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Mínimo vital

Publicado: Sábado, 05 de agosto de 2017  |  10:51 pm
Alejandro Samper

Proteger el agua es una inversión a largo plazo. Es asegurar el futuro. También es una posibilidad de negocio.

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El Concejo de Manizales aprobó esta semana el proyecto que beneficia a las familias más pobres de la ciudad de lo que se considera es el mínimo vital del agua: unos 5 metros cúbicos del líquido. O sea, a unas 8 mil 138 familias -personas de estratos 1 y 2 afiliadas al Sisbén- les llegará el servicio de agua potable gratis lo que es un avance en la búsqueda de la equidad social.

Una propuesta loable del alcalde Octavio Cardona que, a pesar de que algunos sectores puedan considerarla populista, sigue los pasos de otras ciudades del país (Bogotá, Medellín y Cali la tienen). Además, proveer de agua a los más pobres es uno de los Objetivos del Milenio establecidos por las Naciones Unidas. Y es una gran inversión. En el informe Sin agua no hay salida a la pobreza, publicado por el diario El País de España (http://bit.ly/2huHAJS), se registra que la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que por cada dólar invertido en suministro de agua potable se ahorran entre 3 y 34 en sanidad. “Agricultura, energía, nutrición, mortalidad infantil tienen una estrecha relación con el agua. Sin ella no hay desarrollo ni salida a la pobreza”.

La decisión que mejorará la calidad de vida de estos ciudadanos, se suma a esa historia de amores y odios que tiene Manizales con el agua. Cuando llega la temporada de lluvias, le tememos; pero cuando ocurre algo como lo acontecido ese 19 de octubre de 2011, fecha en que la ciudad se quedó sin el líquido vital por cerca de un mes, agradecemos que de nuestro suelo brote con gran facilidad. Todavía recuerdo ese personaje que bajo el piso de su supermercado, en plena Avenida del Centro, tenía un pozo natural con el que ayudó a sus vecinos de la Galería.

Tal vez por esta aparente abundancia de agua algunas personas, como el columnista Enrique Pava, consideran que no hay problema en construir una ciudadela para unas 10 mil personas -con avenidas y tiendas- junto a la reserva ambiental Río Blanco. Lugar que abastece del líquido al 35% de la ciudad. Y no soy un ambientalista radical, como podría pensarse. Tampoco estoy amangualado con los concejales que votaron en contra del proyecto Tierraviva, como podría pensar el editorialista de marras. Sí tengo un interés particular: proteger los recursos hídricos de nuestra región para garantizarle a los conciudadanos del futuro al menos el mínimo vital de agua.

No es joda ni ganas de dañarle el negocio a la constructora CFC&A. Tampoco envidia de los que se irían a vivir a esos terrenos de bellos paisajes (¿será que Pava tenía su apartamento pisado?). Es porque hay una alarma mundial para proteger esta clase de bienes. La ONG Global Footprint Network anunció esta semana que la humanidad ya consumió la totalidad de recursos que el planeta puede renovar en un año. O sea, ya estamos al debe con la Tierra. Y el año pasado la ONG Inquisitr publicó un informe de Wikileaks en el que unos científicos establecían el 2050 como el año en que se acabaría el agua potable en el mundo, si no hacemos algo para cambiar nuestra voracidad.

Tenemos un importante capital en nuestro suelo y montañas que vale la pena proteger. Uno por el que muchos países ya se pelean. Los Emiratos Árabes Unidos, por ejemplo, contemplaron la posibilidad de crear el mayor aljibe del mundo, con capacidad de 26 millones de metros cúbicos de agua desalinizada. Este año exploraron la posibilidad de llevar icebergs desde la Antártica hasta sus desiertos ricos en petróleo; algo que ya habían intentado hacer en 2013, cuando quisieron negociar con el gobierno chileno para comprar hielo patagónico pero la presión social y maniobras turbias acabaron con el trato.

Proteger el agua es una inversión a largo plazo. Es asegurar el futuro. También es una posibilidad de negocio. Además, si los catarís pagaron 222 millones de euros por un futbolista, ¿cuánto estarán dispuestos invertir por calmar su sed?

Alejandro Samper | La Patria

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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