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Más... de lo mismo

Publicado: Domingo, 16 de septiembre de 2018  |  9:39 am
Gustavo García Vélez

No se trata de meter palos en la rueda discutiendo este asunto, que lleva ya casi tres décadas de botadera de corriente... y nada. Ni alborotar a los habitantes de los municipios, que pondrían el grito en el cielo si se propone acabarlos. Simplemente, de plantear soluciones acordes con la Colombia de hoy.

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En la Universidad Tecnológica de Pereira se realizó a finales de agosto un encuentro entre académicos para volver a hablar sobre el ordenamiento territorial -el macro, el nacional, no el de los municipios-, con la asistencia de panelistas de los tres departamentos del denominado Eje Cafetero. (Supe de esa reunión porque me han enviado a mi correo electrónico apartes del debate y la memoria de conclusiones.)

Me parece no solo conveniente, sino hasta muy necesario, que este asunto no se deje extinguir en la memoria de los ciudadanos, que son al fin y al cabo los destinatarios de los métodos de gobierno que se implementen. Y, por eso, me regocijo de que haya todavía apóstoles que estén pidiendo el urgente cambio a ese mismo régimen administrativo actual, tan caduco que por enésima vez repito la caricatura -yo me autocalifico, ya lo he dicho, como caricaturista en prosa- que me inventé para describirlo: Colombia es hoy una señora sesentona y jamona, que luce todavía un ridículo vestidito de primera comunión... de diez tallas menos. 

La manera como abordo asuntos en veces estériles para la gran mayoría de los ciudadanos, se explica por la potísima razón de que hay que “socializarlos” (para emplear el verbo de moda), explicarlos de un modo sintético y metiéndole ironía y hasta sarcasmo, porque de otra manera esa carreta no se entiende y, por eso, aburre y queda archivada en los anaqueles de esos mismos académicos. Y eso me parece un tiempo miserablemente perdido. Hay estudios de quinientas y más páginas sobre este mismo asunto... que casi nadie conoció. Massiris es el apellido de un costeño que se dedicó, sin éxito -por eso mismo, por mamón-, a esa difusión.

Hechas aquestas consideraciones -anacronismo que le aprendí a Juvenal Mejía Córdova, mi profesor de sociología en la facultad de derecho en la Unilibre y que me parece entrañable por lo enternecedor, de castellano arcaico, tal cual el de mi abuela materna- tengo que decir como dedicado a este mismo tema por décadas, que en ese foro se habló más... pero de lo mismo. No encuentro allí propuestas que señalen el futuro que se acomode a nuestras verdaderas realidades. Se acepta (sin reparos y, menos, sin ninguna discusión) que las Regiones se formen con departamentos y no se dijo ni pío sobre la creación de Provincias, que es otra de las posibilidades aprobadas en la Constitución de 1991.

En este orden de ideas, digo que parece que a algunas personas les interesa más gastarle cacumen a lo trillado, que hacer esfuerzos dialécticos para señalar caminos nuevos. Y no se trata de incluir propuestas que pueden dividir a la opinión pública (ni que decir que a los políticos), como la de Ortega y Gasset incluida en su ensayo “La Redención de las Provincias”, en el sentido de que el municipio no es -ni puede ser- la unidad política local, porque es infrapolítico, demasiado pequeño para que en él se den los desarrollos deseables. Que lo lógico es que esa unidad llegue hasta donde se conforme y consolide una entidad socio-económica y cultural completa y puso el ejemplo del cultivo de olivos. A los olivitos, dijo, les importan una higa los límites entre municipios y se los saltan.

La intención no es, pues, la de meter palos a la rueda en la discusión de este asunto, que lleva ya casi tres décadas de botadera de corriente... y nada. Ni alborotar a los habitantes de los municipios, que pondrían el grito en el cielo si se propone acabarlos. Simplemente, de plantear soluciones acordes con la Colombia de hoy, en la que los departamentos estorban el fortalecimiento de las verdaderas relaciones socio-económicas y culturales, como es el caso palpable de nuestro Norte.

Estos 18 municipios hacen parte formal desde 1910 de un departamento, pero los contactos de su vida diaria por causa de la inmigración son con otros, limítrofes y con capitales más cercanas -y no solo geográfica, sino culturalmente- que la propia. Y de eso no se dijo nada en ese foro de la UTP (al menos no aparece en los documentos que me enviaron a mi correo electrónico) y, en ese sentido, creo que se perdió otra oportunidad para recalcar sobre esa tozuda realidad.

