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0.47%... ¿es mayoría?

Publicado: Sábado, 08 de octubre de 2016  |  9:14 pm
Gustavo García Vélez

La pelota está en el campo de los que ganaron con ese irrisorio 0.47%, que no es mayoría y no les da autoridad para imponer sus decisiones. Y ojalá que sean sinceros en su propósito de buscar la paz… y no solo de seguir desprestigiando a este gobierno, con asquerosos intereses electorales para el 2018.

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Seguramente los lectores -y los electores- ya comenzaron a sacar sus propias conclusiones, luego de los resultados del plebiscito y, sobre todo, de la reunión en la Casa de Nariño y las masivas marchas en todo el país, el miércoles; la confesión, el jueves, de la sucia campaña del uribismo, hecha por su propio gerente; y este viernes, el batacazo al “no” por el Nobel de Paz para Santos y la aceptación de las farc a revisar el acuerdo, base del plebiscito. Yo debo exponer las mías, por el potísimo motivo de que un columnista permanente tiene que hacerlo, en razón de este oficio.

Cuando uno se mete en esta vaina de ejercer como comentarista en algún medio de comunicación social, es porque se tiene vocación de servicio público y cree (tal vez ingenuamente) que lo que dice a través de la radio o aquello que escribe para un medio impreso o digital, puede servir como un punto de vista válido que invite y ayude a la reflexión de los oyentes o lectores.

Naturalmente, el ejercicio de esta profesión -porque eso es- requiere de unos requisitos más o menos exigentes, según el medio en que el comentarista se desenvuelve y la cantidad y calidad de los lectores. Por ejemplo: tener una aceptable sintaxis, que es la parte de la gramática que enseña a construir las frases que reflejen, fielmente, lo que se quiere decir. Y esto, es la obvia consecuencia de tener muy en claro lo que se piensa sobre el asunto propuesto como tema. Ni qué decir que se deben manejar muy bien las reglas de la ortografía y la puntuación, sobre todo en los comentarios escritos. Es decir, que no se pueden tener deudas sin cancelar con la primaria y/o el bachillerato y, mucho menos, trastornos mentales que impidan pensar con claridad.

Pero también (y esto sí que es una exigencia total) que esas deudas pendientes no sean con la moral, o la justicia, o las costumbres generalmente aceptadas en el lugar habitado por el autor. (Cosa distinta puede suceder con los novelistas, como Oscar Wilde y, sobre todo, con poetas. Baudelaire, Verlaine y Rimbaud, son la prueba). Un comentarista sin honorabilidad ni decencia no puede tener credibilidad, requisito sine qua non -latinajo que significa necesario- para que las personas a quienes va dirigida (que lo escuchan, o lo leen) esa su opinión, no se sientan engañadas; o, lo que es peor, agredidas en su inteligencia y su buena fe por un ignorante, degenerado o bandido que se las quiera dar de sabio, pulcro y honesto. (Podríamos recordar aquí a Daniel Samper Pizano, que nunca ha tenido la misma aceptación de antes, porque se puso a defender a su hermano -con explicable, pero no justificable lealtad filial- completamente desprestigiado en el proceso 8.000).

Hechas que fueron aquestas consideraciones (a mí me encanta el castellano antiguo), debo recordar -que no “cobrar”- lo que expresé en dos de mis escritos recientes (y que quienes no los leyeron pueden encontrarlos en el archivo de esta misma página web, haciendo clic en la palabra “columnistas”, que aparece al final).

El domingo 21 de agosto salió mi artículo “¿Alguien podría explicarme…?”. Allí dije esto, refiriéndome al caso del colectivo L.G.T.B. : “(…) Ese ´soy marica y qué´ parece que está produciendo ya reacciones de quienes se han sentido por años agredidos, irrespetados hasta en su concepto del buen gusto por esas exageraciones de los travestis. Porque el respeto debe ser de doble vía (…) No me extrañaría que la injusta reacción en contra de la ministra de educación esté dentro de este ¨poner las cosas en su sitio¨ (…)”.

