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Hacer el paripé

Publicado: Domingo, 25 de febrero de 2018  |  12:07 am
Gustavo García Vélez

Efectuando un parangón con la época electoral que estamos viviendo, me pareció que es bueno emplear el humor, aunque con la ironía y el sarcasmo que a veces es nuestra característica y hasta impronta muy personal.

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No hay idioma llamado el español. Existe como una de las lenguas oficiales de España el castellano, al igual que el vasco, el catalán y el gallego; y, además, unos dialectos que no han tenido literatura suficiente para ser idiomas, tales como el valenciano y los que todavía existen en Asturias (el bable) y Aragón (ignoro si se llama maño, que es el calificativo familiar de los aragoneses).

Fue Castilla el reino español que se echó al hombro la unidad de la península y con el matrimonio de su reina, -Isabel “La Católica”-, con el rey de Aragón -Fernando-, prácticamente la logró. La expulsión de los moros luego de la conquista de los reinos (taifas) de estos en 1492, después de la toma de Granada, redondeó la faena y solo les faltaba Navarra, que fue anexada con posterioridad, lo mismo que Cataluña, que había pasado de Aragón a Francia.

La lengua de Isabel se impuso y hasta apareció la “Gramática Castellana” del andaluz Antonio de Nebrija, precisamente en 1492 y dedicada a ella. Este año, pues, es histórico: se reglamentó el castellano, se descubrió América y se puso fin a la dominación del Islam en España, luego de 800 años de su presencia en la península.

En 1605 Miguel de Cervantes publica “El Quijote”, que es la consolidación del castellano, a pesar de que la edición original no tenía signos de puntuación. Y es allí en donde encontramos expresiones ya hoy en desuso y, por eso, es necesario acudir a las explicaciones al pie de página. Por ejemplo, se dice que Sancho Panza desayunaba con duelos y quebrantos; y uno se queda con la idea de que el eterno compañero de Don Quijote amanecía apesadumbrado ante la aparente locura de su jefe. Pero la “traducción” de esa descripción de su desayuno es: huevos revueltos con tocino.

Recientemente encontré en un libro (y debe ser aporte de quien hizo la traducción al castellano, porque su autor lo escribió en inglés) la expresión “Hacer el paripé” que, al buscarla en mi Larousse, dice que significa presumir, darse tono; y, también, engañar, fingir. Es, pues, muy castiza y confieso que jamás la había leído y menos oído.

Y para este artículo me dio por descrestar a los lectores con este título (los comentaristas públicos, columnistas que llaman, escribimos para que nos lean y hay que amarrar a quien se asoma por estas páginas desde el comienzo, para no quedarnos hablando solos) y, haciendo un parangón con la época electoral que estamos viviendo, me pareció que es bueno emplear el humor, aunque con la ironía y el sarcasmo que a veces es nuestra característica y hasta impronta muy personal.      

Veamos. Si son los dos primeros significados -presumir, darse tono-, uno como que casi automáticamente piensa en dos de los candidatos a la presidencia, tan disímiles en sus propuestas, pero tan parecidos en su talante: soberbios, sobradores, presuntuosos y hasta arrogantes: Petro y Vargas Lleras. El primero es inmamable con su petulancia, que refleja inclusive en las entrevistas para la televisión: asume una pose despreciativa en la misma manera de sentarse y de mirar. Y en el segundo, el rictus de su boca demuestra casi burla con quienes lo miran y no creo que sea solo el fruncido característico de los rolos de cepa.

Y si son las otras dos -engañar, fingir-, es imposible no pensar en Uribe, Ordóñez o Pastrana. Los tres aparecen como lo que no son: el primero, como perseguido por la justicia y con su teléfono intervenido, cuando todos recordamos las chuzadas del Das en su mandato; el segundo, como abanderado de la moral, siendo de público conocimiento que fue destituido como Procurador por corrupto; y el tercero quiere aparecer como jefe político... pero sin votos. Hacen el paripé de una manera contundente.

Si miramos a los aspirantes al senado y a la cámara de representantes, la cosa se vuelve más cómica. En el Valle del Cauca hay uno que, sin ningún rubor ni pudor, aspiró a la presidencia de la República y renunció dizque porque no le habían dado las garantías para ese deseo. En “La Luciérnaga” de Caracol lo ridiculizaron hasta el límite de la ofensa: “Horrible para Colombia, qué vamos a hacer después de esta trágica noticia de la renuncia del senador Delgado a ser presidente de Colombia”.

Otro Delgado, ex gobernador del departamento, tampoco sintió que hacía tamaño oso tan peludo aspirando a la primera magistratura del Estado a nombre de los godos. Que dirigencia tan ridícula la del Valle del Cauca, con semejantes “delgaditos”, exiguos en importancia y capacidades de liderazgo. Presumen, se dan el tono de esas cualidades, de las que carecen. Hace años están haciendo el paripé. (Tranquilo, doctor Darío Delgado Arango, que no necesita cambiarse el apellido: usted es distinto... y muchísimo mejor que este par de güevones).

Y de los que quieren ser representantes a la cámara, ni se diga. Me tocó ver las gafas que les regalaron a los asistentes en una de esas reuniones en Cartago... con el nombre del aspirante en cada una de las patas. No sé si esto es darse tono, convirtiendo al pobre necesitado en una especie de valla publicitaria; o presumir de dadivoso. Lo que sí es innegable... es que es un asqueroso engaño: fingir liderazgo. Que paripé tan bien hecho.  

Es tan rico nuestro castellano, que todas las siguientes palabras son sinónimas, significan lo mismo: mequetrefe, badulaque, chisgarabís, majadero, papanatas, gaznápiro, mentecato, zopenco, zoquete, paparreta, petimetre, bodoque, estúpido, tarugo, cretino, palurdo, cateto, zafio, ceporro, estulto, sandio, filimisco, melindroso, amolondrado, molondro, molondrón, currutaco, lechuguino, mendrugo, bausán, estafermo, mandria, tutumito, tuturuto, turulato, turro, bambarria.

Querida lectora: todas identifican a los tontos, los bobos. Que lo son quienes piensan botar su voto, dándoselo a unos marrajos y belitres, léperos que no lo merecen. ¿Que qué significan estas últimas palabras? Hipócritas, astutos. Pícaros, bellacos, bribones, pillos. Groseros, indecentes, ladinos.

Y antes de que Gardeazábal me mande otro de sus mensajes burleteros (palabra que no aparece en mi diccionario), acusándome de “hacer el paripé” con este artículo, confieso que sí, que parece que estoy presumiendo de sabiondo en mi lengua nativa: el castellano. Claro que también soy bilingüe: caucano pa´preguntar... y paisa pa´responder. Y en esto no estoy engañando ni fingiendo: algo debí heredar de mi bisabuela materna y de todas sus antepasadas, cartagüeñas raizales. Y de mis abuelos antioqueños. 

Coletilla 1: Estoy plenamente de acuerdo en que un columnista no debe emplear su espacio para darle respaldo a una candidatura en especial, “poniéndose la camisa” partidista. Pero también creo que no se le puede impedir expresar su libre pensamiento a ese respecto. Por eso me atrevo a decir lo siguiente: ni Humberto De la Calle ni Fajardo hacen el paripé. No lo necesitan y además no es su estilo. El primero tiene más kilometraje que el segundo. De la Calle es un estadista comprobado... y probado: como coordinador de la Constituyente de 1991, siendo ministro de Gobierno; y como jefe de la comisión del gobierno nacional en los pactos con la guerrilla. Ambos harían una excelente dupleta. Y Fajardo puede esperar cuatro años. Tengo el pálpito de que Petro debe estar pensando que este todavía no es su momento, por la reacción tan fuerte que está generando su candidatura y que se ganaría la confianza que hoy no tiene de la mayoría de los colombianos apoyando a De la Calle. Sería un gesto patriótico. Creo que esta fórmula de los tres ganaría en la primera vuelta, porque es la consolidación del acuerdo en el que se pensó inicialmente: unión de los que quieren asegurar que la paz se logre.

Coletilla 2: No conozco a Ossiel Villada Trejos y nunca había leído su columna “La Melodía” en el diario El País de Cali, entre otras cosas porque en ese periódico jamás aparece la palabra “Cartago”. Pero el viernes 23 de febrero, por pura casualidad, leí su artículo “De la calle y la soledad”. Qué bien escrito. Interpreta perfectamente lo que somos la inmensa mayoría de los colombianos. Recomiendo leerlo.

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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