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HORMAZA: familia “mariana”

Publicado: Sábado, 23 de septiembre de 2017  |  11:35 pm
Gustavo García Vélez

Don Mariano bautizó a sus hijos con nombres larguísimos. Claro que esa era costumbre de la época, pero a él como que “se le fue la mano”. (A propósito, encontré a fulanos de otras familias bautizados como “Manuel José Gertrudis” e “Isabel José Antonio”. Es como si hoy le pusieran a un varón… “Carlos Amparo”).

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Don Mariano Hormaza y Matute hizo historia en Cartago. Oriundo de Cuenca (hoy Ecuador), contrajo matrimonio con doña María Petronila Moreno y Chávez, de tradicionales familias cartagüeñas, con quien procreó 16 hijos -“uno nació muerto y otro abortado”, dice en su testamento de 1833- y de los otros 14, 6 murieron en menor edad y 3 ya adultos, por lo tanto le sobrevivieron apenas 5.

Él era hijo de Francisco María Hormaza y Cabellos (“de los reinos de España”, como se decía de quien allá había nacido) y María Teresa de Jesús Matute Sánchez De Arellano, domiciliada en Cuenca.

Ejerció en Cartago los cargos de Administrador Principal de Alcabalas de 1793 a 1820 y Ministro del Tesoro Público entre 1810 y 1820. Llama la atención su segundo apellido y aquí cabría preguntarse, con el difunto Antonio Panesso Robledo en su columna de periódico, “qué hay en un nombre”. Porque es bien curioso que un “alcabalero”, es decir, el que cobraba los impuestos a las ventas y permutas, lleve entre sus apellidos la palabra con la cual se designa el contrabando, o sea, los artículos que no pagan esos impuestos: “matute”.

A Don Mariano se le recuerda porque construyó, a sus expensas, el Templo de Guadalupe -en su testamento dice que “no lo hice con tesoro encontrado, según piensan algunas personas”- y, de acuerdo con la tradición, para agradecerle a la Virgen de Guadalupe que hubiera sanado a un hijo, aunque en los documentos en los que expresó su última voluntad (1821 y 1833) no dice tal cosa y, menos, cuál de sus 4 hijos varones, vivos en 1810 -cuando se inauguró el templo- recibió esa gracia. El lote lo compró en 1782 a Estefana Bocanegra, viuda de Lucas Domínguez y este a Alejandra De la Parra.

Es de anotar que el nombre de Guadalupe ya se conocía en España (derivado del árabe wad-al-upe, que significa río oculto, lo mismo que la advocación de la virgen con igual denominación y allá es en talla de madera de cedro negro), desde antes del año 714. O sea, casi 900 años antes que la de Méjico.

Don Mariano fue coadjutor de la Orden Tercera de San Francisco, integrada por laicos, lo que comprueba que era “de dedo parado”, porque en ella se congregaba toda la élite del entonces Cartago, quienes al morir eran enterrados en el Convento de “San Francisco” -del cual fue síndico apostólico-, que comprendía el hoy templo del mismo nombre y la Corporación de Estudios. El resto de los pobres mortales (hasta los esclavos) eran sepultados en el Templo de “San Jorge” -o de “Don Jorge”, porque lo bajaron del santoral en el Concilio Vaticano Segundo, según mi entrañable “enseñadora”, Doña Lucy Murgueitio Mendoza de Montoya, que por algo es la muy diligente presidenta del Centro de Historia-, ya que solo en 1830 fue construido un cementerio en Cartago. De manera que quien entre a estos dos sitios… está pisando huesos, tal vez de alguno de sus antepasados.

Mandó también que, si los jesuitas volvían (habían sido expulsados de todos los dominios españoles), les fuera entregada la administración del Templo de Guadalupe y se les vendiera su casa de habitación “para que instalen un colegio”.

Don Mariano bautizó a sus hijos con nombres larguísimos y algunos repetidos en otros. Claro que esa era costumbre de la época, pero a él como que “se le fue la mano”. (A propósito, encontré a fulanos de otras familias bautizados como “Manuel José Gertrudis” e “Isabel José Antonio”. Es como si hoy le pusieran a un varón… “Carlos Amparo”).

Juan Mariano Paulino fue el mayor, nacido en 1785. Hermenegildo Joseph Joaquín Mariano, 1787. Juan María Francisco Antonio Rafael, 1789. En el testamento de la madre, Doña María Petronila -hija de Juan Moreno De la Cruz, también “de los reinos de España” y María De Chávez y Lizalda, cartagüeña-, otorgado en 1839, dice que “Mariano y Juan María murieron en la guerra” (se supone de la independencia). Juan Mariano aparece dos veces en la escritura de 1811, que firmó su padre y por medio de la cual se protocolizó la compra de la casa y solar en donde hoy está la Plazuela de Guadalupe, frente al templo, que se pagó con 500 patacones, moneda de la época, entregados por 74 feligreses -a Doña Petronila y su hermano Manuel, quienes hicieron la colecta de las dádivas-, entre ellos él, que envía desde Popayán 10 patacones “que recogió entre varios soldados” y, de varios devotos, 4 patacones. Quizá fue este el hijo que sanó la Virgen.

Otro hijo sobreviviente fue Félix Josef Francisco de Santa María de la Paz, 1797, cuyos padrinos fueron nadie menos que el Alférez Real de Cartago, Don Juan Joseph Ruiz De Salamando y Franco-Nieto y su esposa, Petrona Vivas. También figuran las únicas mujeres: María Francisca Camila Rosalía de la Santísima Trinidad, 1790, que murió niña; Ana María Gertrudis Victoria Josefa, 1795; y Ana María Josefa Leonarda de la Santísima Trinidad, 1804, testó en 1837 y murió sin descendencia.  