Y vea pues.  Dizque en la reunión del presidente Santos el lunes pasado -luego de la debacle del plebiscito-, todos los partidos que lo apoyan estuvieron de acuerdo en que la dura controversia nacional por las cartillas que hablan de sexualidad a los niños… generó buena parte del voto en contra. Porque en la sucia campaña adversa a lo propuesto en el plebiscito, no se escatimaron docenas de mentiras. Solamente una de ellas: decir que desde el gobierno se estaba promoviendo el ataque a las “sanas costumbres de las familias” y que eso hacía parte del pacto con la guerrilla. En el paiserío profundo -Antioquia y el Eje Cafetero-, tan apegado a las tradiciones, eso caló… y ya sabemos los resultados del domingo allá. (El talante liberal nunca ha sido mayoritario en la tierra de mis abuelos, aunque mi Vélez es el de un paisita -Eladio Jaime Vélez Upegui- que llegó a este Norte enrolado en los ejércitos liberales en la “Guerra de los Mil Días”).

La ministra ha renunciado a su cargo y yo sí creo -y no tengo nada de mojigato- que esa restregadera en la cara de la opinión pública de su condición sexual, mostrándose con su pareja un día sí y otro también (y ambas altas funcionarias del gobierno), afectó el sentimiento de muchos electores, incluso de los que siendo también gays, no comparten ese exhibicionismo de mal gusto… y hasta grotesco.

Y también dije en otro escrito -“Provincias en posconflicto”, el domingo 25 de septiembre-, refiriéndome a las encuestas que ya reflejaban una altísima abstención, esto: “(…) La explicación puede estar no solo en que los centros más poblados -capitales y ciudades intermedias- no han sufrido los embates de la guerrilla, como en las zonas rurales y periféricas y por eso la “indiferencia egoísta” puede ser la norma; sino porque (como lo expresé en artículo anterior) los ciudadanos estamos “mamados”, jartos, de ese asunto y aún no entendemos el porqué se demoraron 4 larguísimos años en culminar las discusiones acerca de 6 temas (…)”.

Y, con tristeza, oí la confirmación de mi predicción: en la gran mayoría de los departamentos asolados, durante décadas, por los inclementes ataques de la guerrilla… ganó el “sí” por abrumadora mayoría. Mientras en casi todas las ciudades intermedias ganó la oposición, aunque no por tanta diferencia. La “indiferencia egoísta” -como llamé a esa actitud- se impuso, no solo con ese “no”, sino con la abrumadora abstención (lo único en que acertaron todas las encuestadoras), que también puede explicarse, aunque no justificarse, por el hecho de que los colombianos ya estábamos saturados de ese tema.

Y hay que decir también que fue un error no haber informado oportunamente a los ciudadanos acerca de los contenidos y posibles alcances de los 6 puntos acordados, en la medida en que se iban aprobando. Nada impedía ese conocimiento previo, a pesar del “nada está acordado, hasta que todo no esté acordado”. Dejar para 4 semanas lo que no se hizo en 4 años, fue una fatal equivocación.

En conclusión: que la pelota está en el campo de los que ganaron con ese irrisorio 0.47%, que no es mayoría y no les da autoridad para imponer sus decisiones. Y ojalá que sean sinceros en su propósito de buscar la paz…  y no solo de seguir desprestigiando a este gobierno, con asquerosos intereses electorales para el 2018. Ya lo dijo el controvertido -pero un dialéctico del carajo- senador Roy Barreras: “Vamos a ver cómo asumen la responsabilidad histórica de haberse opuesto a este propuesta en pos de la paz en Colombia”. Y hasta Vargas Lleras, tan silencioso en este proceso, ya dijo que “nadie entendería la dilatación en las conversaciones con los del ¨no¨ ”.

Coletilla 1.- Dizque el huracán “Mateo”, que impidió el voto de más de medio millón de colombianos en la Costa Atlántica (¿será que la Corte ordena repetir la votación allá?), es “cómplice necesario” de Uribe, Pastrana, Ordóñez… y demás yerbas.

Coletilla 2.- Excelente la “parada” de Yolanda Ruiz y María Elvira Samper a Uribe en RCN-Radio, el jueves. Que concrete sus propuestas, no se vaya por las ramas… y deje sus zalamerías, sus babosadas. ¿O es que quiere continuar con la misma sucia estrategia, confesada por el propio gerente de su campaña? Pues dudo que ahora le vuelva a resultar… porque ya los hechos lo están desenmascarando.

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.