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Mordiéndose la cola

Publicado: Domingo, 05 de noviembre de 2017  |  12:32 am
Gustavo García Vélez

No se les puede dar gabela a los “culiprontos” para que, amparados en unas elecciones con escasa participación, logren modificar hasta la historia de todo un país. Pero, la aprobación de la participación ciudadana... ¿fue solo un contentillo momentáneo para enfriar las protestas sociales?

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En la década de 1980, las protestas sociales, las marchas y los paros cívicos pululaban y, por eso, motivaron la reflexión de la clase política de este país acerca de las causas de esos eventos, que alteraban inclusive el orden público porque en muchos casos fueron violentos, como el de Cartago con respecto a los altos costos de los servicios públicos. Y, claro, los mamertos de todas las líneas, de todos los pelambres, hacían ochas y panochas en ese caldo de cultivo. Aquí llegaron hasta intentar quemar a las Empresas Municipales prestadoras de esos servicios, dejando como consecuencia la irremediable pérdida del archivo administrativo de nuestra ciudad (solo quedaron las cenizas que dejó ese incendio), que reposaba en el concejo municipal ubicado en la misma vetusta edificación y que contenía valiosos e irrecuperables datos históricos desde la época de la conquista. El historiador Juan Friede lo consultó a comienzos de los años 60´s para la publicación de uno de sus libros.

El presidente de entonces, Belisario Betancur, llegó inclusive a intervenir por la televisión para evaluar el caso de Cartago y ordenó una suspensión (aunque parcial y momentánea) del alza de los costos de los servicios de agua, energía eléctrica, aseo y alcantarillado en todo el país. Testigos presenciales de esos hechos tienen la absoluta convicción de que quienes estaban al frente de ese alzamiento popular no eran residentes en nuestra ciudad y que irradiaban una disciplina férrea. Lo que también es cierto, es que habían efectuado previamente una completa labor de inteligencia, porque en el Batallón Vencedores solo había una docena de soldados y por eso los militares no pudieron intervenir. Quien había quedado al mando dio como disculpa la de que si desprotegía esa base militar, a él le seguían consejo de guerra. Y como en toda parte hay idiotas útiles, quedó el recuerdo de los que se prestaron para esos daños, con candela incluida. Los tales “dinosaurios” todavía andan por ahí... muy orondos.

Se logró, entonces, la aprobación de sendas leyes, cuyos proyectos fueron presentados a la consideración del Congreso de la República por el ministro de Gobierno, Jaime Castro. Ellas reglamentaron los mecanismos para que la participación ciudadana -no solo en la discusión de los asuntos públicos, sino hasta en la toma de decisiones y en el control efectivo para que lo acordado se cumpla- se hiciera por las vías legales: cabildos abiertos, revocatoria del mandato de alcaldes, consultas populares, plebiscito, referéndum y otros. Y, de contera, se logró también un esperanzador comienzo de la descentralización política, administrativa y fiscal, que todo el país pedía a gritos. Por eso el doctor Castro es llamado, con toda justicia, “el padre de la descentralización” en Colombia.

Por el conocimiento previo que tuvimos de esos proyectos (gracias al ponente en la Cámara de Representantes del que buscaba la elección popular de alcaldes, que incluía también la creación de provincias y la consulta popular) realizamos a través de la emisora de la Cooperativa de Cafetaleros del Norte del Valle una difusión de los contenidos y posibles alcances de lo que se estaba cocinando en el Congreso. Y, posteriormente, se efectuaron conferencias-foros en cada uno de los municipios del radio de acción de esa entidad, con la participación activa de concejales, estudiantes, agricultores, funcionarios públicos y hasta amas de casa. Inclusive, el comandante de cada estación de policía participó. Y en las bibliotecas públicas de esos municipios, lo mismo que en las de los colegios y en archivos de alcaldías y concejos quedaron copias de esos proyectos, para futura memoria y estudio. Los entonces estudiantes, tal vez hoy líderes en sus municipios, deben recordarlo.

En Cartago se logró la creación de Comunas y la reorganización de los Corregimientos, con sus Juntas Administradoras Locales -JAL-, que fue otro avance de la descentralización. Claro que “a la brava”, porque hubo que exigir antes un cabildo abierto para obligar al alcalde a respetar ese anhelo popular. Allí paró todo. La falta de voluntad política de los dirigentes de los partidos enterró todo ese magnífico proceso que, de haber avanzado, hubiera mermado mucho la corrupción, obteniendo así progreso en todos los municipios de este país.

