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Los nostálgicos

Publicado: Sábado, 01 de julio de 2017  |  11:07 pm
Alejandro Samper

Ese país alérgico a las buenas noticias, el medio país de viudas del poder, cuando empezó el proceso de paz, dijo que las Farc nunca firmarían un acuerdo. Cuando lo firmaron, que era un pésimo acuerdo.

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La que se suponía sería una fecha histórica, un evento esperado por todo el país, se transformó -una vez más- en un hecho de discordia política. La guerrilla de las Farc, que por 52 años estuvo echando bala y aterrorizando a Colombia, dejó las armas el pasado miércoles. 7.132 fusiles, según las Naciones Unidas, además de unas 873 caletas con munición y demás material bélico en proceso de desmantelar. Entonces llegaron los peros…

La ceremonia realizada en Mesetas (Meta), en la que se estrecharon las manos el presidente Juan Manuel Santos y el jefe de las Farc, Timochenko (a quien de ahora en adelante hay que llamar Rodrigo Londoño Echeverri), no entusiasmó al grueso de los colombianos.

“Ese país alérgico a las buenas noticias, el medio país de viudas del poder, cuando empezó el proceso de paz, dijo que las Farc nunca firmarían un acuerdo. Cuando lo firmaron, que era un pésimo acuerdo. Cuando lo cambiaron siguiendo las sugerencias de los del No, entonces dijeron que no lo cumplirían. Cuando lo empezaron a cumplir desmovilizándose y yendo a las zonas de concentración, que no entregarían las armas. Y ahora que llega la entrega de armas, vuelve y empieza la misma retahíla de negación y mentiras”, escribió Héctor Abad Faciolince para El Espectador en la columna Contra las buenas noticias (http://bit.ly/2tgXlpy).

Con apatía, un ciudadano me dijo que era la quinta vez que estos dos personajes estaban en una tarima felicitándose mutuamente por una paz que no veía. “¿Dónde están los resultados?”, me preguntó, y le dije que esto era un proceso de largo aliento. Que los frutos se verán en unos años. “Resultados había cuando el Ejército se bajaba a los cabecillas de la guerrilla. Ahí sí se sentía que el país iba para algún lado. Eso gustaba más y había más patriotismo”, me respondió.

Seguramente este personaje votará por el candidato que los expresidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana propongan de esa unión nacida de intereses mezquinos y que busca “hacer trizas” el actual acuerdo.

Al escuchar a estos siniestros siameses y a sus seguidores da la impresión de que quieren regresarse en el tiempo. Volver a esa Colombia donde el orden público, las tomas guerrilleras y los golpes militares (con sus cifras de víctimas) acaparaban las noticias. Es tal el añoro por el pasado, que esta semana la representante María Fernanda Cabal olvidó que la Unión Soviética desapareció hace 26 años.

Dice el cantautor español Joaquín Sabina que “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”, y eso es lo que tienen Uribe y Pastrana. Tiene guayabo de no haber alcanzado la paz, ni por la vía del diálogo ni por la militar. Ahora buscan regresar al poder en cuerpo ajeno para hacer de las suyas.

La entrada de las Farc a la vida civil y a la política tiene sus desatinos y todavía tiene muchas cosas por aclarar y pulir (como el dinero y las propiedades que tienen). No obstante, recular y echar al trasto lo que se ha hecho es un acto del mayor egoísmo e irresponsabilidad.

El país está dando un gran paso al dejar atrás medio siglo de conflicto armado. Es un frente menos que atacar, un esfuerzo que el Estado puede destinar a otros menesteres. Esta es la oportunidad para que los colombianos demostremos nuestra nobleza y dejar que los nostálgicos se amarguen solitos.

Alejandro Samper | La Patria

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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