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Liberalismo: enfermo bipolar

Publicado: Sábado, 23 de junio de 2018  |  10:11 pm
Gustavo García Vélez

Las últimas actuaciones del Partido Liberal se parecen a las de un bipolar. De la tristeza por la catástrofe de la primera vuelta, se pasó a la muy alegre entrega de sus huestes al candidato de las derechas, en donde por principios filosóficos nunca ha estado el liberalismo.

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La bipolaridad es una dolencia somática, caracterizada por cambios inexplicables en el comportamiento de los que sufren ese mal. De un extraño estado de exultante euforia sin ninguna causa, pasan a una profunda depresión que llega hasta intentos de suicidio.

Y es somática porque es genética, corporal y no mental. Además es hereditaria. (Se conoce hace  varios años que en Aranzazu existe un alto número de afectados, que representan un 5% de su población. De 12 mil habitantes hay más de 500 registrados y en tratamiento. Y se cree que su causa es la endogamia paisa, que siempre fue una sociedad cerrada... y trancada por dentro).

Pues bien. Las últimas actuaciones del Partido Liberal se parecen a las de un enfermo bipolar. De la tristeza por la catástrofe de la primera vuelta presidencial, se pasó a la muy alegre entrega -culipronta, injustificada y vergonzosa- de sus huestes al candidato de las derechas, en donde por principios filosóficos nunca ha estado el liberalismo.

Y ahora vemos por la televisión una cuña del “glorioso partido”, en la que -con una excelente producción y mensajes certeros- se reitera lo que ha sido: la colectividad de la lucha por conseguir y mantener la libertad y la igualdad; por el respeto a las minorías, sin tener en cuenta sus convicciones religiosas, herencias raciales o preferencias sexuales. “Eres liberal... y no lo sabías” es una de las contundentes frases de este mensaje televisivo.

Además, alegra la votación de los liberales en la Cámara de Representantes apoyando la reglamentación de la JEP -con la que se logró allí su aprobación- en contravía de lo “ordenado” por el nuevo mandamás de la Casa de Nariño quien, increíblemente, ignoraba el pronunciamiento de la Corte Constitucional: que no es obligatorio, ni siquiera necesario, su concepto para que se aprueben las normas de procedimiento de esa justicia. Con la lista, nombre por nombre, de cómo voten en el senado... podríamos comenzar la campaña para elegir gobernadores, alcaldes, diputados y concejales el año entrante.

Y quiero creer que no se dejó sentada esa “rebelión” por el desplante del electo en su discurso de la victoria, cuando ignoró al jefe -provisional, gracias a Dios- del Partido Liberal. Y menos, que haya sido una mostrada de dientes para enviar el mensaje... presionando la entrega de cuotas burocráticas, incluyendo al delfín de Gaviria.

(Entre paréntesis, me ofrezco para preguntar en Aranzazu cual es el tratamiento para este mal. Espero que haya todavía en este municipio caldense algún pariente por la rama de mi abuela paterna, Susana Arcila Peláez, nacida allá en 1866 cuando éramos Estados Unidos de Colombia. Al fin y al cabo su bisabuelo Gabriel Peláez Vélez -junto con su hermano José Miguel- fueron cofundadores en 1853 de esa población con otra docena de antioqueños, en la república de la Nueva Granada. Y José Miguel, junto a Antonio María Peláez, habían ya participado en la fundación de Pácora por la época de la Patria Boba, en 1817. Estas verdades están plasmadas en historias oficiales de esos municipios; y en los libros de bautismos y matrimonios de las parroquias de Aranzazu y Pácora, a los que tuve acceso en el sitio web de los mormones, antes de su bloqueo. Aclaro que solo hay en mi familia paterna una bipolar confesa.

Siguiendo con este paréntesis, ofrezco disculpas a los lectores por esta confidencia de mi árbol genealógico que a algunos les puede parecer una restregada. Que le vamos a hacer... si así son las cosas. Me produce mucha satisfacción y enorme orgullo poder hablar con esa autoridad heredada de mis mayores, entre ellos los Peláez nombrados, sobre los aconteceres del centro-occidente colombiano. Cartago y El Cairo igualmente hacen parte de mi historia familiar, desde sus propias fundaciones. Y, claro, también disfruto viendo la cara que ponen algunos y la cambiada de posición en sus asientos, cuando les cuento esto. Es que no soy bipolar... pero si “medio sádico”.)

Coletilla 1: La catedral de Pereira tiene un extraño -por decirlo de alguna manera- estilo ecléctico: paredes de ladrillo, cielorraso de tejidos de madera... y cúpula de hojalata. En un espacio de Telecafé, pagado por la gobernación de Risaralda, un presentador dijo que es “romántico y medieval”. Pues le recomiendo a este bárbaro -con cámara y micrófono prestados- que se lea “Historia del Arte” del español Pijoán, todo un clásico mundial, para que se “desasne” y aprenda que romántico es una cosa y el medieval otra. Y que ninguno de los dos están plasmados en la catedral de la Virgen de la Pobreza, cuya imagen original... se expone en el templo de San Francisco de Cartago desde finales del siglo 17. La que se exhibe en Pereira es una copia reciente, regalada por una cartagüeña raizal.

Coletilla 2: Causa sorpresa la ya sospechosa actitud pantallera de las “ías”. El Fiscal, el Contralor y el Procurador programan, diariamente, ruedas de prensa... para presentar presuntos delitos sin las pruebas requeridas en todas las democracias, caso las referencias a algunos congresistas electos por compra de votos; para exhibir refritos de investigaciones del año pasado por casos que están ya explicados, como Medimed; y para meterse de cualquier manera en los anuncios no cumplidos de tragedias, caso Hidroituango y la salud mental de sus obreros. ¿Qué buscan con ésto? ¿Mantenerse vigentes, cabalgando ruidosamente en aparatosos “chicharrones”... creados por ellos mismos?

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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