Pero “la joya de esta corona” fue Juan de Nepomuceno Félix Ignacio Josef Faustino de la Santísima Trinidad -7 nombres-, quien nació el 30 de julio de 1801 (y tuvo como padrinos al doctor don Pedro Sanz De San Juan y Vicuña y a doña Francisca De Rentería Martínez Balderrutén, también “de dedo super parado”), casado con María Josefa Niño, hija de Juan Niño y María Antonia Herazo Murgueitio.

El cofundador de Pereira, Don Jesús María Hormaza Niño, fue hijo del anterior, a quien se le nombra ya en los registros de bautismo de sus hijos solo con dos de sus nombres, José Ignacio, a secas y llegó a ser escribano -notario- numerario primero de Cartago. En el Fondo Parroquial del Archivo Histórico de Cartago hay dos años “perdidos” (1846 y 1847, que no figuran tampoco en el acta de entrega por parte de la diócesis) y es seguro que en uno de ellos nació Don Jesús María, porque el 29 de julio de 1849 aparecen los bautizos de María de la Paz Peregrina y María Teresa Julia, con iguales apellidos y padres. Y también es probable que el cura que ofició su bautismo hubiera sido el mismo de sus dos hermanas: Remigio Antonio Cañarte. De suerte que entre las familias de estos dos fundadores de Pereira había una estrecha relación. Con esa tradición familiar “tan mariana” -de la Virgen y del nombre de su abuelo-, no es de dudar que hasta monaguillo de él hubiera sido. Don Jesús María, pues, tendría 16 ó 17 años cuando participó en el acto de fundación de Pereira. Casi un niño.

De Félix Josef Francisco de Santa María de la Paz Hormaza Moreno, casado precisamente por el cura Cañarte en el Templo de Guadalupe el 03, 06, 1839 con Carlota González, aparecen: Ana Clementina, 1840, quien tuvo como padrino al mismo Remigio Antonio; María Fluo de Linda (así se lee en su registro), figura como Hormaza “Pelayes”, pero su madre es Carlota, 1842; José Ismael Agustín, 1844; María Leocrisia, 1848 (falleció niña, el 06, 03, 1848); otro Jesús María, 1853; Flavio Francisco de Paula, 1855, con el segundo apellido de “Peláez”. ¿Sordo el cura… o sordo el sacristán?

En el testamento de Doña María Petronila Moreno, aparece que el segundo de sus hijos, Joaquín, tuvo a Mariano; a Nicolás -nieto preferido de Don Mariano, quien lo benefició en su testamento de 1833- y a Genoveva. El padre reitera en sus dos testamentos que Joaquín fue casado en segundas nupcias con Ventura Piedrahita y Prieto, pero no menciona para nada el primer matrimonio. En el Archivo aparece un “Joaquín Matute” casado con María Josefa Abadía, precisamente en el Templo de Guadalupe, en mayo de 1811. Tal vez este enlace fue a disgusto del padre y Mariano parece ser hijo de la Abadía porque, aunque es el mayor y con su mismo nombre, el preferido por el abuelo fue Nicolás.

Es de anotar que Félix y José Ignacio Hormaza Moreno fueron padres a los 45 años y tal vez por eso no aparecen bautizados con ese apellido en Cartago entre 1804 y 1840. Y los tres de Joaquín no aparecen en el Fondo Parroquial, solo en los testamentos de Don Mariano y Doña María Petronila.

La segunda generación (los Hormaza Piedrahita, Hormaza González y Hormaza Niño) no solo bautizaron a sus hijos con nombres menos largos, sino que los procrearon a más temprana edad. De la tercera generación aparecen los Hormaza Bermúdez (hijos de Mariano y Asunción); Hormaza Rengifo (de José Ignacio Hormaza Aguado y Pobreza); Hormaza Mejía (de Elías y María Francisca).

(Hay ya pocos Hormaza en Cartago, pero en Pereira están los descendientes de don Jesús María, uno de los fundadores de esa ciudad en 1863. Por último, una intimidad, por la que ofrezco la debida “mea culpa” : esta investigación tuvo, además, una motivación muy personal, pues el barrio de mi infancia, residencia de mi tatarabuela materna y de todas sus antepasadas fue, precisamente, el de “Guadalupe”, inicialmente denominado de “San Miguel” hasta la construcción del Templo por Don Mariano Hormaza y Matute. Hace años recopilé la información en el Archivo Histórico de Cartago para este escrito y tengo datos de la historia del barrio desde el siglo 18. Este artículo fue publicado en el periódico cartagüeño “La Voz Independiente” en su edición de febrero de 2014).

Coletilla 1: Hace años los partidos políticos se convirtieron en unos verdaderos “circos de pobres”, con contorsionistas, malabaristas, saltimbanquis, payasos y “magos” que hacen desaparecer los dineros públicos. Pero... ¿no sería posible que los encargados de protegernos de la contaminación auditiva -con la que los otros circos que nos visitan promueven sus actividades, sobre todo sus despedidas-, hagan algo? Aquí cualquier pendejo llega, hace lo que le da la gana, nos irrespeta... y después se larga.

Coletilla 2: También hace ya mucho tiempo que la administración pública es una verdadera “telaraña de peculados”. Pero... ¿por qué no han enterrado todavía esa otra telaraña de cables que afean la ciudad y para lo cual en el “Paseo del Chanchullo” (carrera 4ª, entre calles 8ª y 14) se abrieron unos conductos subterráneos? 

Gustavo García Vélez

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