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Nubes anaranjadas

Publicado: Domingo, 23 de diciembre de 2018  |  8:38 am
Gustavo García Vélez

Apenas en su alborada, hemos oído la cantaleta de que la tal economía naranja será la panacea para todos nuestros males republicanos. Lo chistoso del asunto, lo que mueve a risa es que eso se está quedando en las nubes... como los atardeceres anaranjados.

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Los poetas han cantado siempre los ocasos y algunos hasta se quedaron ciegos... de tanto mirar atardeceres. (Lo mismo les pasó a los dirigentes de Cartago durante la oleada paisa, que nunca supieron aceptar y menos orientar, pudiendo haberlo hecho para lograr con los nuevos habitantes ese civismo que ahora estamos necesitando). Esos momentos son de culminación, nunca de inicio. Cuando el astro rey aparece por el oriente, la atmósfera tiene otra coloración -la luminosa que nos ayuda a orientarnos- y ese que llamamos “el sol de los venados” solo se vislumbra cuando comienza a ocultarse en el poniente, en el otro extremo del firmamento.

Es la hora de los balances del día y -para los que creen en la existencia de un ser creador- es el minuto de Dios para agradecer “por el día que ya pasó y la noche que llega”. Esos colores anaranjados -que es el segundo color del espectro solar- aparecen en el horizonte por efectos de la refracción de la luz del sol, que muestra otros seis adicionales cuando salen los arcos iris. En estos fines de la jornada diaria se suman y se restan pequeños triunfos y molestos fracasos.

Tengo sordera para los escritos en verso y, por eso, no sé ninguno de memoria entre los que le cantan a esos ocasos. Solamente recuerdo algunas estrofas de los himnos de Colombia y de mi ciudad, Cartago. Pero esas fueron tareas obligatorias en la primaria de mis estudios que, al igual que “manecita rosadita muy experta yo te haré” o “los pollitos dicen pío, pío, cuando tienen hambre o cuando tienen frío”, apenas son improntas de la edad tempranera y, por lo tanto, imborrables, como ese “patria te quiero en mi silencio mudo y temo profanar tu nombre santo”, que tenía que declamar en cada clausura, por la sencilla razón... de ser el que siempre ocupaba el primer puesto.

Pero la paradoja es que parece que hay una excepción en la aparición del color anaranjado... y es este gobierno. Apenas en su alborada, hemos oido la cantaleta -un día sí... y otro también- de que la tal economía naranja será la salvación, la panacea para todos nuestros males republicanos. Lo chistoso del asunto, lo que mueve a risa o, al menos, motiva una sonrisa sarcástica, casi-casi maquiavélica, es que eso se está quedando en las nubes... como los atardeceres anaranjados.

Puede ser que este señor -que fue el candidato de los que estorbaron durante ocho años todos los actos del anterior gobierno- esté bien intencionado. Lo que pasa es que (dicen los que tal vez han estado allá) de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. Porque no es suficiente “querer”: es necesario “poder” y eso solamente se logra con experiencia y más en tratándose de la dirección de un país. De lo contrario, se producen bandazos... como los que estamos viendo desde hace cuatro meses y cuyos desastrosos resultados ya se reflejan en todas las encuestas de opinión.

Es bien deficiente su balance al final de la legislatura: no se aprobaron la mayoría de los proyectos que presentó al congreso (como la reforma a la justicia); otros fueron archivados para ver si, “empronto”, reviven el año entrante; y los que pasaron -reforma tributaria y el de anticorrupción- exhiben una peluqueada que los hace irreconocibles, como unas caricaturas de lo que se quiso... y no se pudo.

En resumidas cuentas: la orquesta está, no solo desafinada, sino mal conducida. El director no tiene ni idea de eso, no le acierta a ninguna nota. Ni fu, ni fa. Y como colombiano, no se crea que me regocijo. Simplemente, ejerzo mi derecho a decir lo que pienso, que es el resultado de lo que observo diariamente. Qué pesar de Colombia con este tipo: cada día todos esperamos la siguiente payasada, la descrestada del día, como las de aquel condiscípulo mío del que hablé en anterior artículo y que se creía bajado de la nalga de apolo o la última cocacola del desierto, pero que -cuando lo apretaban-, salía con un ridículo chorro de babas.

Nubes anaranjadas en un amanecer parecen augurios malignos, que hacen presagiar borrascas oscuras, muy negras, al cabo de la jornada. Ojalá no sea así: Colombia no merece eso y quisiera que aparezca alguna manera de arreglar las cargas en el camino, como hacían los arrieros madrugadores cuando arrancaban su jornada. Y creo que ninguno... se quedó ciego de tanto mirar atardeceres, esas nubes anaranjadas que cantaron los poetas: es que estaban muy ocupados haciendo las cuentas del esfuerzo de cada día.

Coletilla 1: Esta página web está dando ejemplo en la información imparcial de lo que sucede en los 18 municipios de nuestra futura Provincia Quimbaya-Robledo y, también, en los demás del Eje Cafetero. Aquí aparecen las noticias que nos interesan a todos los habitantes del centro-occidente colombiano, unidos por la geografía, la historia y las relaciones socio-económicas. Resalta por eso mismo la indiferencia de los otros medios de comunicación -periódicos, emisoras radiales y el canal de televisión- ante lo que sucede en este lado del río “De la Vieja”: parece que para ellos no existiéramos. Claro que la pésima, casi nula señal en AM de las emisoras básicas que las cadenas radiales con cubrimiento nacional tienen en esos municipios vecinos y la muy regular de Tele-Café que en Cartago se recepcionan, están logrando... que con ellos nos pase lo mismo. Grave.

Coletilla 2: Duele lo sucedido en el municipio El Cairo, en donde varias casas con toda la belleza de la arquitectura de la colonización antioqueña fueron destruidas por un incendio. No nací ni me crié allá, pero todos mis afectos recuerdan que los hermanos mayores de mi papá -Juan Agustín y Luis Alfonso García Arcila- estuvieron entre sus cofundadores, hace ya 100 años, como lo celebra la placa exhibida en su parque central. Y que mi abuelo materno, el paisa Eladio Jaime Vélez Upegui, fue el colonizador de buena parte de su geografía: todo lo que hoy es el próspero corregimiento “Salmelia”, fue la herencia que les dejó a sus hijos e hijas. De manera que el García y el Vélez me unen, entrañablemente, a El Cairo y me interesa el bienestar de sus habitantes. Estoy seguro de que esa misma berraquera de los atrevidos que lo fundaron y entregaron para la civilización toda esa parte de la cordillera occidental... será empleada en su reconstrucción. Y creo que ya hay la suficiente sensibilidad ancestral como para impedir que algún aparecido se invente un pastiche, al estilo “guatavita-lanueva”, tal cual el edificio de cemento que queda al lado de lo que se quemó.

Coletilla 3: El presidente de España también está dando bandazos. Parece que es la moda. Porque eso de sesionar en Cataluña no es descentralización, no pasa de ser una visita larga. Como la que se inventó, años ha, un gobernador del Valle del Cauca, cuando estuvo una semana en Cartago despachando sus asuntos oficiales. La descentralización conlleva, necesariamente, transferencia de funciones y de recursos para cumplirlas. Lo demás es paja... y de la mala. Para descrestar calentanos.

Gustavo García Vélez | CiudadRegión

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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