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“Garganta Profunda”

Publicado: Domingo, 09 de septiembre de 2018  |  9:50 am
Gustavo García Vélez

Aquí también hay un “garganta profunda” que le está haciendo el trabajo sucio al presidente para que no quede como mentiroso, al ordenar una cosa distinta a lo que dice. Un consejero está encargado de untarles mermelada a congresistas para que respalden al gobierno.

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Parece que los gobiernos -todos, de izquierda, derecha, democráticos o no- necesitan funcionarios que hagan los trabajos sucios, a los que sus patrones no se les miden porque la opinión pública los rechazaría. Se supo que en el escándalo de Watergate (por el que Richard Nixon tuvo que renunciar a la presidencia de Estados Unidos, luego de ser reelegido en plena discusión de esos hechos) hubo un encargado de pasarles chivas, informes muy secretos, a los periodistas del Washington Post que cubrían semejante chicharrón. Pero, en este caso, no fue un mandadero... sino un sapo.

“Garganta Profunda” fue el seudónimo -el alias- escogido por esos comunicadores sociales para identificar al personaje que, en un oscuro parqueadero, les pasaba datos, pistas, para que llegaran hasta el último peldaño de la secreta pirámide de donde se desprendió esa maniobra con la que empezó todo. Que fue, sencillamente, la entrada fraudulenta a la sede del partido demócrata, rival de Nixon, para averiguar cositas de esa campaña. Ese sujeto ya falleció... pero no se llevó ese secreto a su tumba.

Inicialmente, el nombre del presidente no aparecía por ningún lado y fueron las mentiras expresadas al contestar si sabía o no de esas circunstancias lo que lo llevó a renunciar, no sin antes acordar con su vicepresidente, quien lo sucedería, que dictara un decreto para exculparlo de todo. O sea, que a este mandatario no lo tumbaron por dar esa orden de allanamiento ilegal a una sede política... sino por mentiroso. “Tricky Dicky” -Ricardito el tramposo- fue el apodo, la chapa que (no sé si desde antes, en sus menesteres como político) le endilgaron a Nixon.

Hoy está ocurriendo una cosa parecida en ese país. El New York Times que, junto con el Washington Post, es uno de los pilares de la libertad de expresión -tan cara a los gringos- y, por consiguiente de la democracia (de la cual Estados Unidos se ufana de ser la mejor expresión en todo el mundo), está tratando de guardar la identidad de un funcionario de la Casa Blanca que escribió una columna denunciando los entresijos en los que se revuelca Trump. Casi como un manicomio es la descripción que se hace de ese lugar, en donde se toman decisiones que afectan a todo el planeta. Hasta el punto de que subalternos cercanos tratan de desviar las órdenes impartidas por el presidente, por considerarlas muy inconvenientes.

Y vea pues. En Colombia -en donde los arribistas copian casi todo lo que venga de gringolandia, sean expresiones en ese inglés barato del Bronx, o modas, películas y canciones tontas- ya se supo que hay también un “garganta profunda” que le está haciendo el trabajo sucio al nuevo presidente, para que no quede como un mentiroso al ordenar una cosa distinta a lo que dice. El consejero para la política, que es un curtido politiquero costeño con apellido árabe (de las mismas familias de Córdoba, Sucre y la mayoría de los departamentos de la Costa Atlántica, famosos por hacer cosas indebidas) se está encargando de untarles la mermelada a congresistas -o al menos, no raspárselas- para que respalden a este gobierno declarándose sus partidarios.

Esa denuncia ya se hizo a través de los medios de comunicación nacionales. Y, claro, al acusado no le quedó otra opción que negarlo, pero las investigaciones le van pierna arriba. Esa fue la causa para que el partido de la U -cuyos principales voceros ya habían declarado su independencia de la actual administración- tomara la inesperada decisión de volverse partido de gobierno. Que hubo también reuniones para convencer a los menos conocidos de entre sus integrantes... de que la mermelada no se ha acabado, que simplemente está en la nevera.

Y parece que a César Gaviria ni siquiera le mostraron la bandeja, a pesar de que regaló al partido Liberal apoyando la candidatura de las derechas, aún antes de la derrota del candidato oficial de la colectividad que dirige con tanto desacierto. Que “nadie se va para donde no lo han invitado”, fue la tonta respuesta que dio cuando se conoció que todo el liberalismo se declaró como independiente ante este gobierno, presionado por la declaración previa y expresa -hace una semana- de todos sus senadores. Parece ser que tal vez la promesa de darle chanfaina a su hijo... se la incumplieron y por eso está haciendo miñocos.

Acabo de oir que los gobernadores reunidos en Mompox para elegir al nuevo director ejecutivo de la asociación que los aglutina, aplazaron esa escogencia ante su inconformidad por las presiones que, esta vez, sí vinieron del mismo patrón del “garganta profunda” parroquial. Fue el propio presidente quien los llamó para presionar la elección de su favorito, nadie menos que el ex magistrado que, como tal... engavetó la investigación en contra de Zuluaga, el anterior candidato de las derechas a la presidencia.

Las cosas se ven muy claras: aquí el único que está siendo consecuente con lo que piensa, dice y hace es Germán Vargas Lleras. Su partido fue el primero en declararse independiente de este gobierno. Y está dando el pulso para que ese director de la asociación de gobernadores no sea simplemente el títere del ejecutivo, que le haga el mandado en las elecciones del año entrante. Ya mostró su muñeca en la elección del contralor... y en esta todo indica que le va a volver a torcer la mano a los arrodillados.

Coletilla: Cabas y Cepeda se llaman lo mismo -Andrés-, cantan igualito... y los mismos sonsonetes. ¿Perdurarán?

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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