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Medir la inteligencia

Publicado: Lunes, 14 de agosto de 2017  |  12:01 am
Carlos Arturo Serna Jaramillo

Una evaluación no resuelve el problema de la inteligencia. Es como lanzar dardos desde una misma distancia en la procura de hacer blanco en trozos de papel.

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El coeficiente intelectual (C. I.) clasificó a los genios y a los demás con una cifra fruto de un examen. Así que los test, exámenes o pruebas escritas han sido un recurso funcional a objetivos de discriminación y control social. 

Un cedazo para distinguir a los que sí de los que no. ¿Cuánto es lo que sabes? A los fines de la evaluación, la inteligencia, el aprendizaje y el conocimiento son sinónimos. Se trata de medir pedacitos de información de un conocimiento que es parte de un gran conocimiento comprendido en el aprendizaje humano. Cuánto sabes de matemáticas o de ciencias no es todo, menos si se deja de lado la biografía o la historia personal en la que está inscripta la experiencia misma del aprendizaje. Los conocimientos se insertan en la huella que va dejando una vida vivida en todo tiempo de aprendizaje, y hay experiencias de las que no se quiere hacer memoria. 

La evaluación no es más que un intento de medir lo complejo e inabarcable del aprendizaje social. El énfasis está en las disciplinas científicas y el conocimiento ordinario con algún sentido de verdad. De modo que el conocimiento es el conocimiento mismo: ciencias, matemáticas, historia, razonamiento abstracto, etc., es lo que se evalúa, de ahí en adelante es muy poco lo que se avanza. No se sabe cómo afecta este conocimiento la organización del sistema nervioso del individuo, por ej., pero sí se sabe que algunas personas tienen facilidad con los números, otras, inclinación por las manualidades o la literatura; que hay talentos y capacidades que le vienen a la gente de naturaleza. 

Una evaluación no resuelve el problema de la inteligencia. Es como lanzar dardos desde una misma distancia en la procura de hacer blanco en trozos de papel. El que obtiene más aciertos sabe o conoce más. Esta aproximación al aprendizaje no dice nunca en qué consiste, ni el nivel o categoría de aprendizaje. Existen clases de aprendizaje. No es lo mismo afirmar que 2+2 es igual 4 a preguntarse por qué esta igualdad, cómo es posible efectuar operaciones con signos, qué es un signo y qué tiene que ver con la realidad. Un conocimiento y la reflexión sobre un conocimiento que la evaluación no abarcará jamás. 

Interrogar si las ciencias de la educación hacen comprensión adecuada del aprendizaje, pues la conducta humana es resultado de un aprendizaje, y en la diversidad de conductas está incorporada la cultura. Nadie nace odiando pero aprende a odiar. ¿Cómo lo aprendemos? Lo que nos pasa, para mal o para bien, es cuestión de aprendizaje. ¿Qué significa entonces aprender?

Carlos Arturo Serna Jaramillo | Crónica del Quindío

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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