernar sin partidos es un acto de inocencia que demuestra nuestra incultura política.

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Ahora las disidencias de los partidos no se hacen por principios, falta de democracia interna o rebeldía contra el statu quo. Hoy son “disidencias” calculadas, maquilladas, cínicas e irresponsables. No son más que una estrategia para evadir la responsabilidad de su desprestigio del que fueron cómplices y para pasar de agache en el deber moral de depurar sus cuadros.

Ver a los jefes marcharse indignados de sus partidos, es tanto como ver al papá abandonar la casa porque sus hijos le quedaron mal educados, es decepcionante verlos ofrecer sin sonrojarse la bigamia política, simular un divorcio con los “bandidos” inmostrables en sociedad y presentarse como independientes e impolutos para proponerle matrimonio a un electorado que acepta presuroso su propuesta porque no es consciente del engaño y del significado de su firma.

Los movimientos significativos de ciudadanos son en esencia expresión de democracia participativa siempre y cuando el objetivo sea el aglutinamiento de unas ideas y el compromiso de gestionarlas desde el poder, pero en Colombia todo lo desfiguramos y lo llevamos a extremos, pasamos de tener dos partidos hegemónicos durante 150 años a 85 partidos en el año 2002 para finalmente, tener hoy 13 con personería jurídica y casi 30 candidatos sin partido al mejor estilo de una republiqueta. Es paradójico que los que posan de demócratas desprecien los partidos y las FARC como aprendices de la democracia se estén reventando por construir uno.

¿Puede un sistema democrático sostenerse sin partidos? No. La arquitectura constitucional del sistema republicano exige su presencia y están inventados para darle vida a la democracia liberal, tramitar los requerimientos de una sociedad, manifestar la voluntad popular, garantizar el pluralismo y leer los tiempos para proponer reformas que mejoren la vida de la gente, controlan el caudillismo cuando son realmente democráticos y en países serios responden por sus actos.

Pensar que un presidente por el hecho de llegar por firmas pueda gobernar sin partidos es un acto de inocencia que demuestra nuestra incultura política. Es el escenario ideal capitalizado por corruptos urgidos de partidos débiles para seguir manejando caprichosamente el sistema, ¡cómo se divierten y carcajean con la indignación ciudadana que responde regalando firmas! ¿Cómo será la frustración nacional al ver a sus adalides “independientes” pactando gobernabilidad con esos partidos que ayer, hoy y siempre dominarán el Congreso de la república y de los cuales un gobierno no puede prescindir?

No encubramos el estupro político, ese delito que existía en el código penal que castigaba al hombre que con engaños (hoy firmas) accedía sexualmente a una dama bajo la promesa de matrimonio (hoy de independencia); no legalicemos la bigamia política, ese otro delito que consistía en tener dos esposas como pretenden nuestros candidatos. Una, sus políticos de siempre que les resbala la traición por conservar el poder y la otra, los ingenuos ciudadanos convencidos de estar liberando al país de los partidos cuando realmente están siendo manipulados por una ficción capaz de condenar nuestra incipiente democracia.

Eduardo Cardona Mora | El Diario del Otún

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.