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Malos para copiar

Publicado: Domingo, 25 de febrero de 2018  |  12:15 am
Gustavo Duncan

Es curioso que quienes en Colombia pretender montarse de manera tardía a la ola populista de izquierda que atraviesa a América Latina se sientan inclinados a copiar las políticas implementadas por aquellos regímenes más problemáticos, conflictivos y empobrecidos.

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Es curioso que quienes en Colombia pretender montarse de manera tardía a la ola populista de izquierda que atraviesa a América Latina se sientan inclinados a copiar las políticas implementadas por aquellos regímenes más problemáticos, conflictivos y empobrecidos. La paradoja es que un caso de populismo ha sido sumamente exitoso en términos económicos y de gestión pública, pero las razones de su desempeño no son atractivas para la izquierda local.

Bolivia es la otra cara de la moneda del castro-chavismo. Un crecimiento promedio anual del 5% durante una década y una reducción significativa de la pobreza que se reflejó en indicadores como el de porcentaje de personas subalimentadas, que pasó de 34% a 15% entre 1990 y 2015, son una señal que si se adoptan buenas políticas y se hace una gestión pública relativamente eficiente los resultados desde la izquierda pueden ser buenos y generar procesos de inclusión social.

¿Qué hizo Bolivia para tener un desempeño diametralmente opuesto al de Venezuela? Un reportaje de la BBC lo explica por tres razones. En primer lugar, una política de nacionalización de la explotación de hidrocarburos y un incremento de los impuestos a las empresas mineras que operaban en el país. Pero se hizo sobre la base de una administración eficiente de las empresas nacionalizadas. El Estado dispuso entonces de mayores recursos para atender a la población y jalonar la demanda interna.

En segundo lugar, un manejo responsable de la macroeconomía. A medida que se disparaban los precios del petróleo y se incrementaba el presupuesto estatal, Evo Morares y su equipo de gobierno se preocuparon por disponer de mayores reservas para cuando llegaran las épocas de las vacas flacas. Además, tampoco sucumbieron a la tentación de enfrentarse a las élites económicas de las tierras bajas, que pudieron continuar sus negocios e inversiones sin problemas.

Y, en tercer lugar, el manejo responsable de la macroeconomía en particular y el Estado en general permitió a Evo recuperar la estabilidad política y social de Bolivia. Atrás quedaron los tiempos en que el malestar social hizo que en menos de un quinquenio cinco presidentes desfilaran frente a la dirección del Estado.

Si se analizan las propuestas de Petro, el populista de izquierda colombiano con mayores opciones, se encuentra que ninguna de esas políticas, salvo un interés genuino por invertir en la inclusión social de los más desfavorecidos, hace parte de su agenda. Todo lo contrario: la idea es acabar con los hidrocarburos, elevar los impuestos y el gasto público, enfrentarse a los empresarios, replicar la burocracia ineficiente de la Bogotá Humana, etc.

Lo peor es que junto a la atracción por lo malo de Venezuela, también parecen querer copiar los vicios de Bolivia. Apenas llegó al poder Evo cambió la Constitución y la hizo a su imagen y semejanza. Ahora se obstina en quedarse en la presidencia pese a haber perdido un plebiscito que lo habilitaba para la reelección. Es una cuestión de ego. Es famoso el caso de un museo en su pueblo natal que costó varios millones de dólares para celebrar su personalidad. A las tendencias autoritarias y megalómanas se le suma la corrupción. La aparición de una oligarquía de Aymara cercana al presidente es escandalosa.

Ya Petro anunció que en el día uno de su mandato convocará una constituyente. ¿Controlará su ego y la corrupción de su corte?

Gustavo Duncan | ElPais.com.co

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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