En este 2017 se está presentando, después de treinta años, una situación idéntica. Paros y huelgas por todas partes. Marchas de indígenas, que se han vuelto más agresivos. Consultas populares canceladas o al menos aplazadas -especialmente para que los ciudadanos decidan si quieren o no que la minería y la extracción de petróleo se ubiquen en sus municipios- dizque por falta de presupuesto para efectuarlas.

Esto nos está indicando que, como siempre, “la historia se muerde la cola”. Y las preguntas son: esa aprobación de las normas reglamentarias de la participación ciudadana... ¿fueron solo un contentillo momentáneo para enfriar las protestas sociales? ¿Por qué se exigieron requisitos que son imposibles de cumplir, como lo demuestra el hecho de que, por ejemplo, solo en Bello (Antioquia) se ha logrado la revocatoria del mandato del alcalde?

Es verdad que no se les puede dar la gabela a los “culiprontos” para que, amparados en unas elecciones con escasa o, al menos minoritaria participación, logren modificar hasta la historia de todo un país. Este es el caso de la salida de Gran Bretaña de la Comunidad Económica Europea y la cantaleta reciente en Cataluña, en las que participaron solo el 45% de los electores pero que, por una falla en su reglamentación, tienen apariencia de legalidad. O los resultados del plebiscito sobre el proceso de paz en Colombia, en el que el “no” ganó con la ínfima mayoría del 0.43%, endeble y lánguido resultado en el que todavía se apoyan, como si hubiera sido contundente. Y eso es aún más peligroso... que las algarabías de los revoltosos.

Este debe, tiene que ser un tema de primera línea en las próximas elecciones en nuestro país. Los electores necesitamos saber quiénes de verdad son demócratas, amigos de que la voluntad de las mayorías -pero amplias- se respeten y que no se manipule a la opinión pública con mentiras, a través de eso que llaman las redes sociales, a las que Humberto De la Calle denomina, en mi opinión acertadamente, como “alcantarillas”. Esos métodos fachistas tenemos que enfrentarlos con decisión. Lástima que no se puedan eliminar... porque hasta en Estados Unidos se dieron en las pasadas elecciones. Por eso ganó Trump. Afortunadamente, ya se desenmascaró esa estrategia. Esta semana hubo en Bogotá un foro sobre “las mentiras en las noticias” (fake news, en inglés) con la participación de casi todos los medios de comunicación social y cuatro expertos internacionales, cuyas recomendaciones ya están poniendo en práctica esos mismos medios periodísticos. De manera, pues, que en las elecciones del año entrante a los mentirosos de oficio y profesión les va a quedar muy “de´parriba” volver a engañar a los colombianos, especialmente a los crédulos grupos cristianos.

Y, a propósito de descentralización: en Antioquia se inició el proceso para la creación allá de las P.A.P. (Provincias Administrativas de Planeación), que al igual que las R.A.P. (Regiones Administrativas de Planeación), están autorizadas por la L.O.O.T. (Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial) y son el primer paso para su reaparición definitiva. Señores alcaldes de los 18 municipios de la futura Provincia Quimbaya-Robledo: ¿cuándo comenzamos nosotros ese proceso aquí? Fuimos Provincia en el siglo 19 y comienzos del 20 y, por eso mismo, aquí también la historia debería... “morderse la cola”.

Coletilla: Muchas felicitaciones, con aplauso incluido, para los propietarios de los apartamentos del edificio ubicado en pleno Parque de Bolívar de Cartago (carrera 4ª, calle 11, esquina), porque -tal vez “haciendo vaca”- lo embellecieron con un exquisito buen gusto, demostrando con ello no solo amor por nuestra ciudad, sino respeto a sus habitantes. Lo mismo puede decirse de la “Casa Rubiano”, histórica edificación con estilo republicano, en la otrora Calle Real, en la que nació el cardenal y a la que también están dándole una excelente mano de pintura, con toda la destreza que ese monumento requiere. Otra cosa es el asqueroso aspecto de una edificación, también en pleno Parque de Bolívar (carrera 5ª, calle 11, esquina), en la que tiene su sede “Davivienda”. Y eso que esas entidades bancarias ganan miles de millones cada trimestre. Que no se escuden en el pretexto de que es arrendada y que no pase lo de siempre: unos aparecidos llegan a Cartago, la exprimen, la irrespetan... y luego se largan.

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.