Allí leo que todavía hay quien, torpemente, insiste en que la Rap (Región Administrativa de Planeación) del Eje Cafetero debió hacerse con Chocó y Valle del Cauca, cuando las realidades socio-económicas y culturales hacen que la relación con Antioquia sea lo más lógico, como se aprobó en el  O.C.A.D. -Órgano Colegiado de Administración y Decisión-, que está ya vivo y coleando. No se si es la misma persona que me contestó con tonta altanería en otro de esos foros de la UTP, sobre ese mismo tema, con lo que demostró no solo ignorancia y desvinculación ancestral... sino patanería.

Mi propuesta ha sido que empecemos al derecho: primeramente, la creación obligatoria de Provincias en los departamentos que lo ameriten, no solo por su tamaño, sino por su población. Los de la Amazonia y la extrema Orinoquia son enormes, pero están casi desocupados y la conversión de las intendencias y comisarías -como se llamaban antes- en departamentos, solo consiguió el derroche de los recursos en burocracia. Hay que pagar un gobernador, sus secretarios, diputados, contralor, etc., etc., etc. Deberían seguir con un tratamiento diferencial y no graduarlos de adultos a la brava.

Segundamente (para seguir con el hablado de mis antepasados), transferirles a esas Provincias recursos de los presupuestos departamentales y también de las regalías nacionales, para la solución de problemas intermunicipales, como acueducto de ese tenor; hospital de tercer nivel; universidad pública provincial; banco de maquinarias amarillas para la construcción y mantenimiento de las vías terciarias entre esos municipios, que faciliten no solo la producción y comercialización agro-pecuaria, sino que motiven el turismo rural; etc., etc., etc. Muchos etcéteras.

Y, terceramente, conformar las Regiones con la asociación de Provincias -no de departamentos-, previas consultas populares, porque las decisiones no pueden seguir siendo tomadas desde Bogotá y/o las capitales departamentales por unos burócratas ignorantes de las realidades de la Colombia de hoy. Nuestro Norte y hasta 10 municipios del norte del Tolima, que tiene la misma idiosincrasia compartida, podrían así hacer parte de la Región del Eje Cafetero, acto de necesidad y de justicia con su actual expresión socio-económica y cultural.

Como colofón -broche de oro-, convertir a esas mismas Provincias en círculos para la elección de los representantes a la Cámara, dejando que el senado sea integrado por las Regiones. Esto haría que los provincianos se apoderen del tema, lo defiendan... y lo lleven a la realidad. Es la única manera -creo yo- de que esta problemática (palabra favorita de los politiqueros) deje de ser tema exclusivo de los académicos y lo asuman, inclusive... hasta los precandidatos a las alcaldías que ya pululan.

Coletilla 1: Está alborotada España con el descubrimiento de que varios de sus dirigentes tienen complejo de doctor, que hay falsificaciones de diplomas de grados y posgrados, lo que ya produjo la renuncia de algunos. Lo que natura no da, Salamanca no lo presta. Pero muchos creen que con llenar una pared de cartones, con marco dorado... es suficiente prueba de lo que tienen en el cerebro. Y esa sí es la comprobación de su estupidez.

Coletilla 2: Todas mis antepasadas maternas -hasta la tatarabuela de mi tatarabuela- vivieron en el que hoy se denomina barrio Guadalupe, aún antes de que fuera construido el santuario con esa advocación en 1810 y se diera al servicio de los feligreses, en 1811, la Plazuela del mismo nombre que, por acuerdo del concejo, hoy se llama “Pedro Morales Pino”. Y yo me crié a solo media cuadra. Desde esta semana la están remodelando y veo con agradable sorpresa que sí va a tener un total cambio, no como la que hizo un ex alcalde, que simplemente arrasó con unos árboles y remendó el piso. No pegaron un solo ladrillo. Y habían colocado una valla publicitaria con un diseño como para Madrid o París, pero que solo fue la justificación para embolsillarse los millones que dizque costó. Estoy ansioso por ver cómo va a quedar. Un buen antecedente es la Plazoleta de San Francisco, que quedó muy bonita. Agradecimientos (a quienes corresponda)... en nombre de todas ellas y de los 74 feligreses que donaron 500 patacones -la moneda de la época- para que el 02 de diciembre de 1811, Don Mariano Hormaza y Matute (constructor del santuario) comprara a José Estanislao Triana Roldán la casa deteriorada, con techo de paja y solar, en cuyo lote está hoy la Plazuela de Guadalupe.

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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