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El hueco por llenar

Publicado: Sábado, 03 de febrero de 2018  |  11:59 pm
Alejandro Samper

Los recientes ataques en algunos territorios colombianos y asesinatos de líderes sociales se debe precisamente a eso: a que el Eln, las Bacrim o nuevos grupos narcotraficantes están ocupando esos espacios y corredores que antes dominaba las Farc.

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Es cuestión física el que un espacio vacío sea ocupado por materia de iguales dimensiones. Así lo explicó, hace 2 mil 300 años, el filósofo y físico griego Aristóteles, y así es desde niveles moleculares hasta los empresariales. Hasta en el narcotráfico.

Los recientes ataques en algunos territorios colombianos y asesinatos de líderes sociales se debe precisamente a eso: a que el Eln, las Bacrim o nuevos grupos narcotraficantes están ocupando esos espacios y corredores que antes dominaba las Farc. Sitios que quedaron despejados una vez se firmó la paz y se desmovilizaron las tropas. Sitios que debieron ser ocupados por el Ejército o por presencia estatal, pero que fueron descuidados y dejados a merced de los bandidos.

El Estado colombiano, en cabeza del presidente Juan Manuel Santos, pasó los últimos años defendiendo la paz pero no se preparó para ella. Por más que el general Alberto Mejía, comandante de las Fuerzas Militares, asegure que el Ejército está haciendo presencia en las cerca de 600 veredas que ellos diagnosticaron como críticas, las evidencias demuestran que están en el lugar equivocado.

Aumentaron los cultivos de coca en un 52% según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC); la DEA reportó que los cultivos ilícitos alcanzaron los niveles más altos de la historia en el 2016 y la Oficina Europea de Policía (Europol) manifestó su preocupación por el aumento “masivo” de la producción de cocaína colombiana. Cabe recordar que a finales del año pasado las autoridades nacionales se incautaron de 13 toneladas de cocaína, el mayor cargamento decomisado en la historia.

El vacío de ese cargamento se llenará con más coca - sembrada y cocinada -, más corrupción y más muerte. Si no son nuestros narcotraficantes, los mexicanos ocuparán el lugar.

A lo anterior se suma que el 2017 cerró con las muertes de 170 líderes sociales y defensores de paz, según datos del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz). En lo que va del 2018, ya son nueve los asesinados y 131 amenazados, de acuerdo con los datos del Sistema de Información del Área de Tierras de la Consultoría para los Derechos Humanos y Desplazamiento (CODHES). Personas que murieron por encender las alarmas, quejarse y defender sus derechos y los de su comunidad. El Estado no los escuchó y las balas ocuparon ese espacio.

Ya sabemos que para el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, esto no es sistemático y que muchos de estos homicidios se deben “a líos de faldas”. Esa ligereza es la que alimenta la desazón de los colombianos y nuestra desconfianza en el camino trazado para alcanzar la paz. Ese vacío es el que muchos candidatos presidenciales y al Congreso están buscando para llenarlo de veneno y desesperanza en el futuro. Para sembrar terror y recoger votos.

Las próximas elecciones nos darán la oportunidad de pensar en aquellos políticos que sean capaces de llenar ese vacío institucional. Porque ese hueco o lo llenamos de más muertos y corrupción o con la ilusión de un país mejor. Como dijo Aristóteles: "La esperanza es el sueño del hombre despierto”.

Alejandro Samper | Diario La Patria

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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