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Jalémosle al respetico

Publicado: Domingo, 04 de septiembre de 2016  |  9:59 am
Gustavo García Vélez

Porque es la enésima ofensa, otro irrespeto más que esa fastidiosa clase dirigente de este departamento comete contra nuestra ciudad y que, por lo demás, ha sido su tratamiento ya atávico con nosotros ...

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Con el correr de los años -cuando ya pintan canas… hasta en las arrugas-, como que les damos más credibilidad a las expresiones de los mayores, aquellas frases que en nuestra adolescencia no fueron más que “cantaletas de viejos”.

Una de ellas es la que sirve de título a este comentario y que era -y es- como una orden para que se aceptara y se respetara la preeminencia de los padres, abuelos y tíos. Pero, también, la advertencia a alguien que sobrepasó los límites del respeto y, entonces, se exigía mantener las distancias.

Y con la noticia de que la Biblioteca Departamental del Valle del Cauca tiene para esta semana la presentación de más de 30 autores -mexicanos, cubanos, venezolanos y colombianos- en Cali y varios de los municipios vallecaucanos, entre ellos 3 del Norte, pero con la excepción de Cartago, me parece que debemos decirles a los caleños: “jalémosle al respetico”. El ex alcalde Orlando Restrepo Jaramillo, uno de los más preocupados y activos en nuestra ciudad por los temas de la cultura, me comunicó su enojo -que compartimos- por este desaire.

Porque es la enésima ofensa, otro irrespeto más que esa fastidiosa clase dirigente de este departamento comete contra nuestra ciudad y que, por lo demás, ha sido su tratamiento ya atávico con nosotros (ver mi artículo “Carrapa: la tumba de Robledo” en el archivo de esta misma página web)… desde prácticamente la misma llegada de los conquistadores españoles a estas tierras.

Pero esta no es la única “negriada” que nos pegan los caleños (no obstante que es su ciudad la ya calificada como capital latinoamericana de las negritudes), porque la ministra de Cultura -quien, al parecer, también hace parte de esa “odiosa oligarquía caleña”- ni bolas le ha parado a las peticiones, quejas y reclamos que desde Cartago se hacen para detener el nuevo deterioro de nuestro más entrañable monumento, que es además nacional: La Casa del Virrey.

Hace ya muchos años que, “voliando” teléfono, Doña Lucy Murgueitio Mendoza de Montoya logró su restauración, porque estaba que se venía al suelo. Pero resulta que ahora, personas que no tienen sentido de pertenencia y nunca han practicado aquello de que “al país donde fueres... has lo que vieres”, están demostrando que les importa un pito la historia y las tradiciones de Cartago y creen que nuestra ciudad apareció ayer. Con comportamientos que atentan contra lo que la Casa del Virrey significa y refleja, esta gente nos está faltando al respeto a quienes sí enterramos el ombligo aquí.

Afortunadamente, un muy respetable grupo de conocidos ciudadanos y ciudadanas “se pararon en las de atrás” (otra frase de nuestros mayores) y están demostrando que, contrario a lo que algunos ignorantes creen, aquí todavía hay luz en la poterna y guardianes de la heredad. Que los pentacartagüeños (esta palabra sí me la inventé yo: de ancestro, nacimiento, bautizo, crianza y residencia) no hemos desaparecido… ni estamos jubilados.

El “combo de los Marisancena” (como ya bautizó un reconocido profesional cartagüeñísimo a este selecto grupo) está respaldando el derecho de petición que Doña Lucy ha dirigido a la caleña de apellido Garcés, que funge como ministra de Cultura, para advertirle lo que le va pierna arriba si no se responsabiliza, como es su deber, de lo que le está pasando -y le puede suceder- a la Casa del Virrey, amenazada en sus cuatro costados por unos bárbaros. “Jalémosle al respetico” se puede traducir y sintetizar el contenido de este mensaje a la burócrata.

La biblioteca “Marco Fidel Suárez” funcionó en la Casa del Virrey, cuando en mi niñez y adolescencia buscaba allí las respuestas a mis inquietudes intelectuales. Por eso soy testigo -y siento- que esta edificación rezuma (y resume) ese cartagüeñismo que Doña Lucy Murgueitio nos restriega, un día sí y otro también… a veces hasta con perrero. Es que ella “es Cartago”.

Por esta potísima razón, como es apenas obvio -y también deberían hacerlo todos los ciudadanos que sí respetan a la ciudad en la que hoy residen- me sumo con todas mis “armas” a esta muy justa “justa”. (Y sin necesidad de una destapada de mi genealogía materna mitocondrial, que incluye 14 generaciones de cartagüeños fatutos, información que se encuentra en el Archivo Histórico de Cartago… que también tiene su sede en la Casa del Virrey. Claro que ganas no me faltan, para que vamos… “jalándole al respetico”).

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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