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No quiero, no puedo y probaré

Publicado: Domingo, 21 de agosto de 2016  |  11:44 am
Umberto Senegal

Subordinar nuestro Sí o No a estrategias de un par de políticos de idéntica condición humana, ávidos de poder, es carecer de perspectivas históricas que trasciendan tanto al uno como al otro, a derecha o izquierda.

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Ironizó Groucho Marx: “Todavía no sé qué me vas a preguntar, pero me opongo”. Actitud nacionalista de cuantos continúan resistiéndose a procesos de paz en Colombia. Grouchistas amilanados frente a los marxistas. “No Quiero”, “No Puedo” y “Probaré”, fue un cuentecillo de posible origen hasídico que, por los años 50, incluyeron en uno de los volúmenes de La alegría de leer, como pasaje de lectura infantil.

Los protagonistas eran tres niños así llamados. Ante los retos cotidianos, procedían de acuerdo con sus nombres, personificando modelos de vida característicos del no-quiero, no-puedo y probaré.

Los dos primeros, se frustran. El tercero, prospera. Estampa sicológica de los colombianos en materia del Sí y del No, de diario forcejeo. Macarthistas del siglo XXI, seguimos socavando, confiados o mustios, el misterioso nicho donde intentamos acomodarnos de acuerdo con nuestras monomanías y nuestra formación política. Anacrónicas plañideras de la guerra.

Desde nosotros, frívolos columnistas pontificando como si fuésemos competentes politólogos, metódicos sociólogos, trajinados financistas, ultramodernos economistas o filósofos políticos del devenir histórico, hasta el candoroso comentarista, desinformado y de nefasta ortografía, pésima redacción, deplorable sintaxis e incoherentes enunciados ensalzando o zahiriendo al columnista,  se ensanchan las recuas tras de Mambrú o del Gato con botas, como si formáramos parte de las bélicas legiones de Alejandro, Escipión o Napoleón. Reproducimos el primitivo arquetipo del individuo satisfecho con su modo de vida, ajeno a dinámicas históricas del ciclo y los cambios.

De las mudanzas sociales progresivas o abruptas. Subordinar nuestro Sí o No a estrategias de un par de políticos de idéntica condición humana, ávidos de poder, es carecer de perspectivas históricas que trasciendan tanto al uno como al otro, a derecha o izquierda. Considero que es apremiante, más allá de cualquier condicionamiento político que asumamos, probar disyuntivas menos sanguinarias.

Proscribir este espanto al que nos hemos habituado. Si los defensores del No, testarudos expositores del apocalipsis nacional, no atribuyen este a plagas bíblicas sino a cargos que ejercerán los exguerrilleros en el estado, ellos no podrán ser peores que muchos de cuantos ahora los desempeñan, herederos de Mariano Ospina Rodríguez y de Caro; de los Retrógrados, en la época santanderista, quienes continúan reproduciendo el Programa Conservador de 1849.

A estas plañideras del “no-quiero y no-puedo”, debemos escucharlas increpar en cualquier espacio donde se manifiesten porque, gracias a su visible chovinismo, sus desasosiegos políticos, sus ideológicas antipatías y prejuicios culturales, imponderables catadores de la pólvora expertos en cocteles de sudor, sangre y lágrimas, visualizaremos por cuáles estrechas vías marcha el desarrollo social,  político y económico de nuestro país.

Necesitamos de sus lamentos funerales para medir, con ellos, hasta dónde está atrasada nuestra sociedad y diagnosticar las sociopatías del colombiano. Por cuanto me concierne, probaré el SÍ. 

Umberto Senegal / Crónica del Quindío

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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