Sábado, 16 de diciembre de 2017
Temas de hoy
  • Banda delincuencial
  • Actos de violencia
  • Vigencias futuras
  • Agua potable
  • Contaminación


Lo que está en juego en Venezuela

Publicado: Sábado, 05 de agosto de 2017  |  10:45 pm
Alfonso Cuéllar

La diplomacia bolivariana quiere volver trizas la Carta Democrática Interamericana.

Comparte

En América Latina, la democracia ha sido más la excepción que la regla. Incluso, hace 50 años eran bichos raros los gobiernos surgidos de elecciones directas y competitivas. Se podían contar con los dedos de una mano (Colombia, Venezuela, Costa Rica). Apenas a principios de la década de los 90, se volvió práctica común la escogencia de los gobernantes por votación del pueblo.

En medio de la algarabía por el fervor democrático en la región, en abril de 1992 se presentó la primera grieta: el presidente peruano Alberto Fujimori cerró el congreso y disolvió el poder judicial. Fue mínimo el costo interno y externo de violentar el ordenamiento jurídico.  No hubo una respuesta contundente internacional al llamado “autogolpe”. Y si bien el presidente Jorge Serrano de Guatemala fracasó en su intento de emular a Fujimori en mayo de 1993, se estableció un nefasto precedente de aceptar no solo la preeminencia del ejecutivo sobre los otros poderes públicos sino de dotarle mayor legitimidad bajo el presupuesto que había sido elegido popularmente. Una versión latinoamericana de la declaración de principios de “La granja de animales” de George Orwell: “todos somos iguales pero algunos somos más iguales que otros”.

La Carta Democrática Interamericana, acordada en Lima el 11 de septiembre de 2001, buscaba remendar el desbalance causado por el ejemplo Fujimori. En su artículo tercero, se resaltó como “elemento esencial” la separación e independencia de los poderes públicos. Y en los artículos 18 a 22, se fijaron los parámetros para la intervención de la OEA en defensa del orden constitucional de un estado miembro.

La Carta nunca fue del agrado de Hugo Chávez, cuya revolución bolivariana estaba en su infancia. Chávez se oponía al concepto de democracia representativa y a los castigos por la alteración o ruptura institucional. Y se dedicó a socavar ese instrumento con la creación de UNASUR en diciembre de 2004 y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) siete años después. UNASUR se convirtió en la alternativa preferida de los gobernantes de izquierda que proliferaron en la primera quincena de este siglo. Por ejemplo, fue UNASUR, no la OEA, la que intervino en Paraguay, tras la destitución del presidente Fernando Lugo en 2012. Y el único objetivo tangible del CELAC fue darle un espacio de interlocución regional a Cuba, cuyo régimen viola cada uno de los artículos de la Carta Democrática.

La diplomacia bolivariana consiguió su cometido: que no hubiera un consenso en la región sobre qué constituye una ruptura o una alteración del orden constitucional y qué condiciones ameritan una intervención externa. El chavismo logró imponer durante años un filtro ideológico al debate: se debía defender sólo la legitimidad de los gobiernos amigos. Sin embargo, se le está acabando la gasolina a Nicolás Maduro y compañía. La elección fraudulenta de la Asamblea Constituyente en Venezuela generó un rechazo sin precedentes. No quieren saber nada de Venezuela en Mercosur. UNASUR está reducida a lo que siempre fue: un vehículo de propaganda chavista.

Hace casi 16 años los cancilleres de los 34 países de la OEA se reunieron en Lima para firmar el compromiso hemisférico de decirle “no más” a los  Fujigolpes. Se pensaba en ese entonces que el mayor riesgo provendría del autoritarismo de la derecha y no de la izquierda. Que la izquierda, que luchó tantos años por tener la oportunidad de gobernar, obraría de otra manera. Este martes varios ministros de relaciones exteriores regresan a la capital peruana con el objetivo de evitar que prospere el golpe de Maduro y se vuelva trizas la Carta Democrática Interamericana.

Alfonso Cuellar | Revista Semana | @Fonzi65

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.