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Historia del corregimiento de Irra

Publicado: Sábado, 28 de octubre de 2017  |  11:15 pm
Alfredo Cardona Tobón

Irra fue castigada severamente por todas las violencias: Por allí se movió el “Capitán Venganza” y los “Corazones” en los años sesentas del siglo pasado, “Los Magníficos” en tiempos de los paramilitares y por último “Leyton” y su cuadrilla de antisociales.

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Irra es un corregimiento de Quinchía a orillas del río Cauca; su comercio se hace con Manizales y su gente tiene que ver más con el departamento de Caldas y con Medellín que con su propia cabecera municipal. Así como numerosos poblados nacieron en un cruce de caminos o al lado de una fonda, Irra nació al pie del ferrocarril de Caldas y bajo el ruidoso padrinazgo de las cantinas.

El nombre de Irra viene de remotas épocas; en su territorio vivieron los Irras con sus tianguez o mercados y una aldea rica en oro y en sal que se denominó Irrada.

A la llegada de los españoles, el cacique Cananao, amo y señor del territorio, estableció alianzas con el conquistador Jorge Robledo y marchó con los españoles en las cruentas campañas contra los armados y los carrapas. La alianza no duró mucho y al lado de sus hermanos de raza los irras se levanaron contra los europeos.

En 1557 el cacique Capirotama apoyó la rebelión Quimbaya y allí se pierde la historia de los irras, quizás los acabó la viruela y la gripa, tal vez se refugiaron en las selvas chocoanas o dejaron sus huesos en las minas de Quiebralomo y Buenavista.

El Oidor Lesmes de Espinosa y Saravia agregó el territorio irra al resguardo de Quinchía y la zona permaneció desierta hasta muy entrado el siglo XX, bajo la custodia del paludismo y de los bichos. La historia del moderno Irra empieza con el vado del “Ciruelo” por donde pasaban los guerrilleros liberales y se escaparon los melistas perseguidos por las tropas del sur de Antioquia.

En 1900 el riosuceño Vicente Garcés era un vendedor ambulante que prestaba dinero y aseguraba su pago con escrituras y alhajas que guardaba en una caja fuerte.

En la guerra de los Mil días que tan duramente azotó los campos quinchieños, Vicente Garcés se apropió de los bienes de Buenaventura Manso, de Higinio Trejos, de Julián Tapasco y otros muertos reuniendo un gran capital del que hizo parte la Hacienda El Ciruelo, que se extendían desde el Alto de Guerrero hasta el cauce del rio y de los límites de Riosucio hasta la desembocadura de la quebrada Opiramá, incluyendo la zona poblada del actual corregimiento de Irra.

En los predios de Vicente Garcés nació un rancherío que tomó el nombre de la tribu Irra en recuerdo de los nativos que ocuparon el sitio en épocas precolombinas, fue una fundación hecha al calor del aguardiente y al ritmo del jaleo de catre cuyos primeros vecinos fueron cantineros y las putas que alegraban las noches de los trabajadores que levantaban las vías del tren que conectó a Cartago con La Pintada.

En la década de los años treinta del siglo pasado Luis Ladino construyó la primera casa decente y luego llegaron mineros y labriegos de tal manera que en 1942 el Inspector de Policía reportaba a la gobernación de Caldas 134 construcciones pajizas, una casa de teja y la presencia de 28 mujeres públicas, que se multiplicaban en los días de pago.

Irra es una de las puertas del departamento de Risaralda, pero es una puerta cerrada, porque para comunicarse con la cabecera y el resto del departamento solamente cuenta con una trocha peligrosa, estrecha, por donde se aventuran motos y yipes desvencijados.

Al otro lado del río, por la banda perteneciente al departamento de Caldas, circuló durante décadas del ferrocarril de la troncal de Occidente, pero un enorme derrumbe en el sitio de Chirapotó acabó con la vía ferroviaria. Un nuevo proyecto pretende empalmar a Buenaventura con Medellín mediante el tren, de realizarse le dará gran empuje a Irra y a las zonas adyacentes.

En la actualidad las veredas del corregimiento están casi aisladas de Irra; por un ramal estrecho y peligroso los campesinos viajan a Riosucio a vender sus productos; es una ironía pues la cabecera del corregimiento está desligada de sus veredas, de Quinchía y del departamento de Risaralda, a pesar de ser un centro vial adonde converge gran parte del tráfico entre Antioquia, Caldas y el Valle del Cauca.

La región podría ser un polo turístico por el clima, la ubicación y la riqueza cultural. Cerca del puerto se encuentran varios salados y las comunidades umbras que producen una de las mejores panelas de Colombia; es una zona minera cuyos aluviones auríferos dan las mayores regalías que recibe el departamento y que injustamente no le llegan en servicios a los mineros que las producen.

Irra fue castigada severamente por todas las violencias: Por allí se movió el “Capitán Venganza” y los “Corazones” en los años sesentas del siglo pasado, “Los Magníficos” en tiempos de los paramilitares y por último “Leyton” y su cuadrilla de antisociales.

Ahora reina la paz, pero el gérmen de esas violencias sigue agazapado en medio de los barequeros, de los campesinos sin tierra y esas comunidades que apenas cruzan el puente del Cauca y se internan en tierras caldenses, ven la enorme inequidad en el reparto de las oportunidades.

Alfredo Cardona Tobón | El Diairo

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