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La franquicia liberal de Patiño

Publicado: Sábado, 29 de julio de 2017  |  10:58 pm
Eduardo Cardona Mora

Esta es la historia de un partido que desde Risaralda proyectó a un presidente de la república, del senado, de la cámara y del que poco queda.

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Si hubiera que documentar como convertir un partido grande en uno chiquito a la medida de un cacique, deberíamos acudir al representante a la cámara de todos los tiempos Diego Patiño. El avezado político ha encontrado la manera de convertir al liberalismo de Risaralda en su propia franquicia, no hay nada que se pueda hacer sin su permiso desde hace más de una década cuando de manera calculada e inteligente se encargó de que nadie cuestionara su jefatura. Su mayor logro ha sido evitar que alguien diferente a él sea elegido en el Congreso de la República en representación del trapo rojo que le pertenece.

El primer paso de su fórmula audaz y exitosa es no dejarse lanzar al senado, sabe que tirándolo para arriba es la manera de jubilarlo. Lo siguiente, es eliminar la competencia dentro de su partido, la mejor manera es no apoyar a ningún candidato de la región que pretenda aspirar por su franquicia al senado, de intentarlo sin su bendición procede a llevar 1 o 2 senadores de otros departamentos a los que les garantiza el apoyo de sus leales huestes desde hace más de 30 años. Las mismas que han bautizado coliseos con su nombre al mejor estilo romano. El efecto es inmediato: cualquiera con dos dedos de frente se retracta de su aspiración. Divide y reinarás.

A continuación, buscando que nadie le dispute su curul y como dueño del partido de garaje en el que convirtió al liberalismo local, escoge su propia competencia en la lista a la cámara que por supuesto solo él puede encabezar, teniendo cuidado eso sí que nadie tenga tantos votos para destronarlo ni tan poquitos para no alcanzar el umbral electoral, con suficiente precaución de no correr el riesgo de sacar dos representantes. Si por algún motivo, alguien sin su venia intenta colarse en su franquicia con una pequeña opción de combatirlo, viene el siguiente paso: exigir como jefe supremo de su pequeño reino lista cerrada, no sin antes, en gesto de grandeza ofrecerle al impertinente candidato que sea su segundón en la lista del partido que carga en su bolsillo.

Si a algún ciudadano se le ocurre gobernar el departamento o cualquier municipio en representación de su franquicia, debe pasar y besar el anillo del obispo liberal, no en vano ya se ha encargado de que solo por sus manos pasen los avales, sin senadores que estorben ni directorios rebeldes que se opongan. Para conservar su mando, es menester evitar incómodos candidatos oficialistas ¡no vaya ser que ganen y se manden solos!, para eso, están las alianzas que garantizan gobernabilidad.

Esta es la historia de un partido que desde Risaralda proyectó a un presidente de la república, del senado, de la cámara y del que poco queda. Gallo quien ha sido el único que se ha impuesto, ha tenido que bajar la cabeza. No en vano el dueño de la franquicia le recuerda a diario que tiene como fiscalizarlo.

Eduardo Cardona Mora | El Diario del Otún